El modelo de cesión de uso, la apuesta actual de las cooperativas de vivienda

Los nuevos proyectos se inspiran en los modelos nórdicos para fomentar el acceso a la vivienda mediante fórmulas alternativas a la compra o alquiler.

 

Laia Farrera (Barcelona), 27,10,2018

Las nuevas formas de cooperativas de vivienda se configuran como una alternativa a la compra y al alquiler tradicionales conjugados con el impulso de la colectividad.

A finales del mes de julio, los primeros inquilinos del número 49 de la calle de la Princesa de Barcelona se empezaban a instalar en el edificio después de un proceso de más de tres años de planteamiento colectivo de rehabilitación.

 

La particularidad de este proyecto es que se trata de la primera iniciativa de vivienda cooperativa de la ciudad en la que el Ayuntamiento de Barcelona, ​​propietario del edificio, permite a los vecinos y vecinas del barrio habitar en régimen de cesión de uso (MCU) a 75 años, a cambio de una rehabilitación integral. Princesa 49, La Borda, La Balma, El Catllar o Trabensol, entre otros, son algunas de las experiencias de vivienda cooperativa en cesión de uso que han irrumpido en los últimos años como una alternativa de acceso a la vivienda basada en el interés social, la autogestión y la vida comunitaria.

El concepto de cooperativismo de vivienda en España no es nuevo en sí mismo, pero sus formas han ido evolucionando con el tiempo. En los años sesenta nacían como alternativa a la especulación de los promotores privados y la dejadez del franquismo hacia los barrios y las clases populares. Muchas personas llegadas de diversos puntos del Estado para trabajar en las ciudades encontraron en las cooperativas de vivienda un instrumento de ayuda mutua y solidaria entre la vecindad para comprar el suelo, construir viviendas y promover otras cooperativas de servicios e iniciativas sociales para mejorar las condiciones de vida de sus miembros y, también, de las personas del barrio.

Un ejemplo es la Cooperativa Obrera de Viviendas (COV) de El Prat de Llobregat, que se ha convertido una de las cooperativas de referencia en Cataluña por la continuidad, la innovación y la intercooperación. Hoy día, la COV es una de las pocas que no se disolvieron una vez los vecinos y las vecinas accedieron a las viviendas, y se ha ido adaptando a las necesidades que se planteaban en la vida de las familias socias. En un primer momento, se apostó por la construcción directa y, por tradición y debido a la mentalidad de la época, por los pisos de propiedad, aunque después algunos han podido pasar al alquiler.

«Somos una sociedad en la que el concepto de propiedad estaba (y está) bastante arraigado y, por ello, la gente creaba este tipo de cooperativas, aunque tenían la limitación que, una vez se adjudicaba la vivienda, la entidad sólo gestionaba las áreas comunes, como el portal y la azotea », explica Francisco Merino, investigador y director técnico de la Federación valenciana de Cooperativas de Viviendas (FECOVI). «Lo que se busca con los modelos que han ido surgiendo en los últimos años es, por un lado, retener la propiedad del edificio en la colectividad, en la cooperativa y, por otro, aprovechar las capacidades del entidad colectiva para democratizar la gestión de las viviendas entre las personas que forman parte, más allá de estos espacios comunes ».

El modelo de cesión de uso, también conocido como modelo Andel, ya hace años que se aplica en algunos países del norte de Europa, donde la cultura de la propiedad de la vivienda no tiene un arraigo tan fuerte. En Alemania, Suecia y Dinamarca -y, en especial, en Copenhague, donde uno de cada tres habitantes vive en una vivienda en régimen de cesión de uso-, esta forma de acceso a la vivienda ya tiene unos treinta años de vida .

Una opción de vida

Aunque no es la única fórmula existente, el modelo de cesión de uso (MCU) es una alternativa para alejarse del régimen de compra o alquiler pero que, además, se configura como una opción de vida y una manera de luchar contra la especulación inmobiliaria que, en los últimos tiempos, ha ido expulsando los vecinos de sus barrios, sobre todo en las ciudades. Uno de los rasgos diferenciales de este modelo es que la propiedad del inmueble no es pública ni privada, sino que está en manos de la cooperativa. Así, se evita la especulación ya que la venta de la vivienda de forma individual no es posible. Además, el modelo estimula la participación y la gestión democrática de los residentes y de los socios de la cooperativa, a diferencia de los modelos de propiedad pública en la que, a pesar del interés general que se les supone, no existe la práctica participativa.

Por otra parte, la cesión de uso se encuentra a caballo entre la compra y el alquiler. La vivienda está considerada como un derecho, un bien de uso y no una inversión, por lo que se puede disfrutar de manera indefinida o por un período de tiempo muy largo. En esta fórmula se firma un contrato similar al de alquiler, en el que la cooperativa titular cede el uso de la vivienda al socio. Se pide una inversión inicial moderada y el pago de cuotas mensuales estables (que pueden ser decrecientes), derivadas de los costes de adquisición, mantenimiento y funcionamiento de la cooperativa, pero en ningún caso de mercado.

El periodo de vigencia del derecho de uso es indefinido o por el plazo que disponga la titularidad del inmueble, por lo que se garantiza el desarrollo de un proyecto de vida propio sin sufrir por una mudanza forzada. Así, para los residentes, el modelo es mucho más estable que un alquiler, pero más flexible que la compra. Otra de las características de este modelo es que los futuros residentes participan en todo el proceso de promoción, por lo que se fomenta la corresponsabilidad y se promueve un proceso de apoderamiento. Por otra parte, la propiedad colectiva abre la posibilidad de compartir espacios comunitarios, que normalmente no se tendrían en viviendas particulares. Además, la estabilidad que proporciona la cesión de uso favorece el arraigo de los usuarios en el barrio o en la comunidad donde se desarrolla el proyecto.

El papel de la administración

En España, el agotamiento del suelo -sobre todo en las ciudades-, la falta de un parque de vivienda pública y de edificios reformables a un precio accesible hacen que el papel de las administraciones sea clave como propietarias de los espacios. Así es como Princesa 49 se convierte en un proyecto pionero, con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona, ​​y que otras administraciones, como la Generalitat Valenciana, lo toman como referencia para crear vivienda asequible y permanente desde una iniciativa privada y sin ánimo de lucro. «Así se reduce el gasto público en vivienda, ya que la gestión se cede a la cooperativa», explica Merino. «Además, no se pierde el suelo público: se cede a la cooperativa durante 75 años, con posibilidad de prorrogarse; en caso de que no fuera así, el beneficio revertiría igualmente en la administración para que los edificios ya rehabilitados ampliarían el parque de vivienda pública y tendrían garantizado un acceso justo al inmueble », añade.

Los retos

La formación del grupo es uno de los elementos clave del proceso para llevar a cabo un proyecto de vivienda cooperativa, ya que es el motor. Hay que construir el grupo de manera sólida y darse el tiempo necesario para hacerlo, dado que implicará compartir tiempo, trabajo, energía y, naturalmente, también el espacio de residencia. «Evidentemente, esto es diferente de una vivienda convencional en el que tú entras y te ocupas únicamente de tu piso. Aquí lo tenemos que resolver todo entre nosotros », explica Manel Armengol, uno de los inquilinos de Princesa 49. Y añade:« El dinero de alquiler que quizás nos ahorramos los tenemos que suplir con la colaboración con los demás, y por eso hemos estar atentos a mantener un buen clima entre nosotros para que todo funcione correctamente ».

https://www.diarijornada.coop/actualitat/20181027/model-cessio-us-aposta-actual-de-cooperatives-habitatge

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