Pasa en Francia, ¿cúando, aquí?

El movimiento de los Chalecos Amarillos es el resultado de políticas capitalistas y estalla cuando se aumentan los impuestos del diésel: En una situación de tal complejidad, las propuestas supuestamente pensadas para luchar contra el cambio climático, no sólo son una carga insostenible para las clases populares, sino que no hacen que los ricos deban cambiar su manera de vivir y acaban pagando por el cambio climático los menos culpables

Josep Cabayol | Ester González | Siscu Baiges 13.12.2018

No se puede entender ni encontrar soluciones a los conflictos que se están  dando en todo el mundo sin incorporar a la ecuación la crisis climática y de recursos materiales y energéticos. El capitalismo, como el animal malherido que lucha por asegurarse la supervivencia, es cada vez más feroz. Ha declarado tácitamente la guerra contra las clases populares / medias, la humanidad, la biosfera.

Una concentració dels armilles grogues, dissolta després que la policia llancés gas lacrimògen

Un tweet de Donald Trump dirigiéndose a Francia y poniendo contra las cuerdas al presidente Macron, lo constata. Decía el presidente de Estados Unidos: “Tal vez sea el momento de acabar con los ridículos y extremadamente caros ‘Acuerdos de París’ y devolver el dinero a la gente en forma de impuestos más bajos”. Un tweet que, además del ‘negacionismo climático’, la caridad económica y el rechazo de la crisis social derivada de las políticas capitalistas que rezuma, llama a la confrontación. ¡Execrable!

El movimiento de los ‘Chalecos amarillos’ es el resultado de las políticas de estabilización monetaria practicadas por la Unión Europea en todo este siglo y que han llevado a la precarización y hecho más pobres a las clases populares y medias, mientras enriquecían aún más a las élites. ‘Gilets jaunes‘ estalla cuando el gobierno aumenta los impuestos al diésel, carburante que muchos franceses de regiones deprimidas, deficitarias en escuelas y sanidad, y sin acceso al transporte público [porque el gobierno eliminó estaciones y ferrocarriles, que fueron sustituidos por autobuses ‘low cost’ y que en muchos casos también se han suprimido], necesitan para moverse y trabajar.

Para poder vivir con dignidad en Francia se necesitan 1.700€. Ni obreros, ni empleados, ni agricultores, ni artesanos, ni comerciantes ingresan esa cantidad, víctimas de sueldos estancados desde hace 10 años y un aumento de precios constante que les lleva a cruzar la frontera para comprar más barato. En consecuencia, ni las clases populares ni gran parte de las medias, disponen de un sueldo que las sitúe en el nivel de vida medio, 1.730€. Mientras que las clases más adineradas han aumentado en estos tiempos un 10% sus ingresos, unos 1.000€ de media, y han sido favorecidas, por ejemplo, con la reducción del impuesto sobre el patrimonio.

A la ecuación hay que añadir la de los migrantes de procedencia que ya viven en el país y la de sus hijos/as, nacidos en Francia pero la mayoría sin esperanzas de futuro atractivas, y también la de los que llegan huyendo de los resultados devastadores del calentamiento y de las gobernanzas explotadoras, dictatoriales, vendidas a las multinacionales que se llevan las riquezas. Todo ello, difícilmente se arregla con la propuesta de Macron de aumentar 100€ el salario mínimo y situarlo en los 1.285€/mes, aun muy por debajo de las necesidades reales. El salario mínimo en Francia es ahora de 1.498,47 euros brutos mensuales, lo que equivale a 1153 netos.

Pagar sin ser culpable

En una situación de tal complejidad, las propuestas capitalistas supuestamente pensadas para luchar contra el cambio climático (como subir el precio del diesel/carburantes), no sólo son una carga insostenible que castiga a las clases populares y medias, sino que no hacen que los ricos tengan que cambiar su manera de vivir. Por lo tanto, ni se aborda la raíz del problema ni se disminuyen las diferencias sociales. Y terminan pagando por el cambio climático los menos culpables.

En el cerebro de muchas personas, sin embargo, en Francia y otros lugares como España, permanece la idea de volver a 2007, al momento anterior a la última crisis, que ha despojado a tanta gente y ha enriquecido precisamente a sus causantes. Eran momentos en los que, en la memoria de las personas, había futuro, lo que ahora no vislumbran. Contrariamente, la crisis climática y de recursos materiales disponibles nos conduce a todo lo contrario, a una época en que ni la abundancia, ni el consumo, ni la posesión serán indicadores del buen vivir: ‘ser’ más que ‘tener’ es la motivación que debería definir el futuro. Una idea paradójica para aquellos que sueñan con volver a tiempos mejores. Y los tiempos mejores, por mucho que nos pese, no pueden volver.

No debemos olvidar que la temperatura, según los datos oficiales del IPCC, ha subido 1ºC desde la época preindustrial y hasta 2015, y que desde entonces aumenta a un ritmo de 0,2ºC por década. En otras palabras, que al ritmo actual el +1,5ºC de incremento que según los Acuerdos de París ‘no se debería sobrepasar, se alcanzarán en 2.040. Y que los + 1’7ºC que marcan la barrera – según asegura el informe IPCC presentado en Incheon, Corea del Sur, en octubre pasado – a partir de la cual no hay ni dinero ni energía para revertir el aumento de la temperatura, se alcanzarán en 2.050 como muy tarde.

[En Catalunya la situación es peor. La temperatura aumenta 0,25ºC por decenio desde 1950, lo que, según datos del Servicio Meteorológico, sitúa la anomalía de temperatura ya por encima de los + 1,7ºC. Y peor: desde 1991 el aumento por década es de 0,4ºC, lo que colocará los +2ºC a mediados de la próxima década].

Es urgente, pues, aplicar nuevas políticas que combatan el cambio climático, pero las clases adineradas, las que tienen los recursos económicos, no las quieren pagar y apuestan por continuar acumulando, buscarse la vida en condominios a los que sólo ellas tengan acceso y esforzarse en la búsqueda de tecnología que anule/revierta el calentamiento- como mínimo donde ellas habiten -, en inteligencia artificial que les asegure el dominio, convertirse en la conciencia de una máquina, les dé la eternidad o acceso a la última nave que lleve a privilegiados y sirvientes escogidos, a un ‘nuevo mundo’. Cualquier cosa salvo de perder sus privilegios de clase y el control de la sociedad. Están poniendo en marcha una estrategia autárquica. Se están asegurando disponer de energía, materiales, tierras, mano de obra barata/esclava modificando la legislación, de seguridad/ejércitos a su servicio, mientras se van aislando de las tensiones sociales.

Y las clases más desfavorecidas están cansadas de pagar, de ver como su vida cada día es más difícil, de no saber cómo será el futuro de sus hijas e hijos. Hartas, sin futuro, exprimidas y añoradas, salen a la calle a buscar lo que ya no les da – desde hace muchos años – la política. Y dado que dicha izquierda – mayoritariamente – los ha abandonado, porque nunca ha querido abandonar el capitalismo, porque nunca se ha creído los límites planetarios, porque ha preferido ser antes la casera de las élites que los dirigentes de la emancipación de la mayoría, votan falsa esperanza servida por visionarios mentirosos – Bannon, Trump, Aznar / Casado / Rivera / Vox, Salvini, Le Pen / Orban y demás demagogos: poner los que queráis – que les dicen que hay vida en la extrema derecha que es, de hecho, el último bastión del mismo capitalismo que les está despojando/oprimiendo – repasad la historia de los años 20 y 30 del siglo pasado -.

Todos contra dicha transición ecológica por motivos muy diferentes y no igual de justos. Unos, por interés -las clases adineradas favorecidas -, los demás, porque no tienen otro remedio, dada su situación económica y el peligro, cierto, de caer en la exclusión. La lucha entre dos necesidades, – que las élites que no sólo no tienen ninguna intención de resolver sino que alimentan para mantener a la mayoría dividida y enfrentada. Las necesidades del día a día confrontadas con la obtención de futuro. La paradoja perfecta que conduce al colapso mientras las clases adineradas hacen caja.

La transición ecológica, que en realidad es una revolución, no se hará si no es socialmente justa, equitativa, transparente, sincera. No se puede hacer beneficiando a los más ricos y perjudicando a las clases más necesitadas a las que se rebaja/margina/excluye. No tiene sentido que el presidente de Francia suba los carburantes imprescindibles para las personas con rentas bajas y que viven en sectores donde el transporte público no es eficiente o simplemente ni existe. Sería más lógico facilitar el transporte público suficiente y económicamente asequible y territorialmente próximo, antes de subir los carburantes.

Pero se ha dejado pasar el tiempo y ya no queda. Tampoco tiene sentido que suba el diesel justificándolo en el cambio climático, cuando la crisis de este combustible viene derivada de la disminución [pico] del petróleo convencional mientras que el petróleo ligero procedente del fracking – EEUU – y que ha inundado el mercado , no sirve para refinarlo. La crisis actual del diesel, pues, no es estrictamente climática, y justificar un aumento de tasas por este motivo es una mentira/fraude.

La gran mentira, sin embargo, es ‘vender’ la idea de que es posible la mal llamada ‘transición’ sin cambiar de sistema económico. Que es posible reducir emisiones creciendo indefinidamente. Que es posible financiar la transición/revolución sin perderlo todo por causa de la deuda – preguntad a los países del sur víctimas del consenso de Washington -.

Combatir el cambio climático, no a las clases populares

Sólo con decisiones políticas como la de los franceses Pierre Larrouturou, ingeniero, y Jean Jouzel, científico climático y Nobel de la Paz, que proponen la creación de un Banco del Clima, financiado con el dinero que el Banco Central Europeo  da cada año a los bancos privados, se puede abordar la crisis con alguna esperanza de solución sin romper con el sistema económico. La idea sería dedicar el billón de euros anuales que se destinan a financiar los bancos privados a financiar todas las inversiones necesarias para salvar el clima y crear trabajo. En otras palabras, que los gobiernos no tengan que ir a la banca privada a buscar financiación con tipos de interés que hipotecan el futuro de la ciudadanía, tal y como ahora mismo están obligados a hacer por causa de los tratados europeos.

De todas formas, y se haga lo que se haga, al final aflora la contradicción que supone crecer indefinidamente en un planeta finito, una necesidad ineludible del sistema económico vigente y una paradoja señalada ya en los años 70 en los ‘Límites del Crecimiento’ [Meadows , Donella  H.; Dennis L., Meadows; Randers, Jørgen; Behrens], que inevitablemente lo hará implosionar.

La lucha contra el cambio climático no se limita a evitar el calentamiento, significa preservar la vida para todas, sin exclusiones, con igualdad y equidad para evitar el colapso y la extinción. Ante la crisis innegable, las contradicciones y las amenazas, hace falta una respuesta contundente de la ciudadanía, exigiendo a los gobiernos que digan la verdad y promuevan políticas legalmente vinculantes, que obliguen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Reducción ideal: cero emisiones en 2025. Sí, sí, 2025 si de verdad no se quieren rebasar los 1,5ºC de aumento de la temperatura respecto a la era preindustrial.

Pero se necesita algo más, una vez explicitada la contradicción de intereses entre las élites y la ciudadanía. Tal y como describe el movimiento Extinción/Rebelión nacido en Gran Bretaña, se precisa de una ‘Asamblea Nacional de la Ciudadanía ‘para superar los intereses electoralistas de los partidos, con capacidad para supervisar los cambios y como herramienta de una democracia avanzada. En Catalunya se la llamó ‘Parlamento Ciudadano’. Esta Asamblea Ciudadana debe tener la última palabra sobre las políticas que definan la transición/revolución, sobre la agenda ecosocial que debe regir el futuro. Y ello, metéroslo en la cabeza, será imposible sin desobedecer de manera no violenta, sin desobediencia civil y pacífica, sin romper con las inercias sociales, culturales, institucionales. Nos va en ello el futuro y la vida y sólo podemos salvaguardarlos juntas.

Print Friendly, PDF & Email

Un comentario

  1. Ser menys tenir,, a la pràctica humilitat, baixar els fums , mapajar el terreny
    Paciència i constància

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *