El reconocimiento y el respeto de los sistemas de conocimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales podría contribuir más en la lucha contra el cambio climático que muchas de las estrategias actuales.
Corregir el cálculo del crecimiento de la economía, poniendo las pérdidas de la misma, cada vez será más obligatorio, porque puede ocurrir que pensemos que la economía crece y, en realidad, si ponemos los efectos negativos que provoca, decrece a medida que existe más actividad.
La idea que hay detrás es tan simple como errònea: asume que la Tierra debería estar poblada por bosques y que los pastos y sabanas son el resultado de la degradación y de la deforestación inducida por los humanos.
Tenemos la transición enrocada por la poca valentía política para aceptar las consecuencias de hacer el camino y por ciertos colectivos que piensan que, si la economía colapsa, todo irá mejor
La emergencia climática exige reorganizar la economía con medidas de calado, viables e igualitarias, como el reparto de cuotas anual de emisiones entre la población y su incorporación en los precios de bienes y servicios
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