La jubilación anticipada y la Renta Mínima en un mundo automático.

 Marc Vidal es inversor tecnológico, consultor en transformación y estrategia digital, analista en Nueva Economía, profesor en escuelas de negocio, colaborador en diversos medios, escritor y un solicitado conferenciante internacional.

Me preguntaban durante una conferencia sobre ‘el mundo que viene’, acerca de cómo veía yo mi propia jubilación y si consideraba que los que ahora tienen cerca de cuarenta tendrían ese tipo de pensión. La verdad es que en primer lugar debemos tener en cuenta que es y cómo se obtiene esa prestación y, sobretodo, a que podría responder en un futuro en el que la pirámide generacional se invierta definitivamente.

Las pensiones por jubilación no son un cobro que se recibe en base a la cotización a lo largo de una vida. Nadie paga durante su vida laboral una cantidad que se guarda en algún lugar a fin de que en el futuro se le compense con ello. No, nuestro modelo es de tipo solidario. Lo que pagas en ese concepto no es para ti, se destina a quienes en ese momento está jubilado y cuando tu lo estés dependerás de los que trabajen en ese momento. Por otro lado la jubilación no es más que un complemento. No se crearon para compensar totalmente la falta de ingresos en una determinada edad sino que se planteó en su día como una ayuda a la disposición económica de cada uno. Además, por si fuera poco, se crearon cuando la esperanza de vida era inferior a la edad de jubilación propia.

A quienes me preguntaron les respondí que no se preocupen por su pensión. Todos tendremos pero tal vez no se estructurará como ahora lo conocemos. En apenas dos décadas el mundo que ahora conocemos será prácticamente irreconocible. La automatización del modelo productivo y la incorporación de la robótica y la inteligencia artificial barrerá la jornada laboral de millones de personas. No digo que la vaya a eliminar, digo que la modificará irremediablemente. Menos horas haciendo lo que ahora consideramos ‘empleo’ y más tiempo haciendo cosas que ahora no consideramos ‘trabajo’.

Sueldos, servicios y prestaciones se irán difuminando. Tengo claro que la jubilación que a mi me toque vivir tendrá más condicionantes ‘en especies’ que en ‘cash’. La sociedad del bienestar se irá estructurando para ofrecer eso, bienestar. Dependerá de cómo se marque la hoja de ruta y de que la política abandone su maniqueísmo sobre la definición de que una Renta Mínima Universal sea de derechas o de izquierdas. Decisiones políticas como la que hoy mismo publican algunos medios sobre una hipotética Renta Mínima no ayudan mucho. La condición indispensable para que un país como España logre sufragar los casi 200.000 millones de euros que costaría una prestación como esa no saldrán de un crecimiento vinculado a los sectores de siempre y con los modelos de siempre. Lo intensivo de nuestro sistema económico es un problema grave.

Los países que tienen modelos híbridos, sucedáneos de rentas similares en prácticas piloto, parten de un cambio absoluto del concepto de ese contrato social llamado ‘trabajo’ y de cómo a cada impuesto creado hay un servicio eficiente. No se puede plantear un incremento de impuestos como única solución a esa prestación. Es suicida. Es compatible la reducción de impuestos y el incremento de ingresos. Eso ya ha sucedido en decenas de casos alrededor del mundo. Sin embargo ni es fácil ni rápido.

El ejemplo de que no hay trabajo para todos, ni lo habrá, y que muchas personas quedarán expulsadas de un cambio histórico en materia productiva, es que las jubilaciones se van antici
pando inexorablemente. En España, el 45% de los jubilados del años pasado salieron del mercado laboral antes de la edad que tocaba. Nunca antes había pasado eso. Ya se puede imponer que la edad de jubilación sea otra, 67, 70 o 110, que la lógica pesa tanto que es plomo puro.

Técnicamente, la pensión por jubilación es un ejemplo de Renta Mínima. Se cobra independientemente de lo que hagas y de aspectos personales. Se cobra y ya está. No depende de nada más que de los presupuestos generales y se afecta en base a la disposición del país en ese momento y no de lo que has cotizado en la vida anterior. Eso es, a la práctica, una especie de renta mínima. Por eso, si atendemos a la tendencia, en lugar de esperar esa ‘paga’ cada vez más tarde, lo que sucederá será lo contrario. La recibiremos antes y cada vez en mayor dimensión si se hacen las cosas bien.

Eso debería de ser la lógica de un mundo que logrará producir lo mismo o más sin la necesidad de tanto trabajador. Un mundo eficiente y, por desgracia, dependiente a la vez. Economía circular procurando compartir recursos y bienes a la vez que los servicios se van transformando en derechos fundamentales. No digo que lo prefiera, digo que el mundo se dirige inexorable a un escenario similar a eso.

Y ahí surge el gran problema. De momento, que se sepa, lo único que se tiene preparado es un recorte de la prestación de manera periódica. En ningún caso se está previendo el motivo por el que cada vez hay más jubilados derivados del paro de larga duración. Se adelanta la jubilación debido a que es mejor una mala pensión que perder definitivamente la ayuda por desempleo. Un drama.

Nadie ha diseñado una hoja de ruta para enfrentarse a esto. Un problema bíblico que se nos viene encima. Sin, de verdad, estimular un modelo productivo no dependiente de sectores intensivos y que se vincule definitivamente al valor añadido nos vamos a hostiar de manera importante. No se trata de ofrecer discursos sobre el crecimiento y enorgullecerse de que el desempleo cae. Eso está bien inicialmente pero lo trascendente sería ver que ese crecimiento es comparativo con años muy malos y que, además, no se genera a partir de un modelo de crecimiento nutritivo y de garantías de futuro.

La renta mínima llegará pero como todo en esta vida va a haber rentas y rentas. En unos países se planteará como capacidad de consumo a una población sin ingresos pero en un entorno económico eficiente, competitivo, automatizado y de valor añadido donde los que sí trabajen sean realmente trabajadores necesarios. En otros países, por desgracia, sin una estrategia política clara y sin demagogia lírica, el debate se centra en subvencionar indiscriminadamente sin, para ello, modificar un sistema económico que se aguanta con sectores que en el futuro tendrán serios problemas para generar empleo de alto valor.

La Renta Mínima Universal llegará pero dependiendo de cómo se llegue a ella y de cómo se plantee en el proceso de hacerla sostenible en la próxima década, puede convertirse en una garantía de bienestar en un mundo cada vez menos laboral y más automatizado o, por el contrario, puede devenir una especie de jaula de voluntades y libertades. Seguramente, en el como se genere y estructure su fabricación, ahí estará la diferencia entre una Renta Mínina de derechas o de izquierdas.

Un comentario

  1. Con amigos como el Sr. Vidal ¿quién necesita enemigos?

    1) “Nadie paga durante su vida laboral una cantidad que se guarda en algún lugar a fin de que en el futuro se le compense con ello.” Cierto.

    Lo que pagas en ese concepto no es para ti, se destina a quienes en ese momento está jubilado y cuando tu lo estés dependerás de los que trabajen en ese momento.” Falso por confundir el qué (derecho) con el cómo (herramienta).

    Hay que distinguir entre el qué y el cómo. El qué: lo que se cobra por jubilación es la forma como la sociedad retribuye a una parte de la misma porque se considera que tienen el derecho (o el deber, no entraremos a discutir, sólo a decir que de forma muy mayoritaria se entiende como derecho) a vivir con cierta dignidad sin trabajar. O sea: a consumir parte de lo que el resto de la sociedad produce.

    El cómo: a los jubilados se les da una renta para que, disponiendo de ella, consuman esa parte del PIB producido por la sociedad.

    Este “cómo” es, a su vez, un “qué” (¿qué se les da a los jubilados? una renta dineraria ¿cómo se les da?). Ahora y aquí el “cómo” es éste: se detrae una cantidad del salario (detracción llamada cotización) y con ella se abonan las pensiones.

    Conclusiones: Es el “cómo” y no el “qué” lo que hace que parezca (reitero y hago hincapié en “parezca“) que las pensiones dependen “de los que trabajen en cada momento”. Y es esa confusión (a todas luces criminalmente deliberada, y en los que no es deliberada -y esto va por muchos sectores de la izquierda y del sindicalismo- aún es peor: es meterse un gol en propia portería) la que lleva a tantos a clamar que las pensiones están en peligro porque cada vez se necesita menos trabajo asalariado o esté cobra menos y de forma más precaria. Falso. Si pensamos en el “qué” son las pensiones (el derecho por parte de un sector de la sociedad a consumir parte del PIB producido por la sociedad), veremos que no dependen ni del número de trabajadores asalariados ni de sus rentas, sino que, dicho sea con todas las cautelas necesarias, depende del PIB.

    Dado que es posible pensar que las cotizaciones, que forman parte de la masa salarial, se conviertan en impuestos y, en consonancia, las jubilaciones (y otros servicios dependientes de las cotizaciones) se nutran de los presupuestos generales, lo incierto de la afirmación de Marc Vidal, así como la criminal confusión de los que gritan que las pensiones son insostenibles, queda patente: confunden interesadamente el qué (derecho) con el cómo (herramienta). Si una herramienta no sirve, la solución no es quitar el derecho, es cambiar la herramienta.

    El cambio, de hecho, se está empezando a plantear: aunque el PP lo ha descartado, ya se ha puesto encima de la mesa sacar las pensiones de viudedad del sistema contributivo de la Seguridad Social. El enfoque, con todo, puede ser peligroso si profundizar en ese cambio significa que a medio plazo se pierda masa salarial.

    Pero el propio autor cae en contradicción, posiblemente de forma inconsciente y a su pesar, cuando más adelante dice que “Eso [la pensión por jubilación a cargo de los presupuestos generales, a la práctica, una especie de renta mínima] debería de ser la lógica de un mundo que logrará producir lo mismo o más sin la necesidad de tanto trabajador.

    Resumiendo: miedo nos debería provocar, o cuanto menos una mirada crítica y escéptica, el discurso de quien basa exclusivamente en las rentas del trabajo, y no el excedente producido, la capacidad de una política fiscal que nos empodere ante los peligros de, según sus propias palabras, “la competencia contra lo robótico, [donde] los humanos tenemos todas las de perder.” (http://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/opinion-ecoonomia/la-renta-minima-universal-no-es-ni-de-derechas-ni-de_64166_102.html)

    2) “No se puede plantear un incremento de impuestos como única solución a esa prestación. Es suicida. Es compatible la reducción de impuestos y el incremento de ingresos. Eso ya ha sucedido en decenas de casos alrededor del mundo.

    Pongamos lo anterior en contexto de otras afirmaciones del sr. Vidal:

    Ya lo decía la maldita curva de Laffer […] Bajar impuestos no es pecado. Es una opción legítima. […] Hablo desde la observación de alguien que paga impuestos en varios países y que tiene claro que darse cuenta tarde de los perjudiciales efectos de políticas de tributación alta generan, pero también de lo beneficioso que es para estimular cambios económicos la reducción de esa presión fiscal. Es preciso y urgente actuar en ese sentido o se agotará la posible herramienta que nos conecta con el futuro. Si seguimos exprimiendo esa naranja no va a dar ni gota en breve, justo ahora que empezábamos a tener claro de que va todo esto.” (https://www.marcvidal.net/blog/2013/12/bajar-impuestos-crear-empresas.html)

    Cada vez hay más pobres con trabajo. Esa tendencia no se reduce ni tiene pinta de que se vaya a reducir. Las informaciones que llegan del futuro son que estamos abocados a un mundo sin empleo, o mejor dicho, a un empleo distinto a tal y como lo conocemos ahora. Los salarios son miserables y eso no va a cambiar.

    ¿Reagan? ¿Thatcher? ¿Trump? ¿Zapatero y su “bajar los impuestos es de izquierdas” (http://elpais.com/diario/2003/05/16/portada/1053036106_850215.html)?

    Más miedo, o por lo menos, más escepticismo y mirada crítica, ante el discurso del sr. Vidal.

    3)”…dependiendo de cómo se llegue a ella y de cómo se plantee en el proceso de hacerla sostenible en la próxima década, [la RBU] puede convertirse en una garantía de bienestar en un mundo cada vez menos laboral y más automatizado o, por el contrario, puede devenir una especie de jaula de voluntades y libertades. Seguramente, en el como se genere y estructure su fabricación, ahí estará la diferencia entre una Renta Mínina de derechas o de izquierdas.

    El orden de la frases no parece ni casual ni insignificante: la derecha garantiza el bienestar, mientras que la izquierda provoca encarcela la libertad.

    Más contexto. El sr Vidal confunde la RBU (que llama “Salario Mínimo Universal“, con el peligro semántico que conlleva relacionar “salario” con “trabajo”, máxime con el adjetivo “mínimo”) con la privatización de servicios propuesta por Milton Friedman en base a devolver dinero a los contribuyentes (sólo a los contribuyentes): “La cuestión es que el Salario Mínimo Universal responde a una terminología pero deriva de un concepto existente. En 1962 un liberal (¡si un liberal!) propuso el ‘impuesto negativo sobre la renta’ que otorgaba una subvención a los contribuyentes que no llegaran al mínimo exigible.

    Y se reafirma con lo de una RBU “buena” de derechas y una “mala” de izquierdas: “Va a suceder y cuando suceda deberemos haber establecido nuevas reglas. Un salario mínimo universal como modelo empresarial independiente para evolucionar. Un salario mínimo universal genera dependencia del Estado para evitar catástrofes. Como ves, derecha e izquierda tienen un escenario de encuentro por dos razones distintas.” (http://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/opinion-ecoonomia/la-renta-minima-universal-no-es-ni-de-derechas-ni-de_64166_102.html)

    Ya está todo dicho: una RBU/SMU que promueva los autónomos (falsos) y emprendedores (desclasados y desregulados), sí; una RBU/SMU que empodere a la ciudadanía ante el capital, va a ser que no, que eso es una jaula de voluntades dependientes.

    Lo dicho, con amigos como éste ¿quién necesita enemigos?

    Rafa Granero Chulbi.

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