Y vuelta la burra al trigo…

Los datos económicos de los últimos años no avalan que las razones de la crisis que se inició en 2008 estén superadas, más bien lo contrario.

Altos beneficios, bajos salarios, deuda privada como motor del consumo interno y oídos sordos a múltiples informes sobre el riesgo de todo ello parecen garantizar una nueva época convulsa, con negativas implicaciones sociales (mayor desigualdad y pobreza), económicas (proteccionismo en alza) y políticas (incremento de populismos xenófobos).

Rafael Granero

Prólogo

Hipótesis: la crisis del 2008, conocida como crisis de las subprime, no la provocó la banca, aunque sí fue su brazo ejecutor, sino unos beneficios empresariales dedicados a la especulación con el objetivo de maximizar la rentabilidad de su liquidez sobrevenida. El exceso de liquidez (beneficios no gastados: ni consumidos ni invertidos) inundó la economía estadounidense: EEUU absorbió en 2007 el 50% del ahorro mundial; Reino Unido, España y Australia el 20%. En concreto, el exceso de liquidez de Alemania, y en algo menor medida el de Francia, inundaron la economía española y griega buscando en l financiación de la construcción y venta del ladrillo las rentabilidades que una economía madura ya no puede ofrecer.

Datos: en España, entre 2008 y 2017, el agregado de la remuneración de los asalariados ha bajado en términos reales (un 8% a precios constantes) y en términos relativos (del 50,2% del PIB al 46,9%). Los beneficios netos de las SNF (Sociedades no financieras) subieron desde el 7% del VAB (2007) al 22% (2014), con oscilaciones en los ejercicios siguientes: 2015, 11%; 2016, 32%; 2017, 12%; 2018, 24%, y primer trimestre de 2019, 11%. La deuda de los hogares, que alcanzó su máximo en 2008 (0,91 B €), cayó de forma sostenida hasta 2016 (0,71 B €) para estacionarse en 2017 y repuntar en 2018, aumentando en un año casi la mitad de lo que había bajado en los 10 anteriores. El ahorro de los hogares, que alcanzó su máximo en 2009 (13,4% de la renta disponible de las familias), y se mantuvo cercano a 10% hasta el 2015, ha caído en 2018 a mínimos históricos (4,9%), en paralelo a un incremento de crédito al consumo (que en 2017 ya supera al hipotecario e iguala, con 43 MM €, al concedido en 2008): los datos macroeconómicos favorables lo son en muy buena parte gracias a un sostenido incremento de la demanda interna basada no en incrementos reales de las rentas salariales, sino en menos ahorro y más crédito.

Conclusión: es necesario hacerse la pregunta que el FMI propone en su último informe sobre Estabilidad Financiera Global ¿Estamos a salvo? El Banco de España, el FMI, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, Paul Krugman o Antón Costas lo han advertido por activa y por pasiva en diversos artículos e informes: los beneficios crecen más que los salarios. Y eso es un problema, ya que, según Antón Costas nos recuerda, para usar el consumo de los hogares como palanca macroeconómica: “Se podría volver a fomentar el consumo favoreciendo el endeudamiento. [Pero] esa opción ya se utilizó antes de la crisis. Y sabemos como acabó la historia”. Acabó mal.

Realidad: y vuelve la burra al trigo. Y vuelve a financiarse el consumo con deuda. Y vuelve a subir el beneficio. Y volveremos a no saber por qué entraremos en una nueva crisis.

El ahorro tiembla en los hogares españoles

Las grandes empresas duplicaron sus beneficios en 2018

¿Y Sraffa?, durmiendo olvidado, tan olvidado como Keynes.

¿Qué hacer?

Podemos plantear tres grandes líneas estratégicas, una para el largo plazo (academia), la segunda para el medio plazo (sindicatos y leyes sociales) y la tercera para el corto plazo (política fiscal y tributaria). El común denominador que las subyace es la necesidad de poner en el centro de la discusión la figura sraffiana del excedente y del trabajo fechado y la keynesiana del beneficio.

Esas figuras nos permiten entender que la lucha se establece en la distribución (salarios y beneficios) y en la redistribución (impuestos y servicios). Y también que la (mal) llamada predistribución, por muy socialdemócrata que se vista1, permite que se cuele dos peligrosas trampas: la meritocracia como palanca2 (darwinista: si todos suben su nivel, cosa deseable, y el mérito marca, el mero subir el nivel nada soluciona y el darwinismo social sale fortalecido) y ver al Estado como depredador3. Y un problema de concepto: si la distribución se realiza sobre lo producido y la redistribución sobre lo apropiado ¿sobre qué se realiza la predistribución?

El concepto de trabajo fechado (todo capital es producto, en última instancia, del trabajo humano) contradice la posibilidad de una predistribución, pues toda renta o riqueza ha sido siempre y necesariamente producida antes de poder ser apropiada o reapropiada (distribuida o redistribuida). Y en este sentido se plantea esa primera línea estratégica a largo plazo: volver a poner en valor, por ejemplo y sin querer ser exhaustivos, la crítica al utilitarismo y el marginalismo que domina el mainstream académico, cogiendo el testigo que Sraffa ofreció4 y retomando la visión de Keynes sobre el impacto de la productividad en el trabajo, o mejor, en la necesidad de trabajar menos para consumir (esto es, ganar) lo mismo5. Esta línea ayudaría a las dos siguientes dándoles herramientas teóricas para su desarrollo.

Una segunda línea estratégica, cuyos resultados se alcanzarían en su mayoría a medio plazo6, pasa por potenciar política (mediante leyes que sean ampliamente entendidas y aceptadas por la sociedad) y socialmente (y esto es una llamada a los lideres intelectuales y políticos para que capitaneen la lucha contra la mala prensa destilada por la derecha política, económica y social contra los sindicatos). No podemos hablar de empoderar la sociedad sin empoderar la clase asalariada7 (que no son sólo los trabajadores por cuenta ajena), y no podemos empoderar la clase asalariada sin la participación de los sindicatos. Los resultados de esta línea van directos a la lucha por la apropiación del excedente: siguiendo el modelo teórico de Sraffa, y para un excedente dado, si sube el salario agregado, baja el beneficio (y viceversa, obviamente), siendo la formulación sraffiana (desarrollada en el capítulo Argumentos cualitativos) una matematización de la marxiana lucha de clases.

Y la tercera línea estratégica, cuyos efectos serían por lo general mucho más inmediatos, se basa en establecer políticas fiscales que profundicen la progresividad de los impuestos, haciendo mayor hincapié en los directos, tanto sobre las rentas como sobre el ahorro, recuperando y aumentando los de sucesiones y patrimonio, y bajando los indirectos en función de una cesta de consumo que se considere básica. El desarrollo de políticas fiscales progresistas debe impulsar las cuatro bases del Estado del Bienestar (que como se expondrá más adelante, son una necesidad económica más que un lujo otorgado): educación, sanidad, pensiones y dependencia. Así mismo y por su doble fuerza (redistribución y empoderamiento) debe desarrollarse un trabajo social y académico en torno a la Renta Básica Universal con el objeto de poder llegar a un amplio acuerdo sobre el por qué y el cómo de su implantación.

Epílogo

En cuanto al meollo del presente ensayo, el lector puede quedarse aquí y no continuar: la tesis está clara: no hemos atacado la raíz de la política económica, los excesivos beneficios, que nos llevó a la crisis mal llamada de las subprime, por lo que a poco que alguien estornude, y dado que la burra vuelve al trigo, podemos pillar una pulmonía doble letal para muchos, como ya lo fue la del 2008, o peor…

No obstante, y si es el caso que el lector quiera continuar, encontrará argumentos (unos cualitativos y otros cuantitativos) para defender por qué decimos que la burra vuelve al trigo y por qué eso es peor que malo.

Pero no dejemos a la burra como tonta, que no lo es, y recordando a Iriarte, y donde pone paja el lector lea deuda, y donde grano, salario, digamos que:

…se enfadó el asno, y replicó: ‘Yo tomo

lo que me quieres dar; pero, hombre injusto,

¿piensas que sólo de la paja gusto?

Dame grano, y verás si me lo como’

1 Buena predistribución y mejor redistribución contra las desigualdades, Xavier Martínez-Celorrio, Universidad de Barcelona, (http://bit.ly/2XPFvN9), miembro del equipo colaborador de la ministra Celaá desde julio de 2018. Un muy amplio y bien razonado documento a favor de la predistribución. Una atenta lectura permite entender que o bien en esa predistribución se asignan recursos vía impuestos (“Fiscalidad progresiva sin exenciones, Gravar altos patrimonios y herencias, Facilidades fiscales al trabajo autónomo, emprendedores y pequeña empresa, Fiscalidad ambiental, Fiscalidad singular para la cultura, la ciencia, la filantropía y la economía social”), luego es redistribución, o bien se empodera al trabajador (“Contrato laboral único o casi único, Aumento del salario mínimo, Modelo centralizado de negociación colectiva, Modelos de cogestión en la empresa, Inspección laboral efectiva, Integración de las políticas activas y los servicios sociales para desempleados”), luego es distribución ¿De verdad vale la pena inventar neologismos no sólo vacíos de contenido, sino que vacían de contenido, anulándolos, a conceptos potentes y de uso más necesario que nunca?

2El modelo escandinavo socialdemócrata se fundamenta en […] la igualdad de oportunidades, la escuela pública y la meritocracia, en un contexto de inclusión y de derechos universales de ciudadanía.”, ibíd. Xavier Martínez-Celorrio.

3 Según la muy peregrina siguiente explicación: “la predistribución se opone a la redistribución, entendida la segunda como acción de un “Estado-Robin Hood” que toma de los ricos mediante impuestos para dar a los pobres a través de prestaciones. En este caso, la predistribución consiste en incidir sobre la distribución de la renta que realizan agentes distintos de los poderes públicos, limitando o regulando sus acciones con el objetivo de que la desigualdad se mantenga dentro de un cierto margen de variación”, José A. Noguera, UAB. Colaborador de la Fundación Alternativas. O la no menos peregrina: “Acaso el paradigma de la predistribución tenga mucho que hacer y cambiar en los países mediterráneos y anglosajones donde el Estado ha desempeñado una función extractiva o residual y que ahora se enfrenten a nuevas prioridades de eficiencia”, ibíd. Xavier Martínez-Celorrio. Detrás de todo ello está el considerar el Estado del Bienestar como un lujo otorgado y no como una necesidad tan social como económica derivada de la propia complejidad y productividad de las sociedades maduras.

4Es, sin embargo, un rasgo peculiar del conjunto de proposiciones ahora publicadas que, aunque no entran en una discusión de la teoría marginalista del valor y de la distribución, han sido elaboradas, sin embargo, para servir de base a una crítica de tal teoría. Si los cimientos se sostienen, la crítica podrá́ ser intentada más tarde, bien por el autor, bien por alguien más joven y mejor equipado para la tarea” (PMMM, Prefacio)

5 John Maynard Keynes, Economic Possibilities for our Grandchildren (1930) “We are being afflicted with a new disease of which some readers may not yet have heard the name, but of which they will hear a great deal in the years to come-namely, technological unemployment. This means unemployment due to our discovery of means of economising the use of labour outrunning the pace at which we can find new uses for labour. But this is only a temporary phase of maladjustment. All this means in the long run that mankind is solving its economic problem. I would predict that the standard of life in progressive countries one hundred years hence will be between four and eight times as high as it is to-day.” (http://www.econ.yale.edu/smith/econ116a/keynes1.pdf)

6 Un ejemplo que caería en el corto plazo es el incremento por ley del SMI, cuyo impacto positivo en los salarios más bajos (y por ello en el consumo básico, ni de lujo ni especulativo) es tan innegable como real es su nulo impacto negativo en el empleo o en el PIB.

7 Una nueva de definición de “clase asalariada” enraizada en el concepto de ciudadanía llevaría a mover el foco desde las relaciones sociales de producción (donde sólo los que trabajan son actores) hacia las relaciones sociales de distribución (donde toda la ciudadanía tiene rango de actor) y establecer en estas relaciones la estrategia central de la lucha contra la desigualdad y la inequidad. Propuesta de nueva definición de “clase asalariada”: conjunto de los ciudadanos que dependen directa o indirectamente de un salario o de las cotizaciones e impuestos a él asociados, dedicando sus rentas -salario, ganancia, pensión, subsidio o similar- principalmente al consumo y a pagar impuestos para hacer funcionar la parte pública de la producción de bienes básicos; se debe incluir a los que no trabajan por ser estudiantes, en paro, en autoproducción/autoconsumo, en tareas de cuidado y hogar, jubilados o similares, ya que también son, ni que sea indirectamente, salario-dependientes.

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