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Construcción de paz desde la base: Recordando el papel de la cultura y la micropolítica

La micropolítica regenerativa ayuda a vincular los objetivos originales de la ONU con el mundo real y diverso en el que vivimos hoy.

Hace ochenta años, las Naciones Unidas se crearon para promover la paz mundial, los derechos humanos y la prosperidad compartida para todos. Hoy, genocidios como los de Gaza, Sudán y Xinjiang, junto con el extractivismo desenfrenado, la gobernanza necropolítica, el tráfico de órganos y el desencanto con la política tradicional en el Norte Global, han generado temor y desilusión en muchas personas. Estos desafíos a menudo dificultan la construcción de confianza y vínculos significativos entre las sociedades.

Si bien la gobernanza multilateral sigue siendo esencial, muchas de las transformaciones más significativas de hoy no cuentan con el patrocinio institucional. El espíritu de la Carta de las Naciones Unidas se materializa a menudo a través de la diplomacia cotidiana: los intercambios interculturales silenciosos en comunidades, movimientos sociales y redes civiles que cultivan la comprensión y la reparación.

Este artículo ofrece reflexiones sobre cómo la cultura ilumina caminos hacia la construcción de paz basados ​​en la fraternidad y diversas formas de diplomacia blanda (soft diplomacy).

Construcción de paz y cultura

Varias declaraciones de las Naciones Unidas han destacado la importancia de la cultura y la educación en la construcción de paz. Organizaciones como la Alianza Internacional para la Protección del Patrimonio en Suiza y Patrimonio para la Paz en España trabajan para proteger el patrimonio cultural en zonas de conflicto, considerándolo una parte fundamental de la identidad y el sentido de pertenencia. Sin embargo, estos esfuerzos suelen ser un último recurso, sirviendo más como una forma de supervivencia que como una verdadera transformación de las comunidades.

Un enfoque reactivo corre el riesgo de ocultar dinámicas socioculturales más profundas. Para que la cultura contribuya realmente a la construcción de la paz, debe formar parte de iniciativas más amplias como el diálogo intercultural, la participación ciudadana y el liderazgo inclusivo. Esto implica concebir la cultura como algo que cambia con el tiempo, moldeado por las tradiciones, las injusticias del pasado, las diferencias de poder y las identidades cambiantes.

La cultura puede tener dos vertientes: reforzar el pensamiento estrecho o ayudar a unir a las personas. La diplomacia cultural, que utiliza las fortalezas culturales de un país para fomentar el entendimiento, puede ser clave en la construcción de la paz. Ayuda a cultivar la empatía, a superar las actitudes de «nosotros contra ellos», a reconstruir la confianza y a aliviar las tensiones políticas, al tiempo que apoya a la sociedad civil. Por eso, las organizaciones de base son tan importantes para construir la paz desde la base.

Diplomacia cotidiana

La diplomacia cultural se practica, a menudo discretamente, por individuos que viven en el día a día. El turismo es un buen ejemplo de diplomacia blanda. Guiado por la curiosidad y el compromiso ético, abre espacios para el diálogo, permitiendo que viajeros y anfitriones actúen como embajadores informales. Se desafían los estereotipos y el «otro» se humaniza, generando significados que trascienden las divisiones geopolíticas. El Peace Boat, iniciado por estudiantes japoneses tras la Segunda Guerra Mundial, ofrece un conmovedor ejemplo de estos principios en acción.

Sin embargo, en un mundo con un flujo turístico internacional cada vez mayor, observamos una creciente división social y procesos de elitización, patrones colonialistas persistentes, la exotización (y deshumanización) de las sociedades y un miedo omnipresente. La hipernormalización y otros mecanismos de supervivencia pueden ser una explicación, pero no pueden convertirse en un escudo: deben guiarnos hacia las causas más profundas de la desconexión global con nuestros semejantes y los ecosistemas.

De igual modo, las comunicaciones digitales permiten una diplomacia de base (bottom up). Cuando se utiliza más allá de las burbujas algorítmicas, internet permite interacciones que contrastan (o desafían) las narrativas oficiales, facilitando el diálogo entre personas de todo el mundo en sus propios términos, abriendo la posibilidad de que surjan solidaridades transnacionales, amplificando voces subrepresentadas y facilitando la circulación de perspectivas contrahegemónicas (por ejemplo, desafiando el dominio de las epistemologías del Norte Global).

Como respuesta a esto, observamos una voluntad en los gobiernos democráticos de controlar las comunicaciones digitales. La seguridad de las poblaciones vulnerables se utiliza como pretexto para justificar el segundo intento de la Comisión Europea de aprobar una regulación ahora conocida como ChatControl, después de que más de 700 científicos y académicos firmaran una carta abierta en su contra y la sociedad civil lanzara una petición popular en su contra. En Estados Unidos, el ICE también está creando un equipo para monitorear las redes sociales.

Existen amenazas y es necesario aplicar medidas de seguridad, dentro de lo razonable. Las redes de ayuda mutua han sostenido a las sociedades cuando las instituciones fallaron. Incluso en el Japón de la posguerra, la limitada capacidad estatal propició que actores no estatales desempeñaran un papel en la satisfacción de algunas necesidades sociales. Desde una perspectiva personal, la estructura invisible se refiere a la retención o cesión del poder, posiblemente en un contexto marcado por el miedo y la desconfianza.

Observaciones finales: sociopolítica regenerativa para la paz

La micropolítica se refiere a los procesos sutiles y relacionales a través de los cuales el poder, el cuidado y el significado circulan en la vida cotidiana. A diferencia de los sistemas macropolíticos que enfatizan las políticas o la jerarquía, la micropolítica pone de relieve los gestos de conexión. En el contexto de la diplomacia cultural y la construcción de paz desde la base, esta perspectiva micropolítica ilumina cómo la empatía, el diálogo y el reconocimiento mutuo pueden generar efectos políticos sin mediación institucional.

La política regenerativa se basa en esta sensibilidad, trascendiendo el paradigma de mantenimiento de la sostenibilidad para avanzar hacia la renovación activa de los sistemas sociales y ecológicos. Donde la sostenibilidad busca el equilibrio, la regeneración busca la vitalidad: la capacidad de los sistemas para sanar, evolucionar y crear nuevas posibilidades. La política regenerativa ofrece la posibilidad de restaurar la confianza de la ciudadanía en las estructuras de gobernanza, al fundamentar la gobernanza en la rendición de cuentas, la reparación y la sanación colectiva, haciéndose eco de la ética de la justicia restaurativa.

En conjunto, revelan que el cambio sistémico comienza con pequeños gestos. Sin embargo, estas prácticas no actúan en contra de las instituciones, sino que las apoyan al conectar el crecimiento personal con cambios más amplios en la sociedad. La micropolítica regenerativa ayuda a vincular los objetivos originales de la ONU con el mundo real y diverso en el que vivimos hoy.

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