La modernidad no puede existir sin estos 4 ingredientes. Todos ellos requieren combustibles fósiles

Las economías modernas siempre estarán ligadas a los flujos masivos de materiales para  producir células solares, turbinas eólicas, coches eléctricos y baterías de almacenamiento.

VACLAV SMIL 

Smil es profesor emérito de la Universidad de Manitoba. Es autor de más de cuarenta libros sobre temas como la energía, el cambio medioambiental y poblacional, la producción de alimentos y la nutrición, la innovación técnica, la evaluación de riesgos y las políticas públicas. Su nuevo libro es How the World Really Works

Las sociedades modernas serían imposibles sin la producción a gran escala de muchos materiales fabricados por el ser humano. Podríamos tener una civilización próspera que proporcionara abundantes alimentos, comodidades materiales y acceso a una buena educación y atención sanitaria sin ningún microchip ni ordenador personal: lo tuvimos hasta los años 70, y conseguimos hasta los 90, expandir las economías, expandir las infraestrucuras y conectar el mundo por medio de aviones de pasajeros sin ningún teléfono inteligente ni redes sociales. Pero no podríamos disfrutar de nuestra calidad de vida sin el suministro de muchos materiales necesarios para plasmar la miríada de nuestros inventos.

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Hacia un presupuesto de carbono

La emergencia climática exige reorganizar la economía con medidas de calado, viables e igualitarias, como el reparto de cuotas anual de emisiones entre la población y su incorporación en los precios de bienes y servicios

Susana Martín Belmonte

Cada vez está más claro que no podemos seguir vertiendo CO2 y gases de efecto invernadero en la atmósfera a este ritmo. Nos arriesgamos a traspasar la frontera del aumento de temperatura de más de 1,5 grados sobre la era preindustrial, algo que nos puede llevar a la extinción. La población es consciente de ello. Un estudio reciente revela que el 83% de la ciudadanía en España cree que los efectos de la crisis climática se notarán de forma más grave en los próximos 10 años.La cuestión es cómo interpretamos este dato y qué hacemos al respecto. Tenemos que cambiar la forma de hacer las cosas, pero ¿por dónde empezamos?En este artículo exploramos la posibilidad de tratar el presupuesto de carbono con un enfoque presupuestario. La cantidad de CO2 máxima que la humanidad puede verter en la atmósfera sin sobrepasar el límite de temperatura mencionado es de 400 Gt de CO2 (giga-toneladas de CO2 y gases de efecto invernadero). Sin embargo, vertemos 36 Gt de CO2 al año. Las cuentas se hacen rápidamente, en 10 años, nos habremos pulido el presupuesto de carbono total.

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Gestionar el presupuesto del carbono

Intervención de Susana Martín Belmonte en la V Jornada REVO

El silencio de los corderos

La ganadería es responsable de más contaminación por gases de efecto invernadero que todo el transporte del mundo. Sin embargo, los gobiernos no lo tocarán

George Monbiot

Solo se necesitan dos acciones para evitar un colapso climático catastrófico: dejar los combustibles fósiles en el suelo y dejar de criar animales. Pero, gracias al poder de las dos industrias, ambos objetivos son oficialmente innombrables. Ninguno de ellos ha aparecido en ninguna de las declaraciones de las 26 cumbres climáticas concluidas hasta el momento.

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Superar el Business as Usual

La insensibilidad es total: se siguen haciendo presupuestos que construyen carreteras y estructuras de hormigón, cuando lo que toca es fortalecer la movilidad ferroviaria, poner puntos de carga de coches eléctricos, impulsar la rehabilitación energética de viviendas y las comunidades energéticas, etc.

Joan Vila

Estos días estamos viendo la reunión anual del COP 27 que se celebra en Egipto. Será un fracaso y sólo servirá para debatir las ayudas a los países pobres, que presumiblemente tampoco se realizará. Sólo la COP 21 de 2015 en París dio un paso adelante con acuerdos firmes, pero eso fue posible porque un gran país, Francia, puso toda su maquinaria diplomática a trabajar: durante un año la ministra de Asuntos Exteriores Ségolène Royal visitó un montón de países buscando el acuerdo.

Nos encontramos ante una barrera del Business As Usual, la economía convencional, que no se deja cambiar. Nadie quiere prescindir de nada de lo que tiene: ninguna renuncia de bienestar, ningún freno al impulso de compra, ninguna renuncia de paisaje… todo el mundo quiere continuar como si nada pasara. El problema es que sí está ocurriendo, el cambio climático, y a mucha velocidad.

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