La UE debe decidir si quiere liderar la transición hacia una economía limpia y competitiva o si permite que esta oportunidad histórica se deslice entre sus dedos.
La regulación europea atraviesa un momento crítico: avanza la presión para “aligerar cargas” a las empresas, pero muchas de las medidas planteadas suponen retrocesos significativos en la lucha climática y en la protección de derechos humanos.
El negacionismo ha dado paso a algo más sutil: aceptar el problema, pero no actuar. Los discursos de dilación frenan la transición con argumentos de prudencia o realismo. Reconocerlos es clave para avanzar hacia una prosperidad sostenible.
La desinformación no solo desfigura los hechos, sino que erosiona la capacidad de la ciudadanía para tomar decisiones informadas sobre los temas que más afectan a su vida cotidiana
Los responsables políticos carecen de incentivos para pensar más allá de los ciclos electorales a corto plazo. Esto ha evidenciado la necesidad de crear mecanismos que los obliguen legalmente a tener en cuenta los intereses de los ciudadanos del futuro.
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