Proyectos de vivienda colectiva y relaciones humanas

 

No atender las relaciones humanas en proyectos de vivienda colectiva es casi una irresponsabilidad

Jordi de Miguel (amb el suport de Sostre Cívic), 27.09. 2018

 

No sólo planos y plazos. La cohesión de grupo y la confianza, el consenso de un modelo de convivencia y el establecimiento de mecanismos de toma de decisiones y espacios de cuidados, entre otros, son factores fundamentales para que un proyecto de vivienda colectiva llegue a buen puerto. Es por ello que, a menudo, el acompañamiento de entidades especializadas en facilitación de grupos y resolución de conflictos es clave. ¿Qué tipo de intervención realizan estas entidades? ¿Con qué expectativas individuales y colectivas se encuentran en los grupos? ¿Qué tensiones afrontan habitualmente? De todo ello y de su experiencia, hemos hablado en la Lleialtat Santsenca con las facilitadoras Neus Andreu, de la cooperativa Fil a l’Agulla, y Eugènia Boada, de la asociación Matriu.

Eugènia Boada, de Matriu, i Neus Andreu, de Fil a l’Agulla, a les escales de la Lleialtat Santsenca / SANDRA LÁZARO

¿Por qué es particularmente importante la intervención de entidades como las suyas en proyectos de vivienda colectiva?

Neus: Uno de los factores de fracaso más importantes en proyectos de vivienda colectiva tiene que ver con las relaciones humanas. No atenderlas, cuando tu proyecto está centrado en la convivencia, es casi una irresponsabilidad. No debe ser siempre desde entidades como la nuestra, hay gente que lo hace de forma autogestionada, pero hay que prestar atención. ¿Cómo puedes construir un modelo que es divergente del que vienes si no le pones atención a qué relaciones quieres establecer y sobre todo a qué herramientas te permitirán resolver los problemas de una manera diferente? El apoyo externo puede ayudar porque, no necesariamente, tienes esta manera de funcionar incorporada.

Eugènia: Además, si previamente al proyecto arquitectónico (o en paralelo, o cuando los tempos lo permitan) no se trabaja sobre los valores o la visión compartida del proyecto, habrá menos contenido a traspasar a la arquitectura. El modelo de convivencia se puede trasladar de muchas maneras al espacio. Si te imaginas cenando cada día juntas imaginarás la cocina y el espacio de encuentro de una manera. Si cuando entras en casa quieres tener un espacio de intercambio y compartir cómo ha ido el día, pensarás en otra disposición del espacio. No trabajar estos valores colectivos de entrada hace que se pierda una riqueza en este construir otros modelos arquitectónicos que pasa por mirarse en el interior y preguntarse colectivamente que se quiere.

¿Nos sorprendería la cantidad de proyectos que se han iniciado sin priorizar este tema?

N: En el libro ‘Crear una vida juntos’, Diana Leafe dice que sólo un 10% de las experiencias que recogió en EEUU prosperó. Este 10% estaba formado por proyectos liderados por entre una y cinco personas que habían comenzado estableciendo una visión de proyecto muy clara, a la que después se habían adherido otras personas. En todas las experiencias que se sostenían, los participantes tenían una visión clara y muy concreta de lo que los unía.

E: A menudo los grupos tienen mucha prisa por tocar planos y ver cómo será la casa. El reto es cómo combinar los tempos de la arquitectura con los de la normativa, la financiación, la administración …. es una bomba de relojería. Con esta sensación de prisa que ya tienen, no siempre somos bien recibidas cuando llevamos al grupo la necesidad de parar y ver quiénes somos, cómo hemos llegado hasta aquí, cuáles son las líneas maestras del proyecto y cuál es nuestra razón de estar juntas.

¿Idealmente, cuál debería ser el primer paso para empezar a trabajar con el grupo?

E: Leafe dice en el libro que menciona Neus que lo ideal es no tener ninguna prisa para ir a vivir juntas. Habla de procesos de creación de visión común de cinco a diez años de duración, para interiorizar y tomar las decisiones de forma consensuada, partiendo de las necesidades profundas que mueven cada una de las personas. Pero no siempre es posible, claro.

N: ¿Cuando habría que empezar a tener en cuenta la vertiente relacional de visión y de expectativas? Desde el minuto cero. ¿Qué metodologías utilizar para tenerla en cuenta? Esto ya es una discusión más larga. A veces necesitas apoyo externo, a veces los grupos se autogestionan y lo hacen muy bien. Pero siempre es importante hacer énfasis en la visión compartida. Si estos procesos se viven como una penitencia quizás es que no se tienen tantas ganas de ir a vivir con gente. Actualmente, sin embargo, hay mucha más conciencia de la importancia de esta vertiente en el mundo del tercer sector y esto también se ve en los proyectos de vivienda colectiva.

¿Con qué expectativas individuales y colectivas os encontráis habitualmente?

E: Lo que nosotras nos encontramos es que a menos visión colectiva, la gente apuesta más por los espacios privativos-individuales. La visión colectiva también se basa en que haya confianza en querer crear algo conjunto. Tú no querrás tender tus braguitas junto a las de tu vecina si no la conoces un poco. No es para dar más peso a lo colectivo y oprimir lo individual, pero para buscar el equilibrio del grupo y que esto se traslade a una arquitectura que pueda ser sostenible con lo que quiera el colectivo, hay un espacio de tiempo que es diferente en función de cada grupo humano o del momento de la vida. Si no hay una mínima chispa o espíritu de grupo la gente quiere su casa más grande. Y eso está muy bien, pero ya es otra cosa.

N: En el caso de proyectos en los que se dispone de metros cuadrados muy limitados, todo el mundo, a priori, quiere los máximos posibles. Pero tú no debes pensar que tu piso tendrá 50 metros cuadrados sino 400, porque los 20 de menos que tengas en tu espacio privado los tendrás en una sala común donde tus hijos podrán jugar con más amplitud, etc. Este es el cambio de chip que a veces hacen los grupos con el acompañamiento, pero no es un cambio de chip evidente, ni siquiera para personas con una ideología muy fuerte y marcada. Si no hay relaciones de confianza, si yo no sé quién eres, barro para casa.

¿En la práctica, en qué consisten las primeras dinámicas de grupo?

N: Por ejemplo, primero hacemos que de forma individual todo el mundo piense qué usos de la vivienda quisiera compartir seguro, cuáles no y cuáles quizá. Así empezamos a dibujar consensos y disensos, a ver las líneas rojas, la flexibilidad … Esto ayuda a hacer un mapa de lo que estamos hablando. Piensa que, a veces, cuando haces la pregunta, mucha gente ni siquiera lo había pensado. A veces decimos que queremos vivir colectivamente pero no sabemos por qué, qué experiencias de vida nos llevan a querer esta opción. Yo he acompañado mucho a la gente a preguntarse a sí misma: ¿en tu vida cómo has acabado aquí?. A veces hay quien ha tenido experiencias colectivas muy bonitas pero hay quien acaba allí porque la experiencia con su familia ha sido muy traumática y su sueño es encontrar la familia que no ha tenido nunca. Es muy importante que la gente asuma la responsabilidad de los motivos por los que está buscando esta opción, revisar las expectativas, revisar que proyecta y que carga al proyecto. Si yo no he tenido una familia y no me siento querido, tengo que trabajar mi autoestima, más allá de buscarme una comunidad. Si no, le pongo demasiada carga al colectivo, que no la puede asumir ni puede sanar porque lo trasciende. También hay gente muy política y racional que busca una manera sostenible de funcionar y tener vínculos muy potentes con la gente no es lo que más le interesa. ¿Pero tú sabes que deberás meter la ropa en el mismo lugar que esta señora que quizás no te cae bien? ¿Qué harás entonces? Si no eres consciente de tus razones no asumes responsabilidades por tus errores y cuando las cosas empiezan a ser diferentes de tu gran sueño entramos en la fase en la que nosotras intervenimos: la fase de confrontar.

Aparte de contribuir a generar valores y visiones comunes, a menudo ayudáis a establecer mecanismos de toma de decisiones colectivas.

E: Muchas veces, por necesidad, hemos tenido que empezar nuestra intervención por la organización interna del grupo. Nos hemos encontrado con grupos de mucha gente que no se conoce debiéndose poner de acuerdo, así que hemos trabajado paralelamente el modelo de convivencia y el cómo quieren funcionar: qué queremos y cómo funcionamos son dos facetas con muchos vasos comunicantes. ¿Cómo consensuamos cómo se tomarán las decisiones que afectan al grupo? .¿Cómo será la gobernanza y el marco compartido para tomar decisiones?.

N: Si las decisiones no se toman con sensación de legitimidad, comienzan a emerger los liderazgos, y se empiezan a constelar las dinámicas de poder. Si tú no has ideado un sistema de toma de decisiones que de alguna manera pueda neutralizar y regular el uso espontáneo del poder, empiezas a acumular falsos consensos, dificultad en la fluidez de los liderazgos, gente que no se siente libre de decir lo que piensa y siente, resentimientos y conflictos a largo plazo. La mayoría de proyectos en los que hemos intervenido tenían mecanismos de toma de decisiones bastante formales pero no  tenían para gestionar el reino de las emociones y los sentimientos: como estamos personalmente y en relación con los demás. Tener un espacio de descompresión y de compartir no sólo te ayuda a prevenir los conflictos sino que también te ayuda a hacer comunidad. Hay gente que dice que esto debería ocurrir espontáneamente, pero espontáneamente no pasa nada. Espontáneamente tú te mueves por dinámicas e impulsos no necesariamente limpios. La espontaneidad es una excusa barata para hacer de segunda una cuestión de primera.

¿Y qué acaba surgiendo de este debate?

N: Normalmente la herramienta concreta que se crea acaba siendo un espacio formal donde poder expresarse a otro nivel y formación para poder gestionar este espacio.

E: Habitualmente, en los grupos que empiezan, se crea una comisión de convivencia, cohesión o cuidados. Nuestra intervención tiende a asesorar estas comisiones más que a intervenir directamente en el grupo. Este espacio pasa a ser un espacio de observación de la atmósfera del grupo, donde nosotras aportamos la mirada externa.

¿Como trabaja la perspectiva de género en las formaciones?

E: Es un reto muy grande. A propósito de lo que decíamos ahora, te das cuenta que son las mujeres las que impulsan estas comisiones de cuidados. Y que en las comisiones de arquitectura, de economía y de participación, hay más presencia de hombres. Políticamente, hay muchas ganas de poner energía pero cuando te encuentras con la realidad … Trabajar en ella significa asumir que necesitaré un esfuerzo y que me harán daño cosas.

N: Creo que empieza a haber condiciones para entender que cuidar la cuestión del género interpela todos los hombres y que estamos hablando de prácticas y dinámicas también sutiles. Hay hombres que piensan que no tienen nada que aprender en relación a este tema. No es fácil para los hombres hacer frente a esta realidad: a veces tienen muchos puntos ciegos y fomentan dinámicas machistas, pero cuesta mucho que lo reconozcan.

Imagino que en proyectos de vivienda colectiva que empiezan se deben visibilizar de forma muy clara estos puntos ciegos.

E: Se ve ya en el reparto de tareas en una asamblea: quien toma acta, quien está pendiente de que todo se haya entendido, quien está disfrutando de turnos de palabra … nuestro papel a menudo es visibilizar esto. Lo ponemos sobre la mesa porque desde nuestra perspectiva de facilitación sentimos el compromiso de hacerlo. Pero, al mismo tiempo, no sabemos hasta qué punto el grupo quiere asumir esta responsabilidad en un proceso en el que se están conociendo.

N: Es un tema que a menudo necesita apoyo externo, porque levanta ampollas, lleva mucho dolor detrás. También es importante decir que el género siempre intersecciona con otras discriminaciones. A menudo en proyectos de covivienda se ponen de manifiesto cuestiones que tienen que ver con el dinero y la clase social, por ejemplo.

¿Hay diferencias entre grupos formados por amigos, por ejemplo, y otros creados expresamente entre gente que no se conocía antes? A priori podría parecer que en los primeros todo fluirá mejor …

N: Teniendo en cuenta la dificultad que siempre representa, la afinidad y la estima ya construida, a priori, ayuda mucho en momentos difíciles. También puede complicar las cosas, porque tienes una relación más compleja, no es un tema facil . A veces a un grupo le puede ir bien no conocerse.

E: Cada grupo es un mundo. La existencia de un lazo afectivo hace que no seas tan inflexible con ciertas cosas, porque la relación personal pasa por delante del proyecto. También nos ha pasado que nos han pedido ayuda grupos consolidados, quizás no con relaciones muy estrechas pero con una cierta identidad, que en un determinado momento han detenido el proceso porque había un conflicto irresoluble, acompañado de un gran sentimiento de frustración y estancamiento . En algunos casos los hemos ayudado a reconfigurarse o a disolverse, porque se ha encontrado una línea roja y estaban visualizando dos proyectos muy diferentes. Nuestro reto es transmitir y poner valor a que cuando más se detalla la propuesta se tiene más claro si seguir o no. A veces en grupos que no se conocen hay una dificultad en entender que no se han juntado porque se quieren. Que quizás se acabaran queriendo con alguién o no, pero que lo que se va creando está en evolución y puede que haya bajas. Estas bajas, a  menudo, se viven como un fracaso del proyecto, pero no lo son. Simplemente una persona ha decidido que no le interesa y está bien. La tensión individual-colectivo siempre está en evolución y tampoco hay tantos modelos claros y consolidados que funcionen como para cogerlos como referentes.

Traducción: Teresa Abril

https://www.elcritic.cat/blogs/sostrecritic/2018/09/27/no-posar-latencio-en-les-relacions-humanes-en-projectes-dhabitatge-collectiu-es-gairebe-una-irresponsabilitat/

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