La hambruna masiva es el destino de la humanidad si seguimos azotando la tierra hasta la muerte

La Tierra no puede adaptarse a nuestra necesidad y codicia por la comida. Debemos cambiar nuestra dieta antes de que sea demasiado tarde

 

George Mombiot. The Guardian. 11/12/2017

El Brexit, la destrucción de la democracia por los multimillonarios, la próxima crisis financiera, un presidente estadounidense deshonesto: ninguno de estos problemas me mantiene despierto por la noche. No es que no me importe, me importa mucho. Es solo que tengo una cuestión más importante en mi mente. ¿De dónde vamos a sacar toda la comida?

A mediados de este siglo, habrá dos o tres mil millones más de personas en la Tierra. Cualquiera de los temas que voy a enumerar podría contribuir a precipitar la hambruna masiva. Y esto antes de considerar cómo podrían interactuar unos temas con otros.

El problema comienza donde todo comienza: con la tierra. La famosa proyección de la ONU de que, a las tasas actuales de pérdida de suelo, al mundo solo le quedan 60 años de cosechas, parece estar respaldado por un nuevo conjunto de cifras. En parte como resultado de la degradación del suelo, los rendimientos ya están disminuyendo en el 20% de las tierras de cultivo del mundo.

Thomas Pullin’s illustration.

Ahora consideremos la pérdida de agua. En lugares como las llanuras del Norte de la China, el centro de Estados Unidos, California y el Noroeste de la India, entre las regiones de mayor crecimiento del mundo, los niveles del agua subterránea utilizada para regar los cultivos ya están llegando a un punto crítico. El agua del acuífero superior del Ganges, por ejemplo, se está retirando a una tasa 50 veces su tasa de recarga. Pero, para mantener el ritmo de la demanda de alimentos, los agricultores del sur de Asia esperan usar entre 80 y 200% más de agua para el año 2050. ¿De dónde van a sacarla?

La siguiente limitación es la temperatura. Un estudio apunta que, si todo se mantiene como hasta ahora, con cada grado Celsius de calentamiento, el rendimiento global del cultivo de arroz cae un 3%, el trigo un 6% y el maíz un 7%. Estas predicciones podrían ser optimistas. Una investigación publicada en la revista Agricultural & Environmental Letters revela que el calentamiento de un 4 ° C en el cinturón del maíz en EE. UU. podría reducir los rendimientos de maíz entre un 84 y un 100 por ciento.

Adiós – y buena suerte – a la ganadería. George Mombiot 

 

La razón es que las altas temperaturas nocturnas interrumpen el proceso de polinización. Pero esto representa un solo componente de la probable crisis de polinización. Insectageddon, causado por el despliegue global de plaguicidas poco probados, representará el resto. En algunas partes del mundo, los trabajadores ahora ya están polinizando plantas a mano. Pero eso es viable solo para los cultivos más costosos.

Luego están los factores estructurales. Los pequeños agricultores, por lo general, cultivan más alimentos por hectárea que los grandes, debido a que tienden a utilizar más mano de obra, cultivan una mayor variedad de cultivos y trabajan la tierra con más cuidado. En las regiones más pobres del mundo, las personas con menos de cinco hectáreas poseen el 30% de las tierras de cultivo, pero producen el 70% de los alimentos. Desde el año 2000, un territorio fértil de aproximadamente el doble del tamaño del Reino Unido ha sido confiscado por los acaparadores de tierras y consolidado en grandes fincas, generalmente cultivando cultivos para la exportación en lugar de los alimentos que necesitan los pobres.

Mientras estos desastres múltiples se desarrollan en el suelo, los mares están siendo saqueados de todo menos de plástico. A pesar de un aumento masivo en el esfuerzo (barcos más grandes, motores más grandes, más equipo), la captura mundial de peces está disminuyendo en aproximadamente un 1% anual, a medida que las poblaciones colapsan. El acaparamiento de tierras a nivel mundial se ve reflejado por la captura global del mar: los pequeños pescadores son desplazados por las grandes corporaciones, exportando pescado a quienes lo necesitan menos pero pagan más. Alrededor de 3.000 millones de personas dependen en gran medida de las proteínas del pescado y marisco. ¿De dónde saldrán?

Todo esto sería ya suficientemente duro. Pero a medida que aumentan los ingresos de las personas, su dieta tiende a cambiar de proteína vegetal a proteína animal. La producción mundial de carne se ha cuadruplicado en 50 años, pero el consumo promedio mundial sigue siendo solo la mitad que en el Reino Unido, donde cada año comemos más o menos el peso corporal en carne, y poco más de un tercio del nivel estadounidense. Debido a la forma en que comemos, la huella de las tierras de cultivo del Reino Unido (la tierra requerida para satisfacer nuestra demanda) es 2,4 veces el tamaño de su área agrícola. Si todo el mundo aspira a esta dieta, ¿cómo nos vamos a ajustar exactamente?

El derroche de la ganadería es asombroso. El 36% de las calorías cultivadas en forma de granos y legumbres, y el 53% de la proteína, ya se usan para alimentar a los animales de granja. Dos tercios de este alimento se pierde en la conversión de planta a animal. Una gráfica producida la semana pasada por Our World in Data  apunta que, en promedio, se necesita 0.01m2 de tierra para producir un gramo de proteína de frijoles o guisantes, pero 1m2 para producir un gramo de ganado bovino u ovino: unas 100 veces de diferencia.

Es cierto que gran parte de la tierra de pastoreo ocupada por ganado vacuno y ovino no se puede ser utilizar para cultivar. Pero de otra manera se habría mantenido la vida silvestre y los ecosistemas. En cambio, se drenan las marismas, se talan los árboles y sus plantas de pastoreo son eliminadas, los depredadores son exterminados, se cercan los herbívoros salvajes y otras formas de vida se borran gradualmente a medida que los sistemas de pastoreo se intensifican. Lugares deslumbrantes, como los bosques lluviosos de Madagascar y Brasil, son arrasados ​​para dar cabida a más ganado.

Debido a que no hay suficiente tierra para satisfacer las necesidades y nuestra codicia, una transición global hacia una dieta animal significa arrebatar la comida de la boca de los pobres. También significa una “limpieza ecológica” de casi todos los rincones del planeta.

Veo desaparecer los últimos ecosistemas ricos de la megafauna global: leones, elefantes, ballenas y atunes desaparecen. Fotografía: Douglas Klug / Getty Images

El cambio de las dietas sería imposible de sostener incluso si no hubiera crecimiento en la población humana. Pero cuanto mayor sea el número de personas, mayor será el hambre debido al consumo de carne. A partir de una referencia de 2010, la ONU espera que el consumo de carne aumente en un 70% para 2030 (esto es tres veces la tasa de crecimiento de la población humana). En parte como resultado, la demanda mundial de cultivos podría duplicarse (desde la referencia de 2005) para el año 2050. La tierra requerida para cultivarlos no existe.

Cuando digo que esto me mantiene despierto por la noche, lo digo en serio. Me atormentan las visiones de personas hambrientas que buscan escapar de los “desechos grises” y que son golpeadas por la policía armada. Veo desaparecer los últimos ecosistemas ricos, la última megafauna global: leones, elefantes, ballenas y atunes, desapareciendo. Y cuando me despierto, no puedo convencerme de que fue solo una pesadilla.

Otras personas tienen sueños diferentes: la fantasía de un frenesí de alimentación que nunca tiene fin, el cuento de hadas de reconciliar el crecimiento económico continuo con un mundo vivo. Si la humanidad cae en espiral hacia el colapso social, estos sueños serán la causa.

No hay respuestas fáciles, pero el cambio crucial es un cambio de una dieta basada en animales a una basada en plantas. En igualdad de condiciones, detener la producción de carne y el uso de tierras de cultivo para cultivar biocombustibles podría proporcionar suficientes calorías para otros 4.000 millones de personas y duplicar la proteína disponible para el consumo humano. La carne artificial ayudará: un artículo sugiere que reduce el consumo de agua en al menos un 82% y el uso de la tierra en un 99%.

La próxima revolución verde no será como la última. No se basará en azotar la tierra hasta la muerte, sino en reconsiderar cómo la usamos y por qué. ¿Podemos hacer esto, o es que para nosotros, las personas más ricas que ahora consumen el planeta viviente, es más fácil contemplar la muerte en masa que cambiar nuestra dieta?

Traducción: Neus Casajuana

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