Capítulo 3: Opciones y desafíos al desarrollar una economía del bienestar

Opciones y desafíos al desarrollar una economía del bienestar

A diferencia del pensamiento económico convencional, una Economía del Bienestar no se basa en un enfoque teórico distintivo para definir y medir el bienestar, ni requiere un conjunto específico de políticas para ser implementado. En muchos sentidos, es un híbrido. Una estrategia de Economía del Bienestar comienza con la comprensión de que el sistema económico actual y sus medidas y políticas no pueden abordar adecuadamente los problemas sociales y ambientales más urgentes a los que nos enfrentamos. Este alejamiento del pensamiento económico actual es un proceso que involucra a muchas partes interesadas, experimentos y desafíos en el camino.

Basándonos en las ideas de todo el informe, en esta parte destacaremos las opciones y los desafíos más importantes a los que se enfrenta un gobierno al desarrollar una Economía del Bienestar. Estos se clasifican a continuación de acuerdo con los tres propósitos de las métricas de bienestar: monitoreo, priorización y formulación de políticas.

Monitorización:

Cuando un gobierno mide, o encarga a una departamento nacional de estadística (o un tercero) que recopile y mida indicadores de bienestar, se deben abordar tres preguntas fundamentales: ¿Qué tipo de métricas de bienestar se deben recopilar? ¿Cuán comparables deberían ser estas medidas con los datos internacionales? ¿Y si el marco de seguimiento debería configurarse como un panel de indicadores o cómo un índice?

¿Qué medidas de bienestar monitorizar?

El primer desafío al que se enfrentan los formuladores de políticas al diseñar un marco de monitoreo del bienestar se relaciona con el enfoque teórico. ¿Deben seleccionarse los indicadores utilizando el enfoque de bienestar objetivo o del bienestar subjetivo? Si bien la OCDE, que ha inspirado el marco de seguimiento de Nueva Zelanda, [123] recomienda un enfoque multidimensional que combine datos objetivos con factores subjetivos de calidad de vida, [124] países como Alemania o Islandia han insistido en utilizar principalmente indicadores objetivos. para medir el bienestar. [125]

Comparabilidad internacional

Un excelente ejemplo de la armonización de las prácticas mundiales es el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN), que es el marco contable que rige el PIB. [126] El SNA es una coproducción de institutos nacionales de estadística y organizaciones internacionales que estandarizan la medición, el análisis y la terminología de datos utilizados por economistas de todo el mundo. Tales estándares aún no existen para los marcos de monitoreo del bienestar, lo que genera problemas de comparabilidad internacional. Falta armonización tanto en lo que respecta a los indicadores en sí mismos como a las métricas con las que se miden. Este desafío se ejemplifica mejor en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que abarcan 169 subobjetivos que los países de las Naciones Unidas deben alcanzar para 2030.[127] Para lograr estos objetivos, la ONU ha propuesto que los países monitoreen 244 indicadores. Sin embargo, por diversas razones, los países seleccionan solo un subconjunto de estos indicadores, o incluso eligen indicadores totalmente diferentes, lo que dificulta comparar sus logros en los ODS. Lo mismo ocurre con los marcos nacionales de monitoreo, cuyos indicadores se eligen de acuerdo con la disponibilidad de datos, el proceso de selección y los compromisos internacionales asumidos por un país .[128]

¿Panel o índice?

Otro debate gira en torno a si se debe utilizar un enfoque de panel o de índice para diseñar el marco de seguimiento. Un enfoque basado en índices, como el que se utiliza, por ejemplo, en Canadá, tiene en cuenta las ocho dimensiones y los 64 indicadores de bienestar en un solo número. Se trata de un beneficio desde la perspectiva de la comunicación, que permite comparar directamente el índice canadiense de bienestar con el PIB. [129] Si bien este índice pondera todos los indicadores de la misma manera, el Índice de Felicidad Nacional Bruta de Bhután asigna ponderaciones diferentes según su impacto en el bienestar subjetivo. [130] Gobiernos, p. ej. cómo el de Islandia, hacen hincapié en que un índice socava el carácter complejo del bienestar y que un marco de monitorización no debería capturarse en un solo número, en parte porque sigue siendo incierto cómo se deben ponderar los indicadores. [131]

Priorización:

Si bien a menudo se establece un marco de monitoreo para cubrir una gran cantidad de medidas de bienestar, en realidad, las prioridades políticas de bienestar, los presupuestos de bienestar y la formulación de políticas orientadas al bienestar a menudo requieren un enfoque más concreto en ciertas dimensiones. Sin embargo, no existe una forma claramente definida de cómo los gobiernos deben abordar este proceso de priorización. En términos generales, podemos identificar cuatro enfoques distintos: un enfoque democrático, un enfoque político, un enfoque empírico y un enfoque financiero.

El enfoque democrático:

Un enfoque muy convencional para determinar las prioridades del gobierno es el enfoque de la utilidad, que pregunta a la población en general qué asuntos consideran de mayor importancia (el método de preferencia declarada). Este enfoque sin duda tiene un atractivo democrático (porque las prioridades estarán arraigadas en las preferencias del público), pero al mismo tiempo ha demostrado ser una medida inexacta de lo que de verdad importa en las experiencias reales de las personas (porque los sesgos cognitivos llevan a las personas a una toma de decisiones persistentemente irracional). Este problema del uso de creencias públicas sesgadas para informar la toma de decisiones es ya una preocupación para asignar de recursos de salud en los países que han adoptado el modelo AVAC (años de vida ajustados por calidad). [132]

El enfoque político:

Un enfoque político es simplemente un enfoque mediante el cual los políticos deciden qué dimensiones de bienestar priorizar basándose en consideraciones políticas y aportes de expertos. Sin embargo, en la realidad, es poco probable informar las prioridades de bienestar basadas puramente en la priorización política. El caso islandés nos da razones para creer que la priorización puede ser producto de aportaciones políticas y democráticas. Los formuladores de políticas islandeses llegaron a sus prioridades de bienestar clasificando su marco de monitoreo de 39 indicadores basándose en una encuesta de la población, métodos de preferencia declarados y la consideración política de la medida en que el gobierno puede influir en el status quo en los próximos cinco años.

El enfoque empírico:

El enfoque empírico para priorizar los indicadores de bienestar puede adoptar diferentes formas. Un enfoque para determinar las prioridades nacionales de bienestar o el tamaño de un presupuesto de bienestar nacional es a partir de la consulta de los datos de satisfacción con la vida extraídos de encuestas representativas a nivel nacional. Aquí, las llamadas cargas del bienestar (circunstancias de la vida asociadas con la mayor pérdida de bienestar) pueden revelarse analizando qué dominios explican significativamente las diferencias en el bienestar subjetivo entre la población. Este tipo de enfoque tiene la ventaja de informar a los formuladores de políticas precisamente sobre aquellas áreas que actualmente reflejan la situación general de bienestar de la población del país. Eso informaría al gobierno sobre los problemas más urgentes. Dado que las prioridades se determinan sobre la base de relatos históricos de bienestar de la población, un inconveniente de este enfoque es que no se pueden obtener las cargas futuras del bienestar. Además, a medida que la satisfacción con la vida lucha por capturar la importancia de las circunstancias ambientales, eventos como las crisis ambientales que nos amenazan podrían subestimarse.

El enfoque financiero

Como se mencionó a lo largo de este informe, las diferentes iniciativas de Economía del Bienestar tienden a variar en su énfasis en las métricas económicas convencionales en relación con las métricas de bienestar. Sin embargo, independientemente de la posición del gobierno en este continuo, también se debe decidir si los dominios de bienestar priorizados deben adoptarse en función de su valor de bienestar inherente o de su posible impacto financiero en la economía general. Esto último sugiere un enfoque financiero para la priorización, donde las prioridades de bienestar no se elegirían en función de su beneficio empírico para las personas, sino de acuerdo con su capacidad para generar ingresos o PIB y ahorrar costos. Por lo tanto, el enfoque financiero está fuertemente vinculado con el enfoque utilitarista del bienestar, que es el enfoque del que una Economía del Bienestar intenta apartarse.

Formulación de políticas:

Si bien algunos gobiernos adoptan un enfoque de Economía del Bienestar solo en la medida en que ciertos dominios del bienestar se priorizan financieramente en base en un marco de monitoreo, otros gobiernos van aún más lejos e integran las medidas de bienestar en el análisis de coste-beneficio y coste-efectividad en los ministerios y las autoridades públicas. Al adoptar medidas de bienestar en estos procesos de formulación de políticas, los responsables de la formulación de políticas deben tener en cuenta al menos tres desafíos centrales: las consecuencias de utilizar diferentes métodos de averiguación o sondeo (elección de la metodología “methodology shopping”), que el enfoque del bienestar subjetivo no puede medir todo lo importante y que las políticas basadas en medidas de bienestar pueden plantear problemas éticos únicos.

Las consecuencias de la elección de la metodología (“methodology shopping”)

Para poder realizar análisis de coste-beneficio o coste-efectividad, se requiere una sola unidad de beneficio. El caso de Nueva Zelanda en el Capítulo 1 se destacó que cuando se utilizan medidas de bienestar subjetivo para la formulación de políticas, a menudo la cuestión se reduce a una elección entre el uso de valores de bienestar monetizados o los coeficientes de bienestar subjetivo (por ejemplo, en WALY).

El uso de valores monetizados tiene un atractivo inmediato en comparación con este último, ya que este enfoque hace que los impactos subjetivos en el bienestar sean comparables a otros valores de impacto obtenidos de los costes fiscales reales y / o del análisis de la disposición a pagar. Esto permite el cálculo del análisis de coste-beneficio en territorios de impacto actualmente inexplorados. Sin embargo, es muy importante enfatizar que el uso simultáneo de una variedad de métodos de obtención diferentes significa, en última instancia, que las comparaciones de beneficios se basan en definiciones de bienestar distintas y potencialmente opuestas. Los valores de bienestar inferidos del análisis de la disposición a pagar y otros métodos de preferencia declaradosse basan en el enfoque de la utilidad para el bienestar. Para algunas áreas del bienestar, como la atención médica, este enfoque ha demostrado priorizar diferentes tipos de impactos y de inversiones en comparación con el enfoque del bienestar subjetivo. [133] En la práctica, esto significa que la elección del método para la obtención de valores de bienestar influye indirectamente en el resultado de un análisis de coste-beneficio. O dicho de otra manera: no solo importa qué valores usemos. También importa cómo llegamos a ellos.

Dicho esto, un escenario en el que solo se utilicen coeficientes de bienestar subjetivos para valorar el impacto puede no ser el óptimo, ya que este método, como cualquier otro, tiene dificultades para valorar ciertos dominios de impacto. Por ejemplo, sopesar los niveles de CO2 en términos de satisfacción con la vida reportada resulta muy difícil, ya que las emisiones de CO2 no tienen impactos directos e inmediatos en el bienestar. Los impactos son más indirectos y “retardados”. Como resultado, los responsables de la toma de decisiones pueden verse obligados a obtener valores de otras fuentes para los dominios de impacto crítico, como la reducción de CO2, ya que estos dominios no pueden pasarse por alto ni excluirse de un estudio de coste-beneficio.

Cuestiones éticas de las políticas de bienestar

Si uno se imagina una Economía del Bienestar plenamente funcional y floreciente, se puede imaginar algún tipo de utopía. Sin embargo, el uso de medidas de bienestar para moldear la sociedad no está exento de problemas éticos.

Respecto al sistema económico actual, el enfoque de utilitarista ha enseñado a los responsables de la formulación de políticas económicas a reducir los fallos del mercado mediante políticas destinadas a aumentar los ingresos y el crecimiento económico. [134] Unos ingresos más alto permitirían a las personas consumir los servicios y productos que desean en más cantidad, aumentando su bienestar personal. Siguiendo esta línea de razonamiento, las políticas públicas ayudarían en su mayor parte a las personas a seguir sus intenciones, independientemente de si la actividad prevista es buena o mala para su bienestar. La investigación sobre el bienestar subjetivo, sin embargo, nos da razones para creer que hay algunas áreas en las que las creencias sociales sobre lo que es bueno para el bienestar individual difieren significativamente de cómo funciona el bienestar en la realidad: substituir el coche por uno más lujoso no parece tener un impacto positivo a largo plazo en la satisfacción con la vida. [135] De manera similar, los investigadores sugieren que no hay un efecto positivo a largo plazo en la satisfacción con la vida cuando se reubica a los habitantes de viviendas deficientes a otras con mejores condiciones .[136]

Un enfoque de bienestar para la toma de decisiones económicas seguramente puede corregir algunos de estos problemas, pero dicha corrección no está libre de preocupaciones éticas. En la práctica, la orientación de políticas impuesta por una Economía del Bienestar podría ocasionalmente apuntar hacia políticas que no se alinean con las expectativas o deseos de las personas. Así, adoptar una Economía del Bienestar y basar las decisiones en medidas de datos de bienestar allanarán potencialmente el camino para la intervención paternalista.[137] Tales intervenciones plantean problemas de libertad personal y acción que no se tratan fácilmente, y cualquier responsable de la toma de decisiones que esté buscando adoptar un enfoque de bienestar en la formulación de políticas debe ser consciente de estas posibles implicaciones.

Sin embargo, la lista de cuestiones éticas derivadas del uso de métricas de bienestar para informar la formulación de políticas no se limita al problema del paternalismo. El uso de métricas de bienestar plantea muchas preguntas que las métricas no pueden responder por sí solas: ¿El bienestar de las personas por nacer vale menos (o más) que las personas que viven en la actualidad? ¿Vale más el bienestar de un niño que el de una persona de 85 años? ¿Cómo valoramos el bienestar subjetivo de las personas, la relativa libertad personal, los límites planetarios y la migración cuando se nos presenta una relación de compensación entre estos problemas?

Al igual que con cualquier otro enfoque económico, existen varias cuestiones y consideraciones políticas y éticas a las que las métricas de bienestar no pueden ofrecer una respuesta significativa sin perspectivas y orientación política adicionales. De esta manera, las medidas de bienestar deben considerarse como herramientas adicionales en la caja de herramientas existente de los responsables de la toma de decisiones.

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