Cooperativismo arraigado en el territorio

 

La Generalitat de Cataluña impulsó la red de ateneos cooperativos en 2016

 

Andreu Merino (Barcelona) 27,10,18

De los 14 ateneos que existen actualmente, algunos hace un año que funcionan y otros hace dos que están en marcha. Su objetivo, hacer crecer el cooperativismo y la economía social y solidaria en su entorno más inmediato. El auge del mundo cooperativo y de la economía social y solidaria en Cataluña dependerá, en buena parte y durante los próximos años, de la tarea de los ateneos cooperativos.

En toda Cataluña hay 14 en funcionamiento. Se trata de los ateneos: Alt Pirineu y Aran, Barcelonès Nord, Baix Llobregat, Cataluña Central, Maresme, Terres de Girona, Terres de l’Ebre, Vallès Occidental, Vallès Oriental, Coòpolis Barcelona, CoopCamp-Tarragona, La Colectiva-Hospitalet, el Coopsetània-Penedès-Garraf y el Ponent Coopera-Lleida. Entre todos suman más de 120 entidades sociales, cooperativas y entidades locales involucradas, algunas de las cuales están en funcionamiento desde octubre de 2016, a raíz de la primera campaña de financiación de los ateneos impulsada por la Generalitat de Cataluña, y otros están en marcha desde hace un año. En ambos casos, los ateneos ya han empezado a hacer balance del trabajo realizado hasta ahora y los retos que tienen por delante.

Ejes de trabajo

Los 14 ateneos cooperativos se integran en el programa ARACOOP, promovido por la Generalitat de Cataluña y financiado por el Ministerio de Trabajo.

Entre los ejes de trabajo en los que se basan está el mapeo y la diagnosis del mundo cooperativo en cada territorio. También el apoyo y el acompañamiento a las cooperativas que ya están funcionamiento y los proyectos que se quieren iniciar. Por otra parte, también asesoran asociaciones y otros colectivos, como por ejemplo grupos de consumo, que más adelante pueden convertirse en cooperativas. Una de las líneas de trabajo también es potenciar que empresas que están a punto de cerrar, sea por una jubilación o por pérdidas económicas, mantengan su actividad en una forma jurídica de cooperativa.

La formación también es parte importante del trabajo de los ateneos y es por eso que sus miembros hacen formación a estudiantes de secundaria, bachillerato y ciclos formativos, así como al personal docente. Aparte de estudiantes y maestros, también se forman profesionales de la administración pública y el ámbito privado. «Hemos detectado que en gestorías y asesorías hay desconocimiento del mundo cooperativo y esto dificulta el acompañamiento que se pueda hacer a personas interesadas en la economía social», dice Laura Rafecas, miembro de Coopsetània-Penedès-Garraf.

¿Por qué una economía social?

Por encima de los ejes de trabajo concretos, los ateneos cooperativos tienen un gran objetivo: el fomento de la economía social. «Defendemos un modelo económico alternativo en cuyo centro no estén los beneficios, sino las personas», defiende Rafecas. «Hay una serie de demandas sociales a las que el sistema capitalista no responde», apunta Berta Serra, miembro del ateneo cooperativo del Vallès Occidental. «Tiene que haber alternativas al capitalismo, y alguien que fuerce el capitalismo a moverse y facilite el empoderamiento de la gente», añade.

Tanto Rafecas como Sierra defienden que, a través del cooperativismo, la economía social puede ser una herramienta para la creación de puestos de trabajo. «Las empresas de la economía social y solidaria han resistido mucho mejor las crisis que las empresas capitalistas, representan una forma de creación de empleo estable», asegura Rafecas. Por su parte, Serra defiende que las empresas cooperativas son más «resistentes» y también menos precarias. «Las cuentas son transversales y deben estar al alcance de todos los trabajadores», dice.

Sin embargo, Sierra reconoce que en Cataluña la mayoría de cooperativas existentes son pequeñas. Aunque defiende la necesidad de conseguir un mercado laboral cooperativo, explica que se trata de una meta que requiere un proceso lento.

¿En paralelo o contra el capitalismo?

Actualmente buena parte de la financiación que reciben los ateneos cooperativos proviene de la administración pública. «La financiación privada debería ser el camino para no depender tanto de las instituciones; sería deseable que pudiéramos financiarnos con federaciones de cooperativas y cooperativas de cada territorio, por ejemplo », apunta Rafecas, mientras que Serra se expresa en términos similares: «Deberíamos crear unas estructuras que se mantengan más allá del dinero público».

Aparte de la relación con las administraciones públicas, el mundo cooperativo también afronta el debate de lo que supone la economía social en relación al capitalismo. Dicho de otro modo, ¿se trata de un modelo económico alternativo o de una herramienta de lucha contra el sistema económico imperante? «No hay que dejar de lado la reivindicación contraria al capitalismo y sólo dedicarnos a hacer lo que nos sentimos nuestro, porque no llegaremos nunca a toda la sociedad», argumenta Serra.

Por su parte, Rafecas considera que la clave no es «confrontar» sino «trabajar en red y intercooperar». «El objetivo es que la economía social tenga más peso y que cada vez más gente opte por un consumo más responsable», afirma.

Intensificar la pedagogía

Los debates en el seno de la economía solidaria no sirven sólo para resolver cuestiones en un marco teórico; también marcarán el rumbo del crecimiento de este modelo económico y de cómo se haga pedagogía. Dan fe los miembros de los ateneos cooperativos que, para persentarse en sociedad han tenido que hacer un trabajo intenso. Ahora empiezan a recoger los primeros frutos, pero la formación sobre el significado del modelo económico que defienden, dicen, debe ser constante, sobre todo para encarar las contradicciones a las que se puede enfrentar el modelo que defienden.

«Ahora se habla del boom de la economía social y solidaria y del cooperativismo, y esto también es un peligro, porque se puede pervertir», afirma Sierra. «Por ejemplo, el cooperativismo no puede ser sustitutorio de los servicios públicos», añade.

Por su parte, Rafecas habla de la necesidad de dotar de significado propio conceptos y términos que también son frecuentes en el día a día del sistema capitalista. Por ejemplo, la emprendeduría. «Emprender en sí mismo significa iniciar un proyecto, un negocio o una actividad; puede ser en clave de obtener un máximo beneficio con independencia de como lo haces o puede ser emprender en clave cooperativa », dice la miembro de Coopsetània-Penedès-Garraf.

Así pues, los ateneos cooperativos en el Alt Pirineu y Aran, en el Barcelonès Nord, el Baix Llobregat, en la Cataluña central, en el Maresme, en Terres de Girona, en Terres de  l’Ebre, en el Vallès Occidental, el Vallès Oriental , en Barcelona, ​​en el Camp de Tarragona, en Hospitalet, en el Penedès, el Garraf y en Ponent sirven de banco de pruebas para la economía social y para analizar el camino a seguir  si el cooperativismo quiere mantener el crecimiento vivido en los últimos años.

La fuente de financiación económica, la dependencia de las administraciones públicas, el trabajo en red, la intercooperación, la pedagogía y la formación a diferentes actores sociales serán claves para ver si el modelo económico alternativo que defiende la economía social perdura en el tiempo y ha venido para quedarse o bien ha vivido un boom que ahora mismo representa su tope. El trabajo realizado desde los ateneos cooperativos y por los cientos de cooperativas que ya se extienden por todo el territorio catalán tendrán mucho que decir en este sentido.

Traducción: Teresa Abril

https://www.diarijornada.coop/actualitat/20181027/cooperativisme-arrelat-a-territori

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