Cinco luchas contra el turismo extractivo en el sur de Europa

El turismo es un negocio multimillonario de alcance planetario, que cada año desplaza más de 1.200 millones de personas.

Albert Forns, 09/07/2018

Como fenómeno global de consecuencias locales, las ciudades del sur de Europa son especialmente frágiles frente al turismo y  la gentrificación, tanto por sus atractivos innegables -playas, cultura y precios económicos- como por el bajo nivel de renta de sus habitantes, que no pueden competir con la capacidad adquisitiva de sus vecinos nórdicos.

Foto:Xavier Pi

Para encontrar estrategias comunes contra esta tormenta perfecta, que con la expansión del alquiler turístico ya amenaza derechos fundamentales como el de la vivienda, en la primavera pasada se fundó en Barcelona la Red SET de ciudades del sur de Europa frente la turistificación, que reúne a los colectivos de resistencia de Venecia, Valencia, Sevilla, Pamplona, ​​Palma, Lisboa, Málaga, Malta, Madrid, Girona, Canarias, Donostia, el Camp de Tarragona y Barcelona. CRÍTIC ha hablado con cinco activistas de estas plataformas para radiografiar las luchas turísticas en su ciudad, con la intención de diagnosticar los problemas e intentar encontrar soluciones comunes. Todos coinciden en que esto no es una lucha contra el turismo y los turistas, sino contra el modelo extractivo y la manera como se ha gestionado hasta ahora.

Una protesta por la ‘Parte Vieja’ de Donostia contra las consecuencias del turismo en el barrio/ BIZILAGUNEKIN

1. Donostia: la turismofobia no es delito (de momento)

Donostia recibe anualmente 1.100.000 visitantes, que, comparados con los 12 millones de Barcelona, ​​pueden parecer poco, reconoce Markel Ormazabal, de la plataforma Bizilagunekin, “pero la ciudad tiene 190.000 habitantes, una población similar a la del distrito de Sants, y en la ‘Parte Vieja’, donde está toda la presión turística, vivimos sólo 6.000 vecinos “. Aparte de los veraneantes, la capital de Guipúzcoa recibe principalmente un turismo de compras, en forma de miles de franceses que se escapan cada fin de semana, y todo el tejido comercial se ha volcado: “Para que te hagas una idea del volumen de ventas, en 2014 abrió aquí el Zara más grande de España, y rápidamente se convirtió en el que vendía más de todo el mundo “, explica la activista.

En estos momentos, la ciudad está duplicando la capacidad hotelera, para pasar de las 1.100 camas actuales a 2.300 y, en el centro, la reconversión de viviendas en apartamentos turísticos no se detiene: la asociación de vecinos calcula que la ‘Parte Vieja’ pierde 500 residentes cada año. En Donostia, los de Airbnb, cifran en 2.000, mientras que Bilbao, que es el doble de grande, sólo tiene la mitad. “Y, mientras tanto, las rehabilitaciones de viviendas de lujo continúan batiendo récords”, dice el activista de Bizilagunekin; “El otro día se vendieron unos pisos ante La Concha a 22.000 euros el metro cuadrado, el nuevo récord del Estado”.

Con tanta presión urbanística, la ciudad sufre una turistificación de manual, pero tiene la suerte que le faltan dos cartas clave para tener el repóquer turístico entero: cruceros y vuelos de bajo coste. “El aeropuerto de Hondarribia es demasiado pequeño”, explica Markel Ormazabal, “pero ya están estudiando cómo ampliarlo, y ya hace un par de años que se están haciendo pruebas para amarrar transatlánticos en el puerto. La costa del Cantábrico es complicada para barcos tan grandes, pero en Hendaya y en Bilbao ya atracan “. Mientras no resuelven estos pequeños obstáculos, las autoridades lo apuestan todo al tren de alta velocidad, y confían en que la ‘Y vasca’, que conectará Madrid con Bilbao y Donostia y hasta Francia, les llevará aún más clientela. “De hecho, el Gobierno ya cuenta que algunas infraestructuras turísticas, como el Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera, sólo serán rentables una vez haya conexión con el AVE”, dice este vecino.

La ciudadanía de Donostia comenzó a tomar conciencia del problema a raíz de la saturación del verano pasado, y desde entonces han hecho movilizaciones sonadas, como las protestas contra la cumbre anual de la Organización Mundial del Turismo (OMT) que se celebró en la ciudad en mayo pasado y donde 58 colectivos se unieron en concentraciones y marchas de rechazo que acabaron con cargas policiales.Precisamente parece que es el País Vasco donde la justicia española lidera la experimentación legislativa contra las protestas antiturísticas. Ormazabal explica que, el 1 de mayo de 2017, la organización juvenil Erna denunció la precariedad ante un hotel de la ‘Parte Vieja’, y a las identificaciones de la Ertzaintza se sumó un informe de la Policía Nacional española que ha ampliado la causa hasta 18 jóvenes imputados. “Creemos que se está intentando dar cuerpo jurídico al delito de ‘turismofobia’, explica el representante de Bizilagunekin, y cita un artículo de OK Diario’, donde se avanzaba que La Moncloa quiere vincular las luchas antiturísticas a la ‘ kale borroka ‘, enlazando con las protestas de Arran en Cataluña. “Pensamos que el juicio a los jóvenes de Erna, que comenzará ahora, puede ser un experimento para ver si lo consiguen”. Markel Ormazabal también recuerda que, cuando se hizo una rueda de prensa para denunciar las nuevas imputaciones, la policia se presentó de nuevo y el acto terminó con más identificaciones.


Pintadas contra el aumento del precio del alquiler en Lisboa / MORAR EM LISBOA

2. Lisboa, el paraíso de las Golden Visa

La capital portuguesa se ha incorporado tarde a la carrera turística europea, pero actualmente vive una sacudida de dimensiones monumentales. “Para mí es el segundo terremoto de Lisboa”, explica Leonor Duarte, del colectivo Morar em Lisboa. La Exposición Universal de 1998 inauguró el ‘boom’ turístico contemporáneo, y la intervención de la ‘troika’ de 2012, que liberalizó muchos sectores de la economía, ha precipitado el sismo actual.

La ciudad entró en el siglo XXI con el casco antiguo lleno de edificios en riesgo de hundirse y una población muy envejecida. A partir de 2008, se impulsa un plan para rehabilitar los cerca de 5.000 bloques ruinosos, con la esperanza de atraer población joven a una capital que había perdido 300.000 habitantes desde 1970. “Y, para pagar las rehabilitaciones, la Administración impulsó dos programas para captar capital extranjero”, recuerda Duarte. El primero quería llamar el talento creativo internacional y los jubilados europeos, con importantes exenciones fiscales, y el otro es el programa Golden Visa (‘visados ​​dorados’), que otorga permisos permanentes de residencia a extracomunitarios a cambio de inversiones inmobiliarias de 500.000 . De momento ya son más de 6.000 los extranjeros ricos -en un 80% chinos- que los últimos años han comprado propiedades en Portugal para obtener visados ​​para vivir en la UE (y, por tanto, trabajar, estudiar y viajar sin restricciones).

Actualmente, las Golden Visa están en el punto de mira, porque eurodiputadas como Ana Gomes han denunciado que las inversiones a menudo esconden blanqueo de capitales y prácticas corruptas. “Además, es una práctica totalmente anti-UE, eso que el pasaporte comunitario tenga una etiqueta con el precio”, aseguraba la europarlamentaria socialista. Además, muchos de estos nuevos ricos chinos parece que no quieren vivir en Portugal: la compra sería la manera más cómoda de conseguir un pasaporte para poder vivir en Francia o en Inglaterra, donde la obtención de permisos es mucho más complicada. Y, como no residen en Lisboa, estos apartamentos ‘dorados’ acaban engrosando las plataformas turísticas.

Los vecinos coinciden que, con las rehabilitaciones, la ciudad luce mucho más que en 2013, cuando las políticas de austeridad estuvieron a punto de detener por completo la actividad económica, y quizás es este recuerdo tan vivo del colapso lo que hace que los portugueses no vean nada de negativo en la masificación de ahora. “En general, la gente siempre habla bien de los turistas, aunque no puedas subir al metro o el tranvía porque las líneas 28 y 15 están imposibles”, dice Duarte, que también explica que ha tenido que alterar sus rutas a pie para evitar los “muros de turistas” en la Praça do Comércio y Cais do Sodré.

 

Una protesta creativa con ‘trolleys’ por Madrid contra los efectos del turismo / LAVAPIÉS ¿DÓNDE VAS?

3. Madrid, la capital de la especulación

Madrid ha tenido turismo desde siempre; pero, según Carlos Delacalle, de la red Lavapiés ¿dónde vas?,la ciudad escaparate de ahora es producto de las campañas sucesivas -y los fracasos correspondientes- para convertirse en ciudad olímpica, con inversiones estratosféricas que multiplicaron las plazas hoteleras y forzaron la reconversión de un montón de edificios del centro. De hecho, según el activista, la gran productora de beneficios a la Comunidad de Madrid ha sido la intermediación inmobiliaria, es decir, las transmisiones y los procesos especulativos, a menudo con la participación de fondos buitre: “En Madrid situaban los hoteles como la mejor forma de inversión, con plazos de amortización de 7 u 8 años y rendimientos de entre el 8% y el 12%. Y así es como se marcan los objetivos y las políticas públicas”.  En Lavapiés, el barrio de la activista, los programas públicos para rehabilitaciones no fueron hacia los bloques de vecinos que más lo necesitaban, sino para abrillantar aún más la “Milla de Oro” cultural, con la ampliación del Museo Reina Sofía , la construcción del Teatro Nacional Valle-Inclán y la instalación de la UNED. Y, con un barrio tan pulido, los usos turísticos se han propagado sin fin.

“Por ahora, Lavapiés vive una situación dual”, explica Delacalle; “Por un lado, se promueve que venga gente chic, profesionales liberales o extranjeros ricos que buscan un barrio ‘guay’, y, por otro, se expulsa y se invisibiliza el vecindario de siempre, de un nivel socioeconómico bajo “. En la actualidad, Lavapiés está incrementando los propietarios extracomunitarios, pero ya no son los extranjeros pobres que vivían, sino gentrificadores europeos, estadounidenses y de la élite latinoamericana, y esta nueva aristocracia rara vez hace vida de barrio; sencillamente, compran propiedades para cuando visitan la metrópolis, y el resto del año las rentabilizan en Airbnb. Se calcula que hay unos 13.000 pisos turísticos en la capital española, que con la moratoria conseguida gracias a las presiones de las entidades vecinales habrían pasado a ser ilegales: la legislación establece que, para que sea legal, cualquier vivienda de uso turístico -hotel, apartamento, hostal, albergue- debe tener un acceso independiente desde la calle, lo que de facto deja fuera de la ley la mayoría de apartamentos por Internet. “Pero el Ayuntamiento ha estado pensándolo un año y medio y durante la gestación de esta moratoria Lavapiés ha pasado de 200 a 3.000 viviendas de uso turístico fraudulentos”, se queja el activista.

Para concienciar a los madrileños de lo que esconde la turistificación, los activistas de Lavapiés ¿dónde vas? han organizado varias protestas sonadas. En junio del 2017 empapelaron  la zona con carteles diciendo que buscaban una tal Raquel, una chica que alquilaba su piso a Airbnb. “Miradas con ojos inocentes, estas plataformas hacen ver que son vecinos como tú, los que alquilan habitaciones para llegar a fin de mes”, explica Delacalle. La ‘performance’ sirvió para desenmascarar que la tal Raquel alquilaba más de 100 pisos en la ciudad, y que en realidad era el rostro bajo el cual trabajaba la empresa Friendly Rentals Madrid, propiedad del primer grupo hotelero mundial Wyndham Worldwide. También crearon un hoteler mundial Wyndham Worldwide. També van crear un decálogo de los derechos del turista, entre los que se incluye el derecho a tener un Starbucks cada cuatro manzanas, y promocionar estos mandamientos con la primera manifestación de turistas de la historia. Por un día, los vecinos se disfrazaron de su pesadilla diaria, y se dedicaron a perseguir a los turistas de verdad arrastrando maletas ‘trolley’.

Una explicación en inglés para que los turistas conozcan las consecuencias de la turistificación / CIUTAT PER A QUI L’HABITA

4. Palma: ” La avarícia rompe el saco”

Mallorca tiene una larga historia de construcciones hoteleras polémicas y vulneraciones de la Ley de costas, pero la gota que ha colmado el vaso es la moda de los apartamentos turísticos ilegales. En toda la isla hay más de 15.000, y, según los colectivos críticos, el 90% de los 3.000 pisos de Palma son ilegales. “La gente hace lo que quiere, construye en suelo rústico, levanta casas ilegales y con piscina … Ven que les sale rentable construirlas y alquilarlas: aunque la justicia les haga demolerlas al cabo de 10 o 15 años, les salen los números “, explica Carolina Martínez, portavoz del colectivo (Ciudad para quien la habita) Ciutat per a qui l’habitaSegún la ley, las sanciones podrían ser de 40.000 euros, pero no hay control ni suficientes inspecciones y multas.

Como en el resto de ciudades de este artículo, el rendimiento económico extremo de los pisos turísticos dispara los alquileres y expulsa los vecinos de los barrios. “En Palma ya tenemos más desahucios por alquileres que hipotecarios, y eso sin contar los desahucios silenciosos”, dice la portavoz. En muchos casos, las subidas anuales son del 100% o directamente te niegan la posibilidad de renovar el contrato, ya que hay cientos de alemanes, ingleses o noruegos listos para comprar propiedades sin despeinarse: “Vienen atraídos por titulares como “Palma: the best place to live in the world”  según el ‘Sunday Times’, e invertir les sale muy a cuenta, sobre todo ahora que el interés bancario está bajísimo “, explica la portavoz. Y, ante compradores con una renta tres veces mayor, los mallorquines tienen una situación muy complicada.

Además, en Mallorca el problema se cronifica por el simple hecho de ser una isla. “Aquí no tenemos suburbios ni periferia donde ir si te expulsan del centro, porque toda la isla sufre la turistificación”, explica Carolina Martínez. Y esto tiene un coste social elevadísimo, no sólo para los vecinos desahuciados, sino para toda la sociedad: “En Ibiza, por ejemplo, los médicos ya no quieren ir a trabajar, porque no se pueden permitir pagar allí una vivienda . Y los profesores también: algunos pedían poder dormir acampados en tiendas porque, con sus salarios, la vivienda en la isla es imposible. Y en Formentera las mismas ofertas de trabajo ya te ofrecen dormir en habitaciones compartidas “. Según Ciutat per a qui l’habita, con este problema habitacional tan grande, pronto no habrá gente para garantizar los servicios públicos.

Además, la insularidad también provoca que el impacto de este turismo sea desorbitado medioambientalmente hablando. “Como que en verano la población se duplica, aquí todas las infraestructuras deben estar hechas con esta previsión: carreteras y accesos a las playas, electricidad, que nos hace falta el doble -y, para generar, debemos quemar carbón, aún hoy en día! -, y también se necesitan desaladoras para el agua, que deben estar continuamente en funcionamiento, incluso los meses de invierno, porque, si no, se estropean. Todo ello significa un coste desmesurado para la población residente para el disfrute de la población flotante “, explica Martínez. Y aquí hay que añadir el impacto de los cruceros, que en el pico del verano pueden ser 8 o 9 diarios.“Y no es sólo que saturen determinados barrios, sino la contaminación: en el puerto han atracado cruceros que en 3 días contaminan más que un pueblo mallorquín todo el año”, añade.

Turistas cruzando el puente de Rialto en Venecia / STEFAN JURCÁ

5. Venecia: decrecer o morir

Y, por último, Venecia. Vista desde sus competidoras, Venecia es la pesadilla turística definitiva, el primer parque temático urbano, la distopía donde nadie quisiera llegar. Desde 1980, la ciudad que inventó el monocultivo turístico ha perdido la mitad de los habitantes, y los 54.078 resistentes actuales decrecen a un ritmo de 1.000 menos cada año. Sin embargo, Venecia es un hervidero diario debido a los 30 millones de turistas que pasean por los canales, llegados por tierra (trenes y autocares), por mar (500 cruceros anuales) y por aire (con cientos de vuelos diarios a los aeropuertos de Treviso y Marco Polo, el cuarto con más tráfico de Italia).Sin embargo, el problema verdadero que ahoga la ciudad son los ‘day-Trippers’, los excursionistas de un solo día. Se calcula que 3 de cada 5 turistas no duermen en Venecia, y, por tanto, la saturan sin hacer mucho gasto. “Todos hacen lo mismo, se retratan en San Marco y en Rialto, se comen un bocadillo y compran dos o tres suvenires baratos”, explica Catalina Borelli, miembro de la OPA, la Officina di Pensiero ed Azione. Muchos de estos mochileros también duermen en Maestro, donde el último año se han construido 3 ‘hostels’ gigantescos, con camas a 9 € la noche y con capacidad para 8.000 ‘mochileros’. “Los desembarcan en grandes barcazas y los pasean por la ciudad en grupos de 70 o 100 personas, por lo que crean atascos imposibles en una ciudad que es laberíntica y llena de callejuelas, como su barrio Gótico”, explica Borelli.

Para intentar controlar los flujos masivos que suponen excursionistas y pernoctantes, Venecia ha estrenado este año los polémicos turnos, que deberían restringir la entrada los días de abalanchas ‘mochileras’, pero los colectivos críticos encuentran que son un fracaso anunciado. “Los turnos no cierran la ciudad; sólo cierran el paso de determinadas rutas cuando hay saturación. Pero el turista que ya está aquí no volverá a casa, por lo que se desvía por otros callejones. Los turnos no son ninguna solución; sólo son propaganda, y lo que han conseguido es que las zonas que hasta ahora se salvaban de la saturación empiecen a estar invadidas “.

El monocultivo turístico ha alterado tanto la vida de los venecianos que el comercio de proximidad ya ha pasado a mejor vida y la mayoría de tiendas se ha encarado a vender cristales de Murano ‘made in China’ o cortes de pizza para llevar. “Hay cosas como la ropa para niños pequeños, por ejemplo, que ya no puedes encontrarlas en Venecia, y tienes que ir a Maestro o comprarlas por Internet”, explica Catalina Borelli. Los venecianos tienen perfectamente localizados los bares para turistas, donde las estafas son habituales, como el local que dio la vuelta al mundo para cobrar 1.000 euros a unos japoneses para servirlos cuatro bistecs, y en privado reconocen que hay un circuito de dobles precios, con tarifas especiales para el vecindario.

Esta veneciana niega que se haya superado el punto de no retorno, y bromea sobre una posible solución del problema: “Con los amigos decimos que estaríamos dispuestos a sacrificar la zona de San Marcos si pudiéramos salvar el resto”. Hablando en serio, desde la OPA tienen algunas ideas interesantes para revertir la masificación. La primera es el decrecimiento, con políticas a largo plazo: “Se podría empezar dejando de dar nuevas licencias a tiendas turísticas, apartamentos y hoteles, y, a medida que les vayan caducando las licencias actuales, irlas retirando, poco a poco “. No creen en cuotas cerradas de turistas que elitiza la ciudad, pero reclaman un control más estricto de las infraestructuras, porque ampliar puertos y aeropuertos sólo abre el grifo al turismo masivo. Por último, Borelli defiende que hay que promover la residencialidad, es decir, hacer políticas de promoción de la vivienda para atraer nuevos venecianos. Ella apuesta por retener el talento de los miles de jóvenes que estudian en la Universidad de Ca ‘Foscari, en el Gran Canal, y crear nuevos puestos de trabajo que no dependan del turismo: “De fábricas, no podemos construir, en Venecia, pero en el siglo XXI sería posible activar una economía a distancia, que trabajara de manera digital ”

http://www.elcritic.cat/reportatges/cinc-lluites-contra-el-turisme-extractiu-al-sud-deuropa-24168

Traducción del catalán: Teresa Abril
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