El crecimiento económico lo destruirá todo. No hay forma de enverdecerlo, necesitamos un nuevo sistema

¡Todo fuera!

Por George Monbiot, The Guardian, 22 de noviembre de 2017

Todo el mundo lo quiere todo, ¿cómo va a funcionar eso? La promesa del crecimiento económico es que los pobres pueden vivir como los ricos y los ricos pueden vivir como los oligarcas. Pero ya hemos sobrepasado los límites físicos del planeta que nos sostiene. La crisis climática, la pérdida de suelo, el colapso de hábitats y especies, el mar de plástico, la reducción masiva de algunos insectos: todos ello es causado por el aumento del consumo. La promesa de lujo privado para todos no se puede cumplir: no existe ni el espacio físico ni el ecológico.

Pero el crecimiento debe continuar: este es el imperativo político en todas partes. Y debemos ajustar nuestros gustos en consecuencia. En nombre de la autonomía y la elección el marketing utiliza los últimos descubrimientos en neurociencia para romper nuestras defensas. Aquellos que intentan resistir deben ser silenciados, como los disidentes en Un Mundo Feliz, en este caso por los medios de comunicación. Con cada generación, la línea base del consumo normalizado cambia. Hace treinta años, era ridículo comprar agua embotellada, donde el agua del grifo era limpia y abundante. Hoy, en todo el mundo, usamos un millón de botellas de plástico por minuto..

Cada viernes es un Black Friday, cada Navidad es un festival de destrucción más llamativo. Entre las  saunas de nieve, los enfriadores portatiles de sandía y los smart phones para perros con los que se nos insta a llenar nuestras vidas, ahora el premio “último grito de la civilización” es para el “robot galletero”  : una impresora de masa con mantequilla en 3-D que te permite comer la Mona Lisa o el Taj Mahal o el trasero de tu perro todas las mañanas. En la práctica, obstruirá su cocina durante una semana hasta que decida que no tiene espacio para ella. Con chatarra como esta estamos destrozando el planeta viviente, y nuestras propias perspectivas de supervivencia. ¡Todo fuera!

La promesa es que, a través del consumismo verde, podemos reconciliar el crecimiento perpetuo con la supervivencia planetaria. Pero una serie de trabajos de investigación revelan que no hay una diferencia significativa entre las huellas ecológicas de las personas que se preocupan por sus impactos y las personas que no lo hacen. Un artículo reciente, publicado en la revista Environment and Behavior, encuentra que las personas que se definen a sí mismos como consumidores conscientes usan más energía y carbono que aquellos que no lo hacen.

¿Por qué? Porque la conciencia ambiental tiende a ser más alta entre las personas ricas. No son las actitudes las que gobiernan nuestros impactos en el planeta, sino los ingresos. Cuanto más ricos somos, más grande es nuestra huella, independientemente de nuestras buenas intenciones. Aquellos que se ven a sí mismos como consumidores verdes, según el documento, “se centran principalmente en comportamientos que tienen beneficios relativamente pequeños”.

Conozco a personas que reciclan meticulosamente, guardan sus bolsas de plástico, miden cuidadosamente el agua que utilizan, luego pasan sus vacaciones en el Caribe, anulando 100 veces sus ahorros ambientales. He llegado a la conclusión que el reciclaje justifica sus vuelos de larga distancia. Convence a las personas de que se han vuelto verdes, lo que les permite pasar por alto sus mayores impactos.

Nada de esto significa que no debemos tratar de reducir nuestros impactos, pero debemos ser conscientes de los límites del ejercicio. Nuestro comportamiento dentro del sistema no puede cambiar los resultados del sistema. Es el sistema que tiene que cambiar.

La investigación de Oxfam sugiere que el 1% más rico del mundo (si en su familia tienen unos ingresos de £ 70,000 o más,usted está entre ellos) produce alrededor de 175 veces más carbono que el 10% más pobre. ¿Cómo, en un mundo en el que se supone que todos aspiran a altos ingresos, podemos evitar convertir la Tierra, de la que depende toda la prosperidad, en una bola de basura?

Con el desacoplamiento, nos dicen los economistas separando el crecimiento económico de nuestro uso de materiales. Entonces, ¿cuán bien funciona? Un artículo en la revista PlosOne  encuentra que mientras que en algunos países se produjo un desacoplamiento relativo, “ningún país ha logrado un desacoplamiento absoluto durante los últimos 50 años”. Lo que esto significa es que la cantidad de materiales y energía asociada a cada incremento del PIB podría disminuir , pero, como el crecimiento supera la eficiencia, el uso total de los recursos sigue en aumento. Lo que es más importante, el documento revela que, a largo plazo, tanto el desacoplamiento absoluto como el relativo del uso de recursos esenciales es imposible debido a los límites físicos de la eficiencia.

Una tasa de crecimiento global del 3% significa que el tamaño de la economía mundial se duplica cada  24 años. Esta es la razón por la cual las crisis ambientales se están acelerando a dicha velocidad. Sin embargo, el plan es garantizar que se duplique y se duplique nuevamente, y se siga duplicando a perpetuidad. Al tratar de defender al mundo viviente de la vorágine de la destrucción, podríamos creer que estamos luchando contra las corporaciones y los gobiernos y contra la insensatez general de la humanidad. Pero todos ellos son representantes del verdadero problema: el crecimiento perpetuo en un planeta que no está creciendo.

Los que justifican este sistema insisten en que el crecimiento económico es esencial para la reducción de la pobreza. Pero un artículo en el World Economic Review averigua que El 60% más pobre de la población mundial recibe solo el 5% de los ingresos adicionales generados por el aumento del PIB. Como resultado, se requiere un crecimiento de 111 $ por cada 1 $ de reducción de la pobreza. Esta es la razón por la cual, según las tendencias actuales, tardaríamos 200 años para garantizar que todo el mundo reciba 5 $ por día. En este punto, el ingreso promedio per cápita habrá alcanzado 1$ millón al año, y la economía será 175 veces mayor de lo que es hoy. Esta no es una fórmula para aliviar la pobreza. Es una fórmula para la  destructión de todo y de todos.

Cuando escuchamos que algo tiene sentido desde el punto de vista económico, significa que hace lo opuesto al sentido común. Esos hombres y mujeres sensatos que manejan el dinero del mundo y los bancos centrales, que ven un aumento indefinido en el consumo como normal y necesario, son berserkers,luchadores agresivos haciendo pedazos las maravillas del mundo viviente, destruyendo la prosperidad de las generaciones futuras para sostener un conjunto de cifras que tienen cada vez menos relación con el bienestar general.

Consumismo verde, desacoplamiento material, crecimiento sostenible: todas son ilusiones, diseñadas para justificar un modelo económico que nos está conduciendo a la catástrofe. El sistema actual, basado en el lujo privado y la miseria pública, nos llevará a la miseria a todos: bajo este modelo, el lujo y la privación son una bestia con dos cabezas. Necesitamos un sistema diferente, arraigado no en abstracciones económicas sino en realidades físicas, que establezcan parámetros a través de los cuales juzguemos su salud. Necesitamos construir un mundo en el que el crecimiento sea innecesario, un mundo de suficiencia privada y lujo público . Y debemos hacerlo antes de que la catástrofe nos derribe.

Www.monbiot.com

Traducción Neus Casajuana

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