El mundo ensaya la renta básica

Desde Finlandia hasta Kenia, pasando por Brasil y EE UU, proliferan los proyectos piloto para comprobar los resultados de un ingreso mínimo vital

LUIS DONCEL 24 NOV 2019

La idea no es nueva. Richard Nixon ya coqueteó en 1969 con un impuesto negativo sobre la renta que, en esencia, no difería demasiado de la renta básica que ahora anda de boca en boca por medio mundo. El presidente republicano imaginó un pago directo del Gobierno a todos los estadounidenses que no alcanzaran un determinado nivel de ingresos. Medio siglo más tarde, en la era de la digitalización y de los robots, cuando el empleo parece un bien cada vez más escaso, el debate sobre la necesidad de que el Estado asegure las necesidades básicas a todos los ciudadanos crece como una bola de nieve.

El periodista y escritor Tuomas Muraja, participó del proyecto de renta básica en Finlandia.
El periodista y escritor Tuomas Muraja, participó del proyecto de renta básica en Finlandia. ATTILA CSER (REUTERS)

La renta básica universal, no hace tanto un proyecto que sonaba fantasioso, va abriéndose camino. Al menos en el plano teórico y en experiencias piloto. Sus mayores defensores suelen ser políticos y economistas de izquierdas. Pero también liberal-conservadores que ven una vía para remplazar el resto de ayudas sociales. Los ensayos hechos hasta ahora son muy distintos entre sí y no ofrecen conclusiones definitivas. Tras el experimento en Finlandia —que se suspendió el año pasado, antes de lo previsto y con resultados ambivalentes—, la ciudad californiana de Stockton (EE UU), la brasileña Maricá y varias comunidades rurales de Kenia abren nuevos focos para la discusión.

Más consumo en Kenia

La ONG Give Directly, con financiación de Google o de un cofundador de Facebook, impulsa una de las pruebas más ambiciosas. Ha seleccionado 5.000 personas en distintas comunidades rurales de Kenia, a las que pagará 2.280 chelines mensuales (unos 20 euros) durante 12 años. En total, el número de beneficiarios de este programa supera los 20.000. Esta semana se publicó el primer trabajo científico sobre la experiencia de aportar un pago único de 1.000 dólares a 10.500 hogares elegidos de forma aleatoria en 653 aldeas del país africano. Y los resultados muestran que el dinero no solo benefició a quien lo recibió, sino a toda la comunidad.


Fuente: Give Directly, Jain Family Institute, Mein Grundeinkommen y elaboración propia. El País

“Las transferencias produjeron un importante aumento del consumo en los hogares tratados, así como en los no tratados”, asegura el artículo, publicado por cinco autores de universidades como Berkeley o Princeton. Los investigadores también aclaran uno de los aspectos que más incertidumbre genera en estos programas: si la llegada de dinero caído del cielo para unos cuantos perjudicaría a los que no lo recibieron, causando un aumento generalizado de los precios. “Hubo muy poca o nula inflación”, concluye el artículo. “Los beneficios se extendieron a toda la comunidad porque el dinero se gastó en la economía local, aumentando los ingresos de pequeños negocios e impulsando los salarios”, explican en un correo electrónico Dennis Egger y Johannes Haushofer, autores del estudio.

Es cierto que las conclusiones de un área rural de Kenia son difícilmente extrapolables a los países occidentales. Uno de los problemas conceptuales de la renta básica es que ha convertido en un cajón de sastre en el que caben realidades diametralmente opuestas. Así, la idea de un pago universal —es decir, para todos los ciudadanos por el mero hecho de serlo, con independencia de su situación personal o ingresos— se mezcla a veces con rentas mínimas garantizadas para poblaciones en riesgo de exclusión, como parte de las políticas de lucha contra la pobreza.

Los fondos ayudan a emanciparse, dice el director del estudio finlandés

“Hoy una persona puede trabajar y no tener garantizado el mínimo vital. Estas nuevas formas de pobreza van a hacer que el debate sobre la renta básica vaya a ser cada vez más intenso. Solo así se explica que los tres últimos Nobel de Economía se ocuparan de estos asuntos”, asegura Jordi Sevilla, exministro, presidente de Red Eléctrica y responsable del informe sobre renta básica que acaba de publicar el Observatorio Social de La Caixa.

El debate ha pasado de la academia a los parlamentos. Ha irrumpido, por ejemplo, en las primarias demócratas de Estados Unidos. El candidato Andrew Yang se agarra a la destrucción de empleo que causará el cambio tecnológico para proponer una renta básica, que él llama el Dividendo de la Libertad, dotado de unos 1.000 dólares mensuales para todos los estadounidenses mayores de 18 años. Su rival Bernie Sanders criticó esta idea y defiende de forma más ambigua una ayuda que garantice los ingresos mínimos a todos los ciudadanos.

Experiencia en Brasil

No es universal, pero sí muy extendida en una comunidad de 150.000 habitantes la experiencia a punto de implantarse en Maricá, una localidad cercana a Rio de Janeiro en la que unos 52.000 habitantes recibirán a partir de este año 130 reales mensuales (28 euros). Al igual que en lugares como Alaska (EE UU) o Irán, se financia con los ingresos del petróleo. La novedad es que el pago se hará a través de mumbucas, una moneda electrónica creada hace seis años que solo puede usarse en el municipio. Aquí, la renta básica tendrá un efecto de muy amplio espectro. “Muchos observadores critican, con razón, que los proyectos piloto hechos hasta ahora no ofrecían resultados concluyentes porque afectaban a una parte mínima de la población durante un periodo de tiempo concreto. Esto hacía imposible estudiar el impacto de la renta básica en precios o salarios. Pero en Maricá uno de cada tres habitantes recibirá el dinero, y por un periodo ilimitado. Así que aquí podremos estudiar sus efectos de una forma mucho más completa”, asegura desde Nueva York Stephen Nuñez, responsable del proyecto.

Los candidatos demócratas han abierto el debate en Estados Unidos

Las limitaciones que describe Nuñez se ajustan como un guante a las del experimento finlandés. Allí se dieron 560 euros mensuales, pero en una comunidad muy acotada —2.000 desempleados— y durante solo dos años. Los resultados preliminares, presentados en febrero, fueron ambivalentes: el dinero no modificó la empleabilidad de los beneficiarios. El tener un sueldo garantizado no les hizo dejar de buscar trabajo, como temían los detractores de la renta básica; pero tampoco se cumplió la expectativa de los impulsores de la iniciativa, que confiaban en que al liberar a los desempleados del papeleo necesario para cobrar los subsidios, estos adoptarían una actitud más activa en la búsqueda de empleo. Lo que sí detectaron en el país nórdico fue que 560 euros en el bolsillo a cambio de nada mejoró la salud, la autoestima y el optimismo de los beneficiarios.

Olli Kangas, director del proyecto finlandés, insiste en que no se pueden extrapolar los resultados de un lugar a otro contexto, pero sí ve una pauta común de Finlandia a Kenia. “En todas partes se aprecia que la ayuda directa tiene efectos emancipatorios. Las personas que reciben los fondos adquieren de repente más voz en su entorno. Pueden decir qué quieren hacer con su vida”, asegura este investigador, director del Programa de Igualdad Social en la Universidad de Turku.

En el informe de La Caixa, uno de los principales impulsores de la renta básica, Daniel Reventós, critica los experimentos realizados hasta ahora con dos argumentos: no han podido mostrar los efectos agregados de la renta básica en el conjunto de la sociedad y su corta duración no permite sacar conclusiones. Reventós, defensor de expandir los derechos de ciudadanía en el siglo XXI, ejemplifica esta limitación recordando las palabras del investigador Scott Santens: “Imaginad que Lincoln hubiera hecho la sugerencia de una prueba piloto de 20 años de abolición de la esclavitud”.

https://elpais.com/economia/2019/11/23/actualidad/1574533506_194791.html

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