Enfermos climáticos, una nueva alerta para el futuro de nuestra salud

 

 

 

 

Cada vez hay más muertos en Catalunya por enfermedades respiratorias, más cánceres causados ​​por la contaminación atmosférica y, incluso, más casos de malformaciones congénitas.

 

Josep Cabayol, Siscu Baiges i Ester González, 06/08/18

 

Llegan virus tropicales como el dengue, el chikungunya y el Zika. Aparecen enfermedades de nombres nuevos como la MERS, la fiebre Crimea-Congo o la fiebre de Lassa. El cambio climático y la contaminación están causando indirectamente un nuevo fenómeno sanitario: las enfermedades climáticas. Catalunya no es una excepción. El futuro es incierto.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que se disfruta de buena salud ambiental cuando se ha asegurado un entorno saludable que evite el desarrollo de enfermedades que se pueden prevenir, y así, mejorar la calidad de vida colectiva. Pues bien: todos los datos indican que no la disfrutamos. Según la misma OMS, cada año mueren más de 12,6 millones de personas por la insalubridad del medio ambiente, 8,2 millones de las cuales, por enfermedades no transmisibles que se pueden atribuir a la contaminación del aire: cerebrovasculares, cánceres y neumopatías. Los datos actuales de la OMS sobre salud ambiental son ya absolutamente preocupantes.

La Tierra está enferma y empieza a tener fiebre alta

Si tomamos la temperatura a una persona y el termómetro marca más de 37 ° C, nos preguntamos por qué tiene febrícula. Pero, si el termómetro rebasa los 38 ° C, inmediatamente pensamos en fiebre, síntoma de infección o de enfermedad. Si el enfermo tiene 39 ° C, suscita ya una gran preocupación. Si hacemos una analogía (no científica) entre la temperatura del cuerpo humano y la de la atmósfera, podríamos decidir, figurativamente, si el planeta tiene o no tiene fiebre. Sabemos, por los datos recogidos y procesados ​​científicamente, que la temperatura se incrementa en todo el mundo a un ritmo de 0,20 ° C de media cada decenio desde 1950, a consecuencia de los gases de efecto invernadero (GEH) que se vierten a la atmósfera. En Catalunya, el incremento es más acusado, de 0,24 ° C cada década. Con estos datos, a mediados del siglo XXI la temperatura habrá aumentado al menos 2 ° C de media en todas partes. Si, en cambio, utilizamos como medida de calentamiento la cantidad de GEH vertidos, el aumento de 2 ° C se alcanzará antes, hacia el 2040.

Aquí tenéis el Contador de Presupuesto Global de Carbono  en directo: 

 

 

En Catalunya, el incremento será más alto, de 2,4 ° C a mediados del siglo o en 2040 según qué método apliquemos. Un aumento de 2 ° C desde 1950 es precisamente el límite de temperatura que nunca senydebería superar, según los Acuerdos de París. Si ejecutamos la analogía y sumamos los 37 ºC, umbral humano de la fiebre, el aumento de la temperatura por culpa del calentamiento -los efectos de los patógenos y gases acumulados en la atmósfera perduran hasta 30 años-, obtenemos un equivalente a la Tierra ahora mismo de 38,36 de media y de 38,64 en Catalunya. Antes de mediados del siglo será superior a 39 ° C de media en todo -39,4 ºC en Catalunya. Gaia, pues, tiene fiebre alta. El tratamiento es urgente y hay que aplicarlo ahora mismo si se quiere tener éxito.

Calentamiento del planeta y consecuencias para la salud

El sistema capitalista obtiene la energía fundamentalmente de los combustibles fósiles. Su uso generalizado ha propiciado el gran desarrollo económico que ha vivido la humanidad en los últimos 200 años; eso sí, de forma desigual, no equitativa. Asimismo y en contrapartida, estos combustibles fósiles han contribuido en gran medida al calentamiento. Más allá, la combustión de materia orgánica, de la que los combustibles fósiles son un derivado, ha provocado dos grandes causas de enfermedades más: la contaminación atmosférica y los productos tóxicos vertidos.

La causa fundamental del calentamiento son los gases de efecto invernadero (GEH): básicamente, el dióxido de carbono (CO2), el óxido de dinitrógeno (N2O), el metano (CH4) y los gases fluorados. Aquí puede consultar el inventari d’emissions de GEH.

Estos gases son el resultado del uso generalizado de energías fósiles almacenados durante 4.000 millones de años. En los balances oficiales y para hacerlas pasar por ‘económicas’, no se incluye ni su difícil reposición -que implicaría un proceso de millones de años- ni las consecuencias que se derivan: desigualdades, inequidad , calentamiento, cambio climático y daños muy graves en la biosfera y en el medio ambiente.

Un incendio en Catalunya/JORDI BORRÀS

Olas de calor: más muertos por un calor excesivo

Las olas de calor en verano serán cada vez más intensas, frecuentes y largas. Cada año mueren más de 300 personas en Catalunya a causa del calor excesivo. Hacia mediados de siglo, se calcula que serán bastantes más de 2.500 muertos. Y serán más si añadimos la debilidad que genera el envejecimiento. Todos estos datos están publicados en el apartado de Salud del Tercer Informe de Canvi Climàtic de Catalunya impulsado por la Generalitat. En 2003, hubo en Europa 70.000 defunciones prematuras debido a la ola de calor entre junio y agosto. En España, fueron 8.000, y en Catalunya, 537. Como consecuencia del calentamiento, aumenta la morbilidad, la cantidad de seres vivos que enferman en un sitio y tiempo determinado, y la mortalidad.

Hay también más noches tropicales y tórridas en Catalunya. Si empleamos los datos de 2017 de la Estación Meteorológica de Barcelona del Raval, el número de noches tropicales -lo que implica que la temperatura no baja de 20 ° C- ha sido de 91. Y el de noches tórridas -cuando la temperatura es de mínimo 25 ° C- fue de 11 a lo largo de todo el año. Quiere decir que durante más de tres meses la temperatura mínima en la ciudad no bajó de 20 ° C en ningún momento ni del día ni de la noche. El descanso nocturno reparador, física y mental, se hace cada vez más difícil. “Tanto la mortalidad como la morbilidad aumentan más con las temperaturas mínimas altas que con las máximas y sería bueno que los servicios meteorológicos emitieran alertas”, remarca Javier Martín Vide, catedrático de geografía física de la Universidad de Barcelona y coordinador científico del “Tercer Informe sobre el cambio climático en Catalunya”  (Tercer informe sobre canvi climàtic a Catalunya)

 

Contaminación atmosférica, sobre todo en las ciudades

La contaminación atmosférica antropogénica la causan, básicamente, los mismos productos derivados de la combustión de materia orgánica y sus derivados (energías fósiles) que causan el cambio climático, y productos químicos muy diversos. El 80% de los habitantes de las ciudades europeas viven con una calidad del aire que no satisface las exigencias de la OMS. La fuente principal de contaminación en las grandes áreas metropolitanas es el tráfico y el transporte. En el área de Barcelona, ​​esto representa más del 50% de las emisiones. En el resto del territorio no es despreciable la aportación de tóxicos por parte de los procesos industriales y la quema de residuos.

Los contaminantes principales son las partículas (especialmente las finas, ya que tienen una capacidad de penetración muy alta en el sistema respiratorio), el ozono y el dióxido de nitrógeno. En Europa, sólo las partículas emitidas por los vehículos diesel [PM2,5 / 2,5 micras] causaron 428.000 muertes prematuras en 41 países en 2014, 399.000 en la UE, según un informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) . En España murieron 31.520, de las que 23.180 fueron para PM2,5; 6.740 por dióxido de nitrógeno (NO2), y 1.600 más por ozono troposférico O3.

En cuanto a partículas, no se superan en muchos lugares de Catalunya los niveles de peligro que señala la Comisión Europea, pero sí los de la OMS. En Barcelona, ​​hay 16,6 microgramos por metro cúbico de PM2,5 y, según la OMS, se debería estar por debajo de 10. Tampoco se ha conseguido estar por debajo de los límites ni de la UE ni de la OMS en cuanto al dióxido de nitrógeno en el Área Metropolitana de Barcelona. El ozono es un peligro para la Catalunya central.

En Catalunya, hay unas 3.500 muertes antes de tiempo cada año por afectaciones derivadas de la contaminación del aire.

Un día con contaminación alta provoca, en promedio, un aumento de mortalidad prematura del 1%. La exposición continuada hace subir hasta el 5% las muertes adicionales. 1,7 millones de niños mueren en el mundo, al menos cada año, por la contaminación ambiental, según la OMS.

La contaminación atmosférica reduce la esperanza de vida y favorece casos de enfermedades cardiovasculares (infartos de miocardio, ictus, arterioesclerosis …), del sistema nervioso, mentales, respiratorias, diabetes, del sistema urinario, y cánceres, sobre todo de pulmón. También es relevante el alto aumento de las múltiples alergias. La población más vulnerable son los enfermos crónicos, ancianos, mujeres embarazadas y niños. Los niños que viven en zonas contaminadas o van a escuelas situadas en estas zonas tienen más dificultades: les disminuye la capacidad pulmonar y el desarrollo cerebral y cognitivo.

Mireia Gascón Merlos, investigadora d’ISGlobal, habla del impacto de la contaminación sobre el desarrollo cognitivo de niños y niñas que estudia  el  proyecto Breathe:  “El embarazo y los primeros tres años de vida son clave, y cualquier impacto en esta etapa puede ser, incluso, permanente en el desarrollo cerebral de los niños. Y la contaminación tiene fuerza impacto en el ámbito cognitivo -también respiratorio- durante estos primeros años. Breathe ha hecho un seguimiento a 4.000 niños y niñas de 7 a 9 años de 40 escuelas de Barcelona. Se les han hecho pruebas de neurodesarrollo cuatro veces al año. Los niños y niñas de escuelas más contaminadas ya tenían una peor puntuación al inicio de la fase de estudio, y en el transcurso de los meses la situación empeora. En conclusión, hay niños y niñas que tienen desventajas físicas y cerebrales respecto de otras, porque estudian en escuelas con más contaminación atmosférica “.

En la web de Breathe se concluye: “Estudios experimentales en humanos muestran que los fetos y los niños pequeños son especialmente susceptibles a los efectos tóxicos de contaminantes como partículas finas en suspensión, hidrocarburos aromáticos policíclicos, compuestos orgánicos volátiles, el humo del tabaco, los metales y el ozono “.

Un proceso similar ocurre cuando el cerebro inicia la fase de vejez: se puede tener una decadencia del cerebro más rápida si vives en una zona más contaminada. La contaminación por sí sola no crea las demencias, pero hay bastantes estudios que señalan que las agrava. 

Tóxicos que reaparecen por el cambio climático

Eduardo Rodríguez Farré, profesor de investigación de l’IIBB-CSIC (Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), especialista en toxicología y farmacología afirma: “El sistema económico no tiene en cuenta las enfermedades que provoca. Lo que le importa es la ganancia “. El cambio climático remueve el planeta: “El calentamiento lo altera todo: el río que no se desbordaba ahora lo hace, y un lugar que era húmedo ahora es seco. El deshielo origina un desplazamiento de sustancias: donde van a parar y cómo se redistribuyen? Están apareciendo continuamente cosas que se habían olvidado “, dice Rodríguez Farré. Los fenómenos meteorológicos se han radicalizado. El catastrófico accidente de la central nuclear de Fukushima es un ejemplo. El muro, calculado de acuerdo con las estadísticas y para abaratar costes a fin de ganar más dinero, lo hicieron más bajo de lo que era necesario al no considerar que el peor tsunami, probablemente radicalizado por el calentamiento, no tenía que pasar. Pero pasó. Fukushima demuestra que las nucleares también son vulnerables al cambio climático. 

La región de Siberia, por ejemplo, es un muestrario de peligros latentes: porque se está deshelando el permafrost, liberando grandes cantidades de metano. Escondidos, hay otros riesgos. En agosto de 2016, un niño de 12 años murió y una veintena de personas quedaron infectadas en Rusia porque el deshielo desenterró renos muertos por ántrax en los años cuarenta del siglo XX. El carbunco liberado contaminó aguas, suelo y personas. El deshielo del permafrost desenterrará otros tóxicos, como, por ejemplo, mercurio. Además, al reducirse el efecto albedo (el porcentaje de radiación que es devuelta a la atmósfera), se calentará aún más la superficie del planeta y se realimentarà el proceso.  

Mapa de las plantas de producción de lindano y de los lugares de vertido de residuos de HCH en la UE/Ecologistas en Acción

El cambio climático también provoca que productos ocultos retornen a la superficie o contaminen el freático. Es el caso del lindano, principio activo más utilizado en los insecticidas que se usaban en los años setenta, un contaminante orgánico persistente, bioacumulable, cancerígeno, muy neurotóxico y disruptor endocrino. Se empleaba para matar piojos y fue prohibido en 2009 en el marco del Convenio de Estocolmo. En algunos países aún se utiliza, y en otros, como se ve en un mapa difundido per Ecologistas en Acción, puede reaparecer. Enterrado como estaba, ha reaparecido este 2018 en la zona de O Porriño, en Pontevedra, porque las lluvias y las inundaciones lo han hecho aflorar. Lo mismo ocurrió en 2014 en Sabiñánigo, Huesca. Y puede aparecer en el aeropuerto de Bilbao, construido sobre un vertedero de lindano. En Barcelona fabricaba lindano la empresa Zeltia. ¿Dónde están los residuos de esta empresa? 

Rodríguez Farré lamenta que los informes sobre estos peligros que se presentan al Comité de Nuevos Riesgos para la Salud de la Comisión Europea, del que ha formado parte, no salen adelante por la oposición de las grandes empresas: “La industria presenta contrainformes que dicen que las evidencias no son suficientes. Y pasa lo que ha pasado con el glifosato, que se continúa fabricando porque hay Monsanto detrás “. Y no olvidemos otros desafíos, como el amianto: las fibras, por causa del agravamiento de las condiciones climáticas, podrían diseminarse de forma diferente y en lugares imprevistos en los modelos actuales. 

Aumento de enfermedades asociadas con los disruptores y alteradores endocrinos

Carme Valls-Llobet, metgessa endocrinòloga, autora del libro ‘Medio ambiente y salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos’, alerta del aumento de las enfermedades asociadas con los disruptores endocrinos. Estas sustancias químicas, habitualmente producidas por el ser humano, alteran y producen cambios en el equilibrio hormonal. Es el caso de productos como el cloro, los herbicidas, los pesticidas, los bisfenoles, los metales pesados ​​… “Los disruptores endocrinos están ampliamente distribuidos en el planeta, en el medio ambiente, en los animales y en las personas y pueden afectar las funciones sexuales, la fertilidad, la inmunidad, el crecimiento y el metabolismo “. Eventualmente, están asociados con un aumento del cáncer de mama, en el caso de las mujeres, y con el cáncer de próstata y testicular, en el caso de los hombres. La incidencia es aún más acusada en los fetos, a los que produce problemas de desarrollo, y en los casos más graves, malformaciones congénitas. Por ejemplo, de genitales, lo que se conoce por “testículos en ascensor”, que están directamente relacionados con el cáncer de testículos.  La doctora Valls asegura que en la zona de Tarragona, donde está la petroquímica, se detectan más casos de este tipo de malformaciones congénitas, pero que “no interesa estudiar la relación”. También alerta que cuando, por el motivo que sea, el agua tratada con cloro se mezcla con suciedad, hay riesgo de que se produzcan trihalometanos, que a su vez pueden causar cáncer de vejiga.

Josep Martí Valls, doctor i miembro del Centro de Análisis yProgramas Sanitarios (CAPS), añade que no se pueden dejar de lado los síndromes de sensibilización central, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, sensibilidad química múltiple y electrosensibilidad, todas muy invalidantes y que han emergido coincidiendo con el cambio climático. Martí Valls apunta los efectos nocivos de la incineración de residuos, que generan productos resultantes más tóxicos que los originales. También los efectos muy negativos de los contaminantes orgánicos persistentes (COP), compuestos que resisten la degradación y que se dispersan fácilmente. 

En el año 2009 se editó el libro Nuestra contaminación interna‘, del catedrático Miquel Porta, del doctor Ferran Ballester y de la bióloga Elisa Puigdomènech, en el que se miden las concentraciones en sangre de 19 contaminantes orgánicos persistentes de una muestra representativa de la población de Catalunya. Entre otras conclusiones, establece que, a pesar de ser prohibidos desde hace tiempo, el 85% de las personas analizadas tienen 11,3 de estos compuestos en promedio. Y sus concentraciones aumentan con la edad, son superiores en las personas obesas (acumulación en tejido graso) y en el sexo femenino, que puede transmitir estos tóxicos a los fetos a través del cordón umbilical y los bebés con la lactancia.  

Globalización de virus tropicales

El cambio climático es un potenciador de enfermedades ya existentes. Puede hacer que aparezcan donde no había, o que en reaparezcan de erradicadas. La globalización transporta enfermedades y las especies encuentran nuevos lugares donde adaptarse. Natàlia Rodríguez Valero, especialista en medicina interna y medicina del viajero  en el Departamento de Salud Internacional y Medicina Tropical del Hospital Clínic de Barcelona, ​​mira el futuro inminente, cada vez más cálido, y le preocupan un mosquito, el tigre, y tres enfermedades : el dengue, el chikungunya y el Zika

Mosquito tigre / James Gathany/CDC

El mosquito tigre no es todavía la amenaza que puede llegar a ser. Con el aumento de la temperatura, su capacidad de transmitir enfermedades, ahora muy baja, mejorará y el podría convertir en eficaz difusor de las tres enfermedades citadas. El tigre adaptado en Catalunya es de la especie ‘albopictus’ y el género ‘aedes’, el más invasivo del mundo. Por encima de 27 ° C, el “albopictus ‘se parece a la” aegypti’, vector eficaz y habitual de estas enfermedades. Ni el dengue, ni el chikungunya ni el Zika no son enfermedades autóctonas. Para que arraigaran, sería necesario que una persona las importara y que el tigre la picara en un estadio avanzado y en condiciones de temperatura alta. Difícil, sí. Pero ya no imposible. En Italia, en el Lacio, el tigre perdura todo el año y el virus chikungunya es una enfermedad autóctona. Se han confirmado 176 casos. En Europa, un total de 402. 

 

En Catalunya, se han contabilizado 9 casos de Chikungunya importados; del virus dengue, 59 casos también importados, y de la fiebre viral del Zika, 33 casos importados. Aquí se pueden consultar las cifras de casos de chikungunya, dengue y Zika en Catalunya y en otras zonas del mundo durante el 2017.  

Las amenazas se acercan. El mosquito más peligroso del género ‘aedes’, el “aegypti ‘, ya habita en las islas Canarias y en Madeira, y, además del chikungunya, del dengue y del Zika, puede transmitir la fiebre amarilla. Hay casos autóctonos de malaria por ‘Plasmodium vivax’, la más benigna, en Grecia. Los mosquitos que la transmiten son de alguna de las 30 o 40 especies de “Anopheles ‘del total de 400 que están capacitadas. En Catalunya habita el “Anopheles atroparvus ‘, incapaz de contagiarla.

También sorprende que en Madrid, en Castilla-La Mancha, en Castilla y León y en Extremadura la fiebre de Crimea-Congo es autóctona. Hace un año, murió un hombre que la transmitió a una enfermera, que se salvó.

Además de las enfermedades descritas, en Catalunya también se controla el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS),  por el aumento de viajeros en la península Arábiga. Y la fiebre de Lassa, endémica en África Occidental. El cambio climático también influye en algunas enfermedades infecciosas como la legionelosis. O en patologías en las que el agua contaminada sea determinante. Y la doctora Carme Valls asegura que no sólo las infecciones serán más virulentas, sino que el sistema inmunológico estará menos preparado. 

Cómo prevenirlo?

La Generalitat ha establecido mecanismos de control de las enfermedades tropicales y protocolos de actuación. Cuando se detecta una, se avisa a la Agencia de Salud Pública, que entrevista al paciente. Una vez se sabe dónde ha estado y las características de los mosquitos de la zona, se toman las medidas para evitar un brote autóctono. Pero no es suficiente. Hay que prevenir. Y no son mayoría los profesionales que han recibido la formación suficiente para detectar a tiempo estas enfermedades emergentes. Lo contábamos el reportaje: “Alerta climàtica: quins perills afronta la Catalunya de l’any 2040?“, también publicado en CRÍTIC: “Debe ser la atención primaria, la medicina preventiva, la clave del sistema sanitario y no los hospitales, caros, ineficientes energéticamente, peligrosos e insostenibles. Y menos aún los hospitales privados creados para dar beneficios a sus accionistas y corporaciones propietarias”.

La prevención y la actuación sobre los determinantes sociales de la salud son la clave. La responsabilidad es de la conselleria de Salut de la Generalitat y del Gobierno. Y no hay noticia de que esta prevención a la primaria sea efectiva. El calentamiento, la contaminación, la toxicidad, dañan la biosfera, el espacio donde transcurre la vida. Con la biosfera enferma, la vida queda amenazada de muerte, toda la vida, no sólo la humana, toda la biodiversidad. Los expertos consultados por CRÍTIC alertan que debemos tener cuidado y formar parte responsablemente. Si no lo hacemos, la Tierra se recuperará, pero ‘nosotros’ y todos los seres vivos podemos desaparecer.

Josep Cabayol Virallonga, Siscu Baiges Planas i Ester González Garcia en nombre de SICOM.

Traducción: Teresa Abril

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