Del fin de un mundo al renacimiento en 2050

reconozcamos que el estado de salud de estos territorios no cesa de degradarse en comparación a 1984, como lo demuestran los informes sucesivos del IPCC, del UNEP, del Programa Geosfera-Biosfera (IGBP) y otras alarmantes publicaciones

 

  2017-09-20

Artículo publicado originalmente en el diario Libération el 23/08/2017, y posteriormente en Mediapart. Traducido por Stéphane Bernatas y reproducido con permiso.)

Yves Cochet en 2007. FOTO: Marie Lan Nguyen. FUENTE: Wikimedia Commons

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Hace treinta y tres años nacían Les Verts, primera organización unificada del ecologismo político en Francia. Hasta hoy, los representantes de este partido, y luego los de EE-LV (Europe Écologie – Les Verts) su sucesor, han ocupado casi todos los tipos de mandatos de las funciones electivas de las instituciones republicanas. Más o menos para nada. Bajo el ángulo ecológico del estado geo-bio-físico de Francia —de Europa y del mundo — reconozcamos que el estado de salud de estos territorios no cesa de degradarse en comparación a 1984, como lo demuestran los informes sucesivos del IPCC, del UNEP, del Programa Geosfera-Biosfera (IGBP) y otras alarmantes publicaciones internacionales más recientes. Desde el ángulo social y democrático, se observa el mismo orden: aumento de las desigualdades, crecimiento de la xenofobia, endurecimiento de los regímenes políticos.

Inicialmente provistos de una inmensa generosidad intelectual y portadores de la única alternativa nueva a la vieja izquierda y la vieja derecha, los ecologistas políticos hoy lo han perdido casi todo, incluso sus escaños. Aparecen caducos, por falta de estar presentes en lo real. Este ha cambiado mucho desde hace treinta y tres años, particularmente por la travesía del punto de báscula hacia un hundimiento global, sistémico, inevitable. En otro tiempo, inspirados por el informe Meadows o los escritos de Bernard Charbonneau, René Dumont y André Gorz, conocíamos ya las principales causas de la degradación de la vida en la Tierra y habríamos podido, desde aquella época y a escala internacional, reorientar las políticas públicas hacía la sostenibilidad. Hoy, es demasiado tarde, el hundimiento es inminente.

Bien que la prudencia política invite a permanecer en lo borroso, y que la moda intelectual sea la de la incertidumbre en cuanto al porvenir, estimo al contrario que los treinta y tres próximos años en la Tierra están ya escritos, grosso modo, y que la honestidad consiste en arriesgar un calendario aproximativo. El periodo 2020-2050 será el más trastornado que nunca haya vivido la humanidad en tan poco tiempo. Año arriba, año abajo, se compondrá de tres etapas sucesivas: el fin del mundo tal y como lo conocemos (2020-2030), intervalo de supervivencia (2030-2040), el inicio de un renacimiento (2040-2050).

La primera etapa del hundimiento es posible desde 2020, probable en 2025, segura hacia 2030. Tal afirmación se apoya en numerosas publicaciones científicas que podemos reunir bajo la bandera del Antropoceno, entendido en el sentido de una ruptura en el seno del sistema-Tierra, caracterizado por el rebasamiento irreprimible e irreversible de ciertos umbrales geo-bio-físicos globales. Estas rupturas son en lo sucesivo imparables, el sistema-Tierra comportándose como un autómata que ninguna fuerza humana puede controlar. La creencia general en el liberal-productivismo refuerza este pronóstico. La imposición antrópica de esta creencia es tan invasiva que ninguna reunión alternativa de creencias logrará reemplazarla, excepto después del evento excepcional que será el hundimiento mundial debido al triple crunch energético, climático, alimentario. El decrecimiento es nuestro destino.

Martiño Picallo (Luscofusco).

La segunda etapa, en los venideros años 30, será la más penosa debido a la brusca bajada de la población mundial (epidemias, hambrunas, guerras), del agotamiento de los recursos energéticos y alimenticios, de la perdida de infraestructuras (¿habrá electricidad en la región parisina de Ile-de-France en 2035?) y de la quiebra de los gobiernos. Será un periodo de supervivencia precario y desgraciado de la humanidad, durante el cual lo principal de los recursos necesarios procederá de ciertos restos de la civilización termo-industrial, un poco de la misma manera en que, después de 1348 en Europa y durante decenios, los supervivientes de la peste negra se beneficiaron, si es que se puede decir, de los recursos no consumidos por la mitad de la población que falleció en cinco años. Omitiremos las descripciones atroces de las relaciones humanas violentas consecutivas a la cesación de todo servicio público y de toda autoridad política, por todo en el mundo. Ciertos grupos de personas tendrán la posibilidad de establecerse cerca de una fuente de agua y de almacenar algunas conservas alimenticias y medicamentos para el medio plazo, esperando reaprender los saberes y quehaceres elementales para la reconstrucción de una civilización auténticamente humana. Sin duda podemos esperar que resulte, alrededor de los años 50 de este siglo, una tercera etapa de renacimiento durante el transcurso de la cual los grupos humanos más resilientes, en lo sucesivo privados de las reliquias materiales del pasado, reencuentren tanto las técnicas iniciales propias a la sustentación de la vida como nuevas formas de gobernanza interna y de política exterior susceptible de garantizar una suficientemente larga estabilidad estructural, indispensable a todo proceso de civilización.

Este tipo de frases tan breves como un eslogan pueden acarrear una sensación de malestar en el lector que vendría a preguntarse si la presente tribuna no es la obra de un psicópata extremista que se recrea en la negrura y la desesperanza. Al contrario, liberados de los desafíos del poder y de la búsqueda de efectos, no cesamos de actuar para tentar el evitar la catástrofe y nos consideramos demasiado racionales para estar fascinados por la perspectiva del hundimiento. No somos pesimistas o depresivos, examinamos las cosas lo más fríamente posible, aún creemos en la política. Los extremistas que se ignoran se encuentran más bien del lado del pensamiento dominante —de la religión dominante— basado en la creencia de que la innovación tecnológica y un retorno del crecimiento resolverán los problemas actuales. Si nuestra prospectiva es la más racional y la más probable, queda convencer a los militantes de EE-LV, los franceses y todos nuestros hermanos y hermanas en humanidad. La disonancia cognitiva de nuestras sociedades impide que esto sea posible en el tiempo necesario. Sin embargo, las orientaciones políticas deducidas de este análisis se tornan relativamente fáciles de describir: minimizar los sufrimientos y el número de muertes durante los decenios por venir proponiendo desde hoy un proyecto de decrecimiento rápido en cuanto a la huella ecológica de los países ricos, del tipo del biorregionalismo de baja tecnología (low tech), para la mitad superviviente de la humanidad de los años 40. Dicho de otro modo, aprovechar la disponibilidad terminal de energías potentes y de los metales de hoy para forjar algunas herramientas, utensilios y artefactos simples de mañana (años 30), antes que estas energías y estos metales no estén más disponibles. Sin sorpresas, desgraciadamente, nuestra perspectiva general no parece aún compartida por la mayoría de los ecologistas que tienen sus jornadas de verano en Dunkerque. Así, el plenario final del sábado 26 de agosto está en parte dedicado al “desarrollo industrial” en Europa. Un impulso hacia lo peor.

Yves Cochet en una charla en 2007 acerca del Peak Oil. FOTO: Guillaume Paumier. FUENTE: Wikimedia Commons.

https://www.15-15-15.org/webzine/2017/09/20/del-fin-de-un-mundo-al-renacimiento-en-2050/#comment-9279

Medidas Antidumping

la UE acuerda nuevas normas para proteger a sus productores frente a las prácticas comerciales desleales

El 11 de octubre de 2017, los representantes permanentes ante la UE han aprobado el acuerdo político alcanzado entre la Presidencia y el Parlamento Europeo sobre la metodología propuesta para la evaluación de distorsiones del mercado en terceros países.

Las nuevas normas permitirán a la UE seguir protegiendo a sus productores frente a las prácticas comerciales desleales. Tienen por objeto detectar y resolver casos en los que los precios de los productos importados se reducen artificialmente debido a una intervención estatal.

«El comercio internacional puede ser una fuente esencial de crecimiento económico, pero para ello todo el mundo debe cumplir las reglas. Con esta nueva metodología antidumping nos dotamos de herramientas eficaces para luchar contra el dumping en sectores importantes como el del acero —ha afirmado Urve Palo, ministra de Iniciativa Empresarial de Estonia, que ocupa actualmente la Presidencia del Consejo—. Nuestras normas son justas, están en plena consonancia con los requisitos de la OMC y se aplicarán de la misma manera a todos los países con los que comercia la UE».

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“El mundo del trabajo tiene que adaptarse a la lucha contra el cambio climático”

Hay muchas voces  que advierten que “ven peligros, por la degradación de la calidad del empleo”. Una forma de amortiguar esto, si llegara el caso, sería la renta básica

El líder de la OIT defiende que ha llegado el momento de que suban los salarios

 

Manuel V. Gómez

Madrid 13 OCT 2017

A paso lento, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sigue inmersa en su debate sobre el futuro del empleo y las relaciones laborales. Su director general, el antiguo sindicalista británico Guy Ryder (Liverpool, 1956) (en la imagen), se muestra cauto. No quiere que sus respuestas marquen el resultado de un trabajo que tiene que cristalizar en 2019. Pero da algunas pinceladas de por dónde van sus reflexiones. E insiste en que ante los cambios que vive el mundo del trabajo no hay que quedarse de brazos cruzados y esperar a que el mercado, sin el apellido laboral, haga y deshaga a sus anchas: “El futuro del trabajo está por hacer. Depende de las políticas que hagan y apliquen”. Inmediatamente recuerda los principios básicos de la organización que dirige: “Promover la justicia social y el trabajo decente”.

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Metalúrgicos alemanes en busca de más tiempo libre

Los sindicatos quieren aprovechar la bonanza económica para reducir las horas semanales

 

Ana Carbajosa

13 OCT 2017

Los sindicalistas alemanes quieren aprovechar la bonanza económica que atraviesa su país para permitirse lujos hasta hace no tanto implanteables. El todopoderoso IG Metall ha presentado esta semana una llamativa propuesta con vistas a la negociación de las condiciones en el sector en 2018. Exigen predeciblemente subidas salariales, pero sobre todo quieren trabajar menos. En concreto, quieren que los trabajadores puedan reducir su semana laboral a 28 horas, si así lo desean, durante un máximo de dos años. Con un desempleo que registra mínimos históricos y cercano al pleno empleo, lo que los trabajadores alemanes de verdad quieren, según el sindicato, es más tiempo libre.

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Ley de cambio climático

¿Qué podemos aprender de la Ley catalana y de otras leyes de cambio climático?

21 de septiembre de 2017

JORDI ORTEGA (*)PoluareHay que delimitar bien qué es y qué no es una ley de cambio climático. La primera ley de cambio climático fue aprobada en 2006 en California por Arnold Schwarzenegger. La siguiente en Reino Unido.  Mientras Gordon Brown presentaba el informe Stern en 2006, coincidiendo con el G20, David Miliband ponía atrevimiento en la Ley de Cambio Climático (aprobada en 2008); y, todo hay que decirlo, Tony Blair declaraban la guerra a Irak. Escocia (2009), Dinamarca (2009) y otros países del entorno tienen su ley del clima. Ahora se suma la aprobada en Cataluña el 27 de julio (con 122 votos a favor, 11 abstenciones y ningún voto en contra).

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El bien común o el extremismo capitalista

El futuro se nos muestra a menudo. A veces difuminado, a veces opaco. Pero, si miras donde toca, pierde el camuflaje. El futuro, transparente, nos enseña que hay más allá del límite del tiempo.

La clave para entenderlo, para comprender el mensaje, está en nuestros sentidos, que tienen que dejar pasar las señales que nos llegan, sin alteraciones causadas por ideas preconcebidas. Y en nuestra mente, que las debe saber interpretar libre de corsés ideológicos, de verdades absolutas implantadas, emancipada.

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