Vivienda compartida

 

El ‘cohabitatge’, un modelo social y de satisfacción residencial

Esta experiencia está llamada a cambiar el concepto tradicional de vivienda, a mejorar las relaciones residenciales y a contribuir a la vida de barrio

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Artur Fornés

Abogado y secretario de la Mesa de Vivienda Cooperativa del Ayuntamiento de Barcelona.

Se acaba de licitar el primer concurso de suelo municipal para cooperativas de cohabitación. Se trata de uno de los ejes del Plan Municipal del Derecho a la Vivienda de Barcelona para dotar de vivienda asequible a la ciudad. El plan formula una apuesta decidida para construir vivienda pública. Se trata de facilitar en los próximos diez años unas 18.000. La mayoría en régimen de alquiler, pero una parte significativa para iniciativas cooperativas en derecho de superficie y en cohabitación. Exactamente 533 pisos en esta última modalidad colaborativa. Esta claro sin embargo que la iniciativa principal para atender la emergencia habitacional que nos ha dejado la crisis económica, para dotar un servicio público en materia de vivienda,  recae en la de alquiler asequible y estable.

El programa de ‘cohabitatge’ debe ponerse en especial valor pues a pesar de ser el más reducido de las iniciativas del plan intenta posibilitar iniciativas residenciales de carácter transformador. El primer lugar hay que aclarar que se trata de viviendas diseñadas y ejecutadas por las cooperativas de vivienda. Detengámonos en este aspecto. Los cooperativistas participarán desde un primer momento en el diseño del desarrollo residencial convertidos en protagonistas, responsabilizándose no solo de su vivienda sino del conjunto. Por supuesto, al tratarse de vivienda social la titularidad del uso quedará compartida entre los socios (sobre su piso), la cooperativa (sobre todo el edificio) durante 75 años, reservándose el ayuntamiento la titularidad del suelo.

MOVILIDAD RESIDENCIAL

Por mandato de la ley de cooperativas se construirán a coste, y su transmisión posterior también, evitándose flujos especulativos. Se trata de una modalidad, por tanto, que posibilita la movilidad residencial ya que no será el cooperativista quien asumirá la titularidad de la hipoteca o la financiación, sino la cooperativa. Por ello se dice que el ‘cohabitatge’ es una modalidad de posesión a medio camino entre la propiedad y el alquiler. Deberán ser viviendas acogidas al régimen de protección oficial, por lo tanto, sus socios deberán tener ingresos tasados y mesurados y, a la vez, no ser propietarios de vivienda. La cuota de uso, la renta mensual, será sustancialmente inferior al precio medio de alquiler en la ciudad. Se incentiva en el concurso que los edificios sean sostenibles para favorecer el ahorro energético y descargar al mismo tiempo las economías familiares de los socios.

Merece prestar atención a los aspectos transformativos de carácter subjetivo y vecinal del ‘cohabitatge’. El proyecto cooperativo residencial incorpora una propuesta de servicios colaborativos para los residentes y/o el barrio. Es decir, en los edificios se reservarán espacios comunes para actividades y servicios para los cooperativistas que puedan insertarse u ofrecerse al entorno. En uno de los siete solares del concurso, concretamente en el situado en la Barceloneta, justo en el centro de una de las zonas de uso más intensivo por el turismo de la ciudad, la cooperativa ofrecerá servicios que ayuden a recrear las dinámicas vecinales. La iniciativa al prosperar y enraizarse implicará un paso decisivo en la estrategia, que también desarrolla el plan de barrios municipal, para recoser y ganar espacios vecinales. Así lo imaginaba hace pocas semanas la alcaldesa Ada Colau haciendo mención a este solar en un sentido acto de recuerdo y homenaje a la fallecida cronista urbana Isabel Nuñez que apostó por una ciudad inclusiva.

EL ENTORNO COLECTIVO

En psicología ambiental, disciplina que investiga la relación entre los habitantes y su entorno, se trabaja con el concepto de satisfacción residencial. Se trata de una perspectiva que predica la satisfacción subjetiva del ciudadano hacia su casa, en relación con sus vecinos y con el barrio. Pero para estar satisfechos, realizados, hay que poner herramientas al alcance para posibilitar la relación, el empoderamiento, la colaboración, la ayuda mutua. Los proyectos de ‘cohabitatge’ nacen con esta vocación  de responsabilización de nosotros y de nuestro entorno.

El Ayuntamiento de Barcelona al impulsar el ‘programa de cohabitatge’ no está inventando nada sino que desarrolla modelos sociales y cooperativos ya experimentados con éxito en Europa y en Estados Unidos. Singularmente la experiencia de ‘cohousing’ es muy exitosa en Dinamarca donde el 8% de la vivienda es cooperativa.

En Copenhage llega hasta el 30% del parque residencial. Seguro que este programa municipal será un vivero esencial para impulsar y multiplicar esta experiencia que está llamada a cambiar el concepto tradicional de vivienda, a mejorar las relaciones residenciales, a contribuir a la vida de barrio, y especialmente a poner al alcance de todas y todos, también, vivienda asequible, estable y que nos cree satisfacción residencial.

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