Misión 2020, el punto de inflexión climático (1)

1.Nuestra misión compartida para 2020: que las renovables superen a los combustibles fósiles como nuevas fuentes de electricidad en todo el mundo

 

Misión 2020  es un plan basado en 6 metas, que  prioriza las acciones que debemos poner en marcha desde hoy mismo  para hacer frente al cambio climático de forma efectiva. Más detalles en el post   Tres años para salvaguardar nuestro clima

Traducción del capítulo nº 2  del documento Misión 2020

NECESARIO

La sustitución de la generación de electricidad basada en combustibles fósiles por energías renovables es clave para que las emisiones mundiales alcancen un máximo En 2020.

La producción de energía emite el 42% del CO2 relacionado con la la producción eléctrica que emitía en 2014 y su relevancia va a creer a medida que otros sectores como el transporte, los edificios y la industria, se electrifican. Esto es cierto incluso si va acompañado de la ejecución de las igualmente necesarias mejoras en la eficiencia energética. Nuestros sistemas de suministro eléctrico deben sufrir una transformación radical para asegurar que las emisiones de CO2 lleguen a su pico máximo en 2020 y avancen rápidamente hasta cero en 2050. Al mismo tiempo, esta transformación puede y debe mejorar la seguridad energética y garantizar que los miles de millones de ciudadanos de todo el mundo que hoy carecen de acceso a la energía moderna no quedan atrás. Desacoplar el crecimiento económico mundial de las emisiones de carbono derivadas de la producción eléctrica puede llevar a una nueva era de prosperidad sin desestabilizar el clima.

Para lograr un punto de inflexión climático en 2020, nuestra misión compartida es asegurar que para entonces la generación de electricidad por las energías renovables supere la producción a partir de los combustibles fósiles en todo el mundo. Esto significa:

1. Que las energías renovables produzcan al menos el 30% del suministro eléctrico mundial
2. Que no se construyan nuevas centrales eléctricas de carbón, y que todas las centrales eléctricas de carbón ya existentes se eliminen.

DESEABLE

El cambio a un sistema de energía limpio proporcionará beneficios significativos en sí mismo y a la vez limitará el impacto humano sobre el clima. Quizás lo más importante, el cierre de las centrales eléctricas de combustibles fósiles, puede reducir anualmente hasta unas 500.000 muertes prematuras por contaminación atmosférica en el exterior de las viviendas en todo el mundo. Si el uso de energía contaminante en las viviendas se sustituyese por electricidad limpia, podría reducirse el número de muertes por contaminación en un millón más.

También hay importantes beneficios económicos y relacionados con la seguridad para aprovechar. El desarrollo de fuentes nacionales de energía renovable permitirá a los países disminuir su dependencia de las importaciones de energía, mejorar su balanza comercial y reducir su vulnerabilidad ante la volatilidad de los mercados internacionales e invertir en la creación de nuevos puestos de trabajo, especialmente en las regiones afectadas por altos niveles de desempleo, como las zonas rurales.

Finalmente, el carácter distribuido de las energías renovables, especialmente si se combina con el almacenamiento a gran o a pequeña escala cada vez más baratos, permite garantizar el acceso a la electricidad a la población que vive alejada de las redes principales, así como a los habitantes de las islas pequeñas. La mejora en el acceso mejorado a la energía, en particular el acceso a la energía limpia, tiene beneficios económicos y de salud para las comunidades más vulnerables, que actualmente cocinan con carbón, madera o estiércol o no tienen un sistema de electricidad fiable.

REALIZABLE

Que las energías renovables representen al menos el 30% del suministro eléctrico mundial

 

La transición energética hacia las renovables ya está en marcha. A finales de 2015, el 23,7% de la energía provenía de fuentes de energía renovables y la inversión en energías renovables continúa acelerándose. En 2016, el viento y la energía solar fotovoltaica constituyeron el 78,4% de la nueva capacidad instalada en la UE, en Estados Unidos supuso casi dos tercios de la nueva capacidad y en China la nueva capacidad instalada de energía eólica y solar alcanzó 52 GW y fue aproximadamente igual a la nueva capacidad en carbón y gas. Aún más positivamente, solo en los últimos siete años, los costes de energía solar fotovoltaica han bajado un 85%, lo que significa que ya supera en competitividad a la capacidad instalada de generación eléctrica por combustibles fósiles en muchas regiones del mundo.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que la penetración global de energías renovables podría alcanzar en 2020 el 26-27%, dependiendo de las políticas practicadas por los gobiernos hasta esta fecha. Pero el mundo se está moviendo hacia sectores de baja emisión de carbono más rápido que nunca, incluso más rápido que lo que la IEA creía posible. Con un empuje extra, podríamos asegurar que en 2020 las energías renovables representasen el 30% del suministro eléctrico mundial.

Para lograr esto, muchos gobiernos tendrán que eliminar las barreras políticas y del mercado y crear las condiciones que lo hagan posible. Y el sector privado necesitará cambiar sus inversiones para apoyar de manera más decisiva la expansión de la energía renovable. La adaptación de las redes eléctricas y los mercados energéticos, así como la eliminación de los subsidios a las energías fósiles será crítica para la expansión de las energías renovables y el logro de todos los beneficios que esto conlleva.

Que no se construirán nuevas centrales térmicas de carbón, y todas las centrales eléctricas de carbón existentes estén en proceso de eliminación

 

Actualmente ya, cada año se está añadiendo más capacidad instalada de energía renovable que de carbón y gas natural y petróleo combinados y en 2015 el sector renovable superó al carbón en términos de capacidad instalada acumulada. Los modelos recientes indican que para el año 2020 la demanda de carbón y petróleo habrán alcanzado su cénit. Los signos ya son visibles: a finales de 2016, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) redujo sus previsiones para la futura demanda de carbón por quinto año consecutivo, señalando que “el crecimiento de la demanda mundial de carbón se ha estancado”. Esto se añade al declive del precio del carbón a largo plazo: entre 2011 y 2015 los precios han caído en más de la mitad.

La mayoría de los gobiernos e inversores se dan cuenta, cada vez más, de que no hay espacio para nuevas centrales eléctricas de carbón en el presupuesto de emisiones implícito en los límites de temperatura fijados en del Acuerdo de París: solamente las emisiones de las actuales centrales eléctricas superarían en un 114% el presupuesto de carbono al óptimo de rentabilidad. La mayoría de los gobiernos también comienzan a reconocer que la dependencia del carbón (y del gas) expone su economía a la volatilidad de los precios en los mercados mundiales de carbón y disminuye su seguridad energética. Estas consideraciones, combinadas con el aumento de la competitividad de las energías renovables, significan que la inversión en nueva capacidad de generación de combustibles fósiles está disminuyendo.

No sólo son las nuevas centrales eléctricas de carbón que luchan por rentabilizar la inversión, sino que el proceso de eliminación de las plantas de carbón existentes también está en marcha: Desde 2010 se han retirado 249 plantas en EEUU y China recientemente ha cancelado más de 100 plantas planificadas o en construcción.

Con un esfuerzo concertado para acelerar estas tendencias, podemos asegurar que a partir de 2020 no se construyan nuevas plantas de carbón y que todas las plantas existentes estén en proceso de desaparición. Esto está en línea con lo que millones de ciudadanos de todo el mundo quieren, como lo demuestran las protestas crecientes por una mejor calidad del aire, por ejemplo en las megaciudades asiáticas.

Traducción Neus Casajuana

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