El negacionismo ha dado paso a algo más sutil: aceptar el problema, pero no actuar. Los discursos de dilación frenan la transición con argumentos de prudencia o realismo. Reconocerlos es clave para avanzar hacia una prosperidad sostenible.
Si el marxismo puede esquivar su extinción no será reivindicando un jardín zen de lucidez teórica y coherencia política. Tiene que dirigirse a los vivos, con todas sus ambigüedades, no a cadáveres particularmente inteligentes y comprometidos
Usamos cookies para asegurar que te damos la mejor experiencia en nuestra web. Si continúas usando este sitio, asumiremos que estás de acuerdo con ello.