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Combatir la desinformación en redes: construir confianza en tiempos de ruido digital

La desinformación no solo desfigura los hechos, sino que erosiona la capacidad de la ciudadanía para tomar decisiones informadas sobre los temas que más afectan a su vida cotidiana

La desinformación no es un fenómeno nuevo, pero sí ha alcanzado una escala sin precedentes. En un ecosistema comunicativo dominado por las redes sociales, donde la velocidad y la emocionalidad pesan más que la veracidad, los bulos se han convertido en una de las principales amenazas para la convivencia democrática, la acción climática y la confianza en la información.

Desde REVO participamos recientemente en un taller organizado por Maldita.es, un referente en verificación y alfabetización mediática, centrado en comprender cómo se originan y propagan las narrativas desinformativas y qué estrategias pueden ayudarnos a contrarrestarlas. La experiencia fue tan reveladora como urgente: la desinformación no solo desfigura los hechos, sino que erosiona la capacidad de la ciudadanía para tomar decisiones informadas sobre los temas que más afectan a su vida cotidiana —desde la energía y la vivienda hasta la transición ecológica—.


1. Un problema antiguo con herramientas nuevas

Como recordaba el equipo de Maldita.es en su presentación “Building Against Disinformation”, el engaño mediático no nació con internet. En 1835, el llamado “Gran engaño de la Luna” convenció a miles de lectores de que se habían descubierto criaturas en la superficie lunar.
Lo que ha cambiado desde entonces es la velocidad, alcance y sofisticación con que circula la desinformación.

Hoy, plataformas como TikTok, Telegram o WhatsApp permiten que un mensaje manipulado se propague en segundos, amparado por la viralidad y el anonimato. Su impacto es especialmente fuerte entre los menores de 35 años, que usan estos canales como fuente principal de información, mientras los más mayores continúan más expuestos en Facebook o YouTube.

En este nuevo ecosistema, la frontera entre información, opinión y entretenimiento se difumina, y las emociones —miedo, indignación, desconfianza— se convierten en el vehículo perfecto para los contenidos falsos.


2. Cómo operan los desinformadores

Maldita.es plantea una pregunta esencial: ¿por qué caemos en los bulos?
La respuesta tiene tanto que ver con la psicología como con la tecnología. Los desinformadores no buscan que pensemos, sino que reaccionemos. Aprovechan sesgos cognitivos como la repetición (“si lo oigo muchas veces, debe ser verdad”) o la disponibilidad (“solo recuerdo lo que más me impactó”).

Sus motivaciones pueden ser diversas:

  • 💰 Económicas, cuando el objetivo es generar clics, publicidad o estafas.
  • ⚔️ Ideológicas, al intentar moldear la opinión pública hacia un relato político o cultural.
  • 🌀 De caos o troleo, simplemente para erosionar la confianza y sembrar confusión.

Cuanto más complejo y técnico es un tema —por ejemplo, la eficiencia energética o las políticas climáticas—, más fácil resulta manipularlo. El desconocimiento y la sobreinformación se convierten en terreno fértil para los bulos.


3. De los bulos a las narrativas: el poder del relato

Un bulo no es solo una mentira puntual: es parte de una narrativa mayor.
En el ámbito climático, por ejemplo, Maldita.es identifica dos grandes ejes: el negacionismo (“el cambio climático no existe o no es causado por los humanos”) y el retraso o ‘delayismo’ (“ya no hay nada que hacer”, “las soluciones son peores que el problema”).

Estas narrativas se adaptan al contexto, pero sus objetivos permanecen estables: paralizar la acción, polarizar el debate y debilitar la confianza en la ciencia.
De ahí la importancia de no limitarse a desmentir un bulo, sino de entender y desactivar la narrativa que lo sostiene.


4. Cámaras de eco y burbujas de filtro: cuando el algoritmo decide por nosotros

Las plataformas digitales nos muestran una realidad hecha a medida. Los algoritmos seleccionan qué vemos según nuestras búsquedas, afinidades o ideología, generando cámaras de eco donde solo escuchamos lo que confirma nuestras creencias.

Esto produce una ilusión de consenso y reduce nuestra exposición a puntos de vista diferentes. Con el tiempo, se debilita la empatía y aumenta la polarización, creando un terreno fértil para la manipulación. En ese contexto, los comentarios, los vídeos o los memes se convierten en parte activa del consumo informativo, tanto o más influyentes que las noticias tradicionales.


5. Prebunking y debunking: dos estrategias complementarias

La verificación de hechos (fact-checking) es esencial, pero llega tarde cuando el bulo ya ha circulado millones de veces.
Por eso, Maldita.es propone combinar debunking (desmentir) con prebunking (prevenir).

  • 🔍 Debunking: consiste en analizar, contrastar y desmentir una información falsa.
  • 🛡️ Prebunking: va un paso más allá; busca “vacunar” a la sociedad anticipando los bulos más probables y explicando cómo funcionan las estrategias desinformativas.

Esta “inmunización cognitiva” permite que, cuando aparezcan los contenidos falsos, las personas ya estén preparadas para reconocerlos y cuestionarlos.


6. Comunicación clara: el antídoto más poderoso

En tiempos de sobreinformación, la claridad es un acto de resistencia.
Las instituciones, los medios y las organizaciones sociales tenemos la responsabilidad de comunicar de forma transparente, comprensible y empática, sobre todo en los temas que afectan directamente al bienestar colectivo.

Usar lenguaje claro, explicar el contexto y reconocer la complejidad sin ocultarla ayuda a construir confianza y sentido crítico. Como afirma Maldita.es: “Las personas tienen derecho a entender, especialmente aquello que afecta a sus vidas.”


7. El papel de la ciudadanía

El combate contra la desinformación no es solo tarea de periodistas o tecnólogos. Cada usuario puede marcar la diferencia al verificar antes de compartir, al dudar antes de reenviar, al conversar sin burlas con quien difunde un bulo.
En REVO creemos que esta responsabilidad compartida es la base de una cultura digital más democrática y saludable.


🧩 En resumen

La desinformación erosiona la confianza, distorsiona el debate público y debilita nuestra capacidad de actuar frente a los grandes desafíos del siglo XXI.
Pero también puede ser una oportunidad para fortalecer la alfabetización mediática, la educación crítica y la comunicación transparente.

Desde REVO, reafirmamos nuestro compromiso con la veracidad, la claridad y la participación informada. La colaboración con iniciativas como Maldita.es refuerza nuestra convicción de que solo una ciudadanía crítica y bien informada puede construir un futuro sostenible y justo.

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