Finanzas en el Antropoceno

Si queremos luchar por un futuro respetuoso con los límites ecológicos tendremos que pensar en las herramientas que actualmente se usan para calcular y gestionar los riesgos y en cómo deben cambiar

 

NICK TAYLOR. CUSP 9/1/18

El riesgo es la manera predominante de gobernar y representar el futuro de nuestra sociedad con la pretensión de dominar la incertidumbre. Este es el caso no solo de las crisis financieras, sino también de nuestras respuestas a las crisis ambientales mundiales. El enfoque de la gestión de riesgos predominante se centra en la perspectiva de la devaluación financiera y la inestabilidad inducida por el cambio climático. Según Nick Taylor, tan importante como este enfoque, son los tipos de cálculo que, en última instancia, son más apremiantes si considerásemos al sistema financiero como un régimen ecológico en sí mismo. (Publicación original en web de IPPR).

¿Qué significan para usted el riesgo y la incertidumbre? El riesgo es la manera predominante de gobernar y representar el futuro de nuestra sociedad con la pretensión de dominar la incertidumbre. En la era del Antropoceno, debemos prestar atención, debatir abiertamente y cuestionar cómo se calculan los futuros alternativos como riesgos. Para los científicos del clima, el desacuerdo sobre la incertidumbre de una próxima “apocalipsis de hielo” implica una diferencia entre adaptar a las comunidades costeras en riesgo de inundación a un coste indudablemente alto, y un escenario en el que las ciudades a lo largo de las costas se perderán rápidamente por el aumento del nivel del mar, a pesar de nuestros mejores esfuerzos.

Si queremos luchar por un futuro respetuoso con los límites ecológicos, tendremos que pensar en las herramientas que actualmente se usan para calcular y gestionar los riesgos, y en cómo deben cambiar.

Entre las profesiones de la industria de servicios financieros, la comprensión del riesgo y la incertidumbre, y la forma en que se configuran, tienen profundas repercusiones. Este es el caso no solo de las crisis financieras, como hemos visto en la última década, sino también de nuestras respuestas a las crisis ambientales mundiales. Los profesionales de las finanzas influyen sobre dónde se invierte y no se invierte el capital, estructurando nuestra capacidad para frenar el calentamiento creciente del planeta, y la adaptación y gestión de los riesgos ambientales que tendremos que asumir en las próximas décadas. La inversión está profundamente imbricada en nuestra ecología global y refleja las expectativas de futuro que tienen los poderosos de la economía global; como argumenta Jason Moore, “Wall Street es una forma de organizar la naturaleza”.

Se estima que para el año 2030, se necesitarán $ 90 billones de inversión a nivel mundial en infraestructuras para un futuro bajo en carbono. También se deberá realizar una gran desinversión de las compañías de combustibles fósiles si se quieren alcanzar los presupuestos de carbono. En consecuencia, los reguladores y los actores influyentes en las finanzas están haciendo hincapié en cómo el cambio climático, y nuestra respuesta a él, afectarán a la estabilidad financiera: desde la fragilidad del sector de seguros frente a los desastres naturales cada vez más devastadores, hasta el impacto que la devaluación de los activos en la economía del carbono debido a cambios tecnológicos o legislativos, tendrá en los inversores institucionales, tales como los fondos de pensiones (y lo que es más importante, sus miembros, que dependen de ellos para obtener un ingreso de jubilación). Según la lógica, solo enmarcando las amenazas al medio ambiente como amenazas materiales, se aceptarán los riesgos financieros como importantes. [I]

Dentro del Centro para la Comprensión de la Prosperidad Sostenible (CUSP), estamos comprometidos en un trabajo que explora las muchas implicaciones de la transición hacia un futuro bajo en carbono, desde cuestiones de inestabilidad financiera hasta la comprensión moral de los diversos actores implicados. En mi propia investigación para CUSP, he estado explorando cómo las concepciones de riesgo y valor entre los analistas de riesgos pueden relacionarse con la forma en que estos ven las responsabilidades de su profesión frente a los desafíos del futuro a largo plazo, como el cambio climático. Los analistas de riesgos trabajan en todos los sectores de seguros y pensiones, además de muchos otros sectores, administrando la riqueza y el riesgo en el futuro. Pueden ejercer una influencia significativa sobre la asignación de inversiones en su función de asesores y consultores de inversores institucionales.

¿ A qué problemas se enfrenta un analista de riesgos con conciencia ambiental en el sector de la inversión? ¿Cómo podrían asumir el desafío de dirigir la inversión hacia la infraestructura de bajo carbono? Nos encontramos con tres obstáculos prominentes. En primer lugar, la gran mayoría de las inversiones de los fondos de pensiones se destina a los mercados secundarios: solo el 4% se invierte directamente en la economía y solo el 1% en infraestructura. [Ii] Para las compañías de seguros, que representan algunos de los mayores propietarios activos a nivel mundial, la inversión en infraestructuras constituye el 2% de sus activos administrados. Simplemente obtener más inversión, sin hablar de inversión “ecológica” o “sostenible”, es un desafío. Cuando la mayor parte del capital se invierte alejada de la economía real, y simplemente persigue un nivel establecido de riesgo ajustado al rendimiento a corto plazo, se levanta un “artificio de indiferencia” entre los inversores y sus inversiones. [Iii]

El siguiente paso, y ligado al primer punto, son los supuestos sobre el riesgo. El enfoque dominante para modelar las carteras de inversión ignora los riesgos sistémicos, incluido el riesgo de que los “activos varados” estén expuestos a posibles devaluaciones. Los modelos adoptados de la economía financiera actualmente asumen que toda la información importante ya tiene un precio que representa la mejor representación de los riesgos y los rendimientos de una estrategia de inversión. Los analistas financieros generalmente usan modelos de riesgo y valoración que tienen un horizonte de 3-5 años y los consultores de inversión (que pueden o no ser analistas de riesgos por formación ) están incentivados para operar de manera similar a corto plazo. [Iv] En este sentido, se entiende que el cambio climático se encuentra en una zona de profunda incertidumbre, donde los riesgos se consideran imposibles de medir o gestionar.

[v] Finalmente, y con menor frecuencia debatida abiertamente en foros de inversión responsable, se encuentra la cuestión del poder y la concentración en el sector financiero. El enfoque existente para gestionar el riesgo climático en el Reino Unido se basa en la divulgación voluntaria del riesgo. De hecho, un nuevo grupo de trabajo sobre información financiera relacionada con el clima (TCFD, por sus siglas en inglés) dedicado a este fin y respaldado por los bancos centrales de todo el mundo, está promoviendo las conversaciones sobre el cambio climático. Sin embargo, los grandes gestores de inversiones continúan bloqueando la divulgación. Los principales fondos de pensiones y los bancos siguen invirtiendo en combustibles fósiles y las aseguradoras continúan invirtiendo en ellos y asegurándolos. Cuando estos actores tienen el poder de ignorar los riesgos o disminuir la presión para la transformación, ya sea en forma de información o de esfuerzos para incluir consideraciones ambientales en el deber fiduciario, significa que van a seguir en la senda de siempre (business-as-usual ).

[Vi] hay pocas evidencias que sugieran que sin una legislación más firme tales acciones se detendrán a tiempo para cumplir con los límites del presupuesto de carbono.

¿Cómo vamos a ir hacia un sistema financiero que realmente esté alineado con la salud futura del planeta? Este es un desafío formidable para el cual no hay soluciones directas. Sin embargo, hay iniciativas que trabajan para este fin. Encontramos tres áreas de acción en marcha a considerar.

Existe la necesidad de cuestionar los modelos, y los conocimientos generales sobre riesgo y valor que se usan actualmente. Lejos de una perspectiva conservadora de futuro, la perspectiva actuarial podría empujarnos a concentrarnos en los ‘riesgos finales’ que incluyen los peores escenarios de la catástrofe climática y la pérdida de biodiversidad. [Vii] En consecuencia, el coste de los riesgos que valdría la pena evitar sería mucho mayor de lo que actualmente se acepta. Hay una serie de iniciativas que buscan examinar y revisar las carteras de inversión contrarios a escenarios tales como los objetivos climáticos de no superar los 2 ° C (por inadecuado que sea este objetivo). [Viii] Es poco probable que tales esfuerzos internalicen con éxito las externalidades ambientales e impulsen a valorar el capital con un deseado “coste verdadero” para tales escenarios, pero, es vital cuestionar y analizar de manera consistente las inversiones contrarias a las visiones avanzadas que defienden los valores de una transición justa y sostenible hacia una economía baja en carbono.

La simple publicación de la información no es suficiente cuando los poderosos actores del mercado no harán lo mismo. Leyes y legislaciones más estrictas garantizarían más acciones para evitar un cambio climático catastrófico y alentar una inversión baja en carbono. Al mismo tiempo que se estaba adoptando el Acuerdo de París en 2015, el gobierno francés introdujo el artículo 173 sobre transición energética y crecimiento verde que exige la divulgación de los riesgos financieros relacionados con el clima para los inversores y las empresas que cotizan en bolsa y que debería ser considerado en el contexto del Reino Unido, en lugar de ser descartado como un entusiasmo regulatorio galo. Además, la ley todavía otorga una gran flexibilidad a los actores financieros y, en última instancia, solo exige informes de riesgos, no acciones.

Por supuesto, existe un gran potencial para que el estado tome la iniciativa de financiar él mismo la inversión verde, ya sea a través de innovadoras políticas fiscales o monetarias verdes. Política, pero el cese en la inversión actual en combustibles fósiles y otras áreas ecológicamente destructivas, así como la necesidad de dirigir el capital privado hacia infraestructuras de baja emisión de carbono van a permanecer. La divulgación obligatoria podría proporcionar una base necesaria, pero no suficiente, para impulsar nuevas medidas a este aspecto. Otras estrategias que tendrían un efecto material en los costes y en las percepciones de riesgo están disponibles. Por ejemplo, los subsidios públicos a los combustibles fósiles – que en algunos casos solo sirven para asegurar la rentabilidad de la industria- pueden eliminarse gradualmente.

Por último, serán esenciales los retos democràticos més amplios para que la financiación privada alcance una visión de futuro equitativa y sostenible. Las campañas que cuestionan las ganancias obtenidas a través de actividades que redistribuyen los riesgos a las áreas ambientalmente más vulnerables son esenciales. Tenemos la necesidad de plantearnos cómo estas campañas pueden acelerar elproceso. Las aseguradoras ya están alerta sobre el potencial de los riesgos de responsabilidad, donde pueden ser financieramente responsables por asegurar empresas ecológicamente destructivas. Si tales actividades no están aseguradas, por supuesto, siguen siendo en gran medida inviables, un hecho que no pasa desapercibido por los activistas. Muchos también estarán atentos a casos como el del agricultor peruano, Saul Luciano Lliuya, que está demandando a la compañía energética alemana RWE en un tribunal alemán, por daños climáticos a su ciudad natal de Huaraz. La justicia climática se está combatiendo en muchos frentes.

En la actualidad, el enfoque dominante de la gestión de riesgos se centra

es la perspectiva de la devaluación financiera y la inestabilidad inducida por el cambio climático. A pesar de su importancia, los tipos de cálculos que en última instancia son más apremiantes se relacionan con la forma en que podríamos considerar al sistema financiero como un régimen ecológico en sí mismo. Una política de cálculo que impugna este régimen -sus concepciones y su gestión del riesgo- puede recurrir a las voces de aquellos que ya se encuentran al límite del riesgo y al trabajo anticipatorio de la ciencia del clima para volverse mucho más asertivos en sus demandas.

https://www.cusp.ac.uk/blog/nt_finance-anthropocene/

Finanzas en el Antropoceno

por NICK TAYLOR

El riesgo es la manera predominante de gobernar y representar el futuro de nuestra sociedad con la pretensión de dominar la incertidumbre. Este es el caso no solo de las crisis financieras, sino también de nuestras respuestas a las crisis ambientales mundiales. El enfoque de la gestión de riesgos dominante se centra en la perspectiva de la devaluación financiera y la inestabilidad inducida por el cambio climático. Según Nick Taylor, tan importante como este enfoque, son los tipos de cálculo que, en última instancia, son más apremiantes si considerásemos al sistema financiero como un régimen ecológico en sí mismo. (Este blog apareció por primera vez en el sitio web de IPPR).

CC.0 :: Sebastien Gabriel / Unsplash.com

¿Qué significan para ti el riesgo y la incertidumbre? El riesgo es la manera predominante de gobernar y representar el futuro de nuestra sociedad con la pretensión de dominar la incertidumbre. En la era del Antropoceno, debemos prestar atención, debatir abiertamente y cuestionar cómo se calculan los futuros alternativos como riesgos. Para los científicos del clima, el desacuerdo sobre la incertidumbre de una próxima “apocalipsis de hielo” implica una diferencia entre adaptar a las comunidades costeras en riesgo de inundación a un coste indudablemente alto, y un escenario en el que las ciudades a lo largo de las costas se perderán rápidamente por el aumento del nivel del mar, a pesar de nuestros mejores esfuerzos.

Si queremos luchar por un futuro respetuoso con los límites ecológicos, tendremos que pensar en las herramientas que actualmente se usan para calcular y gestionar los riesgos, y en cómo deben cambiar.

Entre las profesiones de la industria de servicios financieros, la comprensión del riesgo y la incertidumbre, y la forma en que se configuran, tienen profundas repercusiones. Este es el caso no solo de las crisis financieras, como hemos visto en la última década, sino también de nuestras respuestas a las crisis ambientales mundiales. Los profesionales de las finanzas influyen sobre dónde se invierte y no se invierte el capital, estructurando nuestra capacidad para frenar el calentamiento creciente del planeta, y la adaptación y gestión de los riesgos ambientales que tendremos que asumir en las próximas décadas. La inversión está profundamente imbricada en nuestra ecología global y refleja las expectativas de futuro que tienen los poderosos de la economía global; como argumenta Jason Moore, “Wall Street es una forma de organizar la naturaleza”.

Se estima que para el año 2030, se necesitarán $ 90 billones de inversión a nivel mundial en infraestructuras para un futuro bajo en carbono. También se deberá realizar una gran desinversión de las compañías de combustibles fósiles si se quieren alcanzar los presupuestos de carbono. En consecuencia, los reguladores y los actores influyentes en las finanzas están haciendo hincapié en cómo el cambio climático, y nuestra respuesta a él, afectarán a la estabilidad financiera: desde la fragilidad del sector de seguros frente a los desastres naturales cada vez más devastadores, hasta el impacto que la devaluación de los activos en la economía del carbono debido a cambios tecnológicos o legislativos, tendrá en los inversores institucionales, tales como los fondos de pensiones (y lo que es más importante, sus miembros, que dependen de ellos para obtener un ingreso de jubilación). Según la lógica, solo enmarcando las amenazas al medio ambiente como amenazas materiales, se aceptarán los riesgos financieros como importantes. [I]

Dentro del Centro para la Comprensión de la Prosperidad Sostenible (CUSP), estamos comprometidos en un trabajo que explora las muchas implicaciones de la transición hacia un futuro bajo en carbono, desde cuestiones de inestabilidad financiera hasta la comprensión moral de los diversos actores implicados. En mi propia investigación para CUSP, he estado explorando cómo las concepciones de riesgo y valor entre los analistas de riesgos pueden relacionarse con la forma en que estos ven las responsabilidades de su profesión frente a los desafíos del futuro a largo plazo, como el cambio climático. Los analistas de riesgos trabajan en todos los sectores de seguros y pensiones, además de muchos otros sectores, administrando la riqueza y el riesgo en el futuro. Pueden ejercer una influencia significativa sobre la asignación de inversiones en su función de asesores y consultores de inversores institucionales.

¿ A qué problemas se enfrenta un analista de riesgos con conciencia ambiental en el sector de la inversión? ¿Cómo podrían asumir el desafío de dirigir la inversión hacia la infraestructura de bajo carbono? Nos encontramos con tres obstáculos prominentes. En primer lugar, la gran mayoría de las inversiones de los fondos de pensiones se destina a los mercados secundarios: solo el 4% se invierte directamente en la economía y solo el 1% en infraestructura. [Ii] Para las compañías de seguros, que representan algunos de los mayores propietarios activos a nivel mundial, la inversión en infraestructuras constituye el 2% de sus activos administrados. Simplemente obtener más inversión, sin hablar de inversión “ecológica” o “sostenible”, es un desafío. Cuando la mayor parte del capital se invierte alejada de la economía real, y simplemente persigue un nivel establecido de riesgo ajustado al rendimiento a corto plazo, se levanta un “artificio de indiferencia” entre los inversores y sus inversiones. [Iii]

El siguiente paso, y ligado al primer punto, son los supuestos sobre el riesgo. El enfoque dominante para modelar las carteras de inversión ignora los riesgos sistémicos, incluido el riesgo de que los “activos varados” estén expuestos a posibles devaluaciones. Los modelos adoptados de la economía financiera actualmente asumen que toda la información importante ya tiene un precio que representa la mejor representación de los riesgos y los rendimientos de una estrategia de inversión. Los analistas financieros generalmente usan modelos de riesgo y valoración que tienen un horizonte de 3-5 años y los consultores de inversión (que pueden o no ser analistas de riesgos por formación ) están incentivados para operar de manera similar a corto plazo. [Iv] En este sentido, se entiende que el cambio climático se encuentra en una zona de profunda incertidumbre, donde los riesgos se consideran imposibles de medir o gestionar.

[v] Finalmente, y con menor frecuencia debatida abiertamente en foros de inversión responsable, se encuentra la cuestión del poder y la concentración en el sector financiero. El enfoque existente para gestionar el riesgo climático en el Reino Unido se basa en la divulgación voluntaria del riesgo. De hecho, un nuevo grupo de trabajo sobre información financiera relacionada con el clima (TCFD, por sus siglas en inglés) dedicado a este fin y respaldado por los bancos centrales de todo el mundo, está promoviendo las conversaciones sobre el cambio climático. Sin embargo, los grandes gestores de inversiones continúan bloqueando la divulgación. Los principales fondos de pensiones y los bancos siguen invirtiendo en combustibles fósiles y las aseguradoras continúan invirtiendo en ellos y asegurándolos. Cuando estos actores tienen el poder de ignorar los riesgos o disminuir la presión para la transformación, ya sea en forma de información o de esfuerzos para incluir consideraciones ambientales en el deber fiduciario, significa que van a seguir en la senda de siempre (business-as-usual ).

[Vi] hay pocas evidencias que sugieran que sin una legislación más firme tales acciones se detendrán a tiempo para cumplir con los límites del presupuesto de carbono.

¿Cómo vamos a ir hacia un sistema financiero que realmente esté alineado con la salud futura del planeta? Este es un desafío formidable para el cual no hay soluciones directas. Sin embargo, hay iniciativas que trabajan para este fin. Encontramos tres áreas de acción en marcha a considerar.

Existe la necesidad de cuestionar los modelos, y los conocimientos generales sobre riesgo y valor que se usan actualmente. Lejos de una perspectiva conservadora de futuro, la perspectiva actuarial podría empujarnos a concentrarnos en los ‘riesgos finales’ que incluyen los peores escenarios de la catástrofe climática y la pérdida de biodiversidad. [Vii] En consecuencia, el coste de los riesgos que valdría la pena evitar sería mucho mayor de lo que actualmente se acepta. Hay una serie de iniciativas que buscan examinar y revisar las carteras de inversión contrarios a escenarios tales como los objetivos climáticos de no superar los 2 ° C (por inadecuado que sea este objetivo). [Viii] Es poco probable que tales esfuerzos internalicen con éxito las externalidades ambientales e impulsen a valorar el capital con un deseado “coste verdadero” para tales escenarios, pero, es vital cuestionar y analizar de manera consistente las inversiones contrarias a las visiones avanzadas que defienden los valores de una transición justa y sostenible hacia una economía baja en carbono.

La simple publicación de la información no es suficiente cuando los poderosos actores del mercado no harán lo mismo. Leyes y legislaciones más estrictas garantizarían más acciones para evitar un cambio climático catastrófico y alentar una inversión baja en carbono. Al mismo tiempo que se estaba adoptando el Acuerdo de París en 2015, el gobierno francés introdujo el artículo 173 sobre transición energética y crecimiento verde que exige la divulgación de los riesgos financieros relacionados con el clima para los inversores y las empresas que cotizan en bolsa y que debería ser considerado en el contexto del Reino Unido, en lugar de ser descartado como un entusiasmo regulatorio galo. Además, la ley todavía otorga una gran flexibilidad a los actores financieros y, en última instancia, solo exige informes de riesgos, no acciones.

Por supuesto, existe un gran potencial para que el estado tome la iniciativa de financiar él mismo la inversión verde, ya sea a través de innovadoras políticas fiscales o monetarias verdes. Política, pero el cese en la inversión actual en combustibles fósiles y otras áreas ecológicamente destructivas, así como la necesidad de dirigir el capital privado hacia infraestructuras de baja emisión de carbono van a permanecer. La divulgación obligatoria podría proporcionar una base necesaria, pero no suficiente, para impulsar nuevas medidas a este aspecto. Otras estrategias que tendrían un efecto material en los costes y en las percepciones de riesgo están disponibles. Por ejemplo, los subsidios públicos a los combustibles fósiles – que en algunos casos solo sirven para asegurar la rentabilidad de la industria- pueden eliminarse gradualmente.

Por último, serán esenciales los retos democràticos més amplios para que la financiación privada alcance una visión de futuro equitativa y sostenible. Las campañas que cuestionan las ganancias obtenidas a través de actividades que redistribuyen los riesgos a las áreas ambientalmente más vulnerables son esenciales. Tenemos la necesidad de plantearnos cómo estas campañas pueden acelerar elproceso. Las aseguradoras ya están alerta sobre el potencial de los riesgos de responsabilidad, donde pueden ser financieramente responsables por asegurar empresas ecológicamente destructivas. Si tales actividades no están aseguradas, por supuesto, siguen siendo en gran medida inviables, un hecho que no pasa desapercibido por los activistas. Muchos también estarán atentos a casos como el del agricultor peruano, Saul Luciano Lliuya, que está demandando a la compañía energética alemana RWE en un tribunal alemán, por daños climáticos a su ciudad natal de Huaraz. La justicia climática se está combatiendo en muchos frentes.

En la actualidad, el enfoque dominante de la gestión de riesgos se centra

es la perspectiva de la devaluación financiera y la inestabilidad inducida por el cambio climático. A pesar de su importancia, los tipos de cálculos que en última instancia son más apremiantes se relacionan con la forma en que podríamos considerar al sistema financiero como un régimen ecológico en sí mismo. Una política de cálculo que impugna este régimen -sus concepciones y su gestión del riesgo- puede recurrir a las voces de aquellos que ya se encuentran al límite del riesgo y al trabajo anticipatorio de la ciencia del clima para volverse mucho más asertivos en sus demandas.

Traducción Neus Casajuana

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