Las redes empresariales europeas reclaman que, por el bien de la industria europea, no reduzcan la ambición de los objetivos fijados en la hoja de ruta hacia una economía eficiente, verde y descarbonizada
la UE debe mantener la capacidad de responder a los nuevos desafíos y cumplir con sus compromisos en materia de derechos humanos, incluso mediante préstamos comunes para financiar bienes públicos europeos y mundiales. Garantizar que dicha deuda esté respaldada por auténticos recursos propios no solo es una cuestión de prudencia fiscal, sino también esencial para construir una Unión más fuerte y resiliente.
La propuesta de modificación de la Ley Europea del Clima de la Comisión Europea del 2 de julio establece un nuevo objetivo de reducción del 90% de gases de efecto invernadero en 2040, pero a la vez, introduce mecanismos de compensación y flexibilidad, como la compra de créditos de CO2 fuera de la UE o la captura y almacenamiento de carbono, que permitirán en la práctica seguir contaminando.
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