En un mundo cada vez más caluroso, las ciudades realmente adaptadas serán aquellas capaces de mantener el confort térmico minimizando la dependencia del consumo energético.
El presupuesto de carbono de Cataluña indica que en 2030, la reducción de emisiones debería ser del 46 %, frente al 29 % al que el Gobierno catalán se compromete. En ese contexto, la ampliación del aeropuerto de BCN puede suponer quintuplicar las emisiones de la ciudad de Barcelona.
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