El viajero individual se está adaptando con éxito al cambio climático alejándose de las zonas cálidas.
El reto para los destinos del norte de Europa es anticipar cómo el cambio climático podría remodelar la demanda turística antes de que las infraestructuras, la vivienda y los entornos naturales se vean desbordados.
Estamos hablando de casi 2 billones de euros de dinero público, lo que plantea interrogantes fundamentales: ¿qué decidimos financiar?, ¿qué estamos dispuestos a recortar? y ¿servirá realmente el dinero destinado a proteger y restaurar la naturaleza para lograr ese objetivo?
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