La Economía del Bien Vivir llega a Escocia

Una economía para Escocia mejor que un modelo de crecimiento: ¿por qué Escocia necesita adoptar una agenda de decrecimiento?

Katherine Trebeck autora de The Economics of Arrival

En 1983, el presidente Reagan declaró: “No hay grandes límites al crecimiento porque la inteligencia humana, la imaginación y la capacidad de maravillarnos no tienen límites”. Era una época en la que los estudiantes hacían huelga contra el riesgo de una guerra atómica, en que los artistas promovían en sus canciones que la ayuda y la caridad de Occidente “alimentaran al mundo”. Era un momento en que la comunidad científica estaba construyendo una sólida base de evidencia sobre los hidrofluorocarbonos que resultó en un acuerdo político (el “Protocolo de Montreal”) para erradicar su uso con el fin de proteger la capa de ozono.

Hoy, unas tres décadas después, miles y miles de estudiantes de todo el mundo están haciendo huelga por la inadecuada respuesta política a la crisis climática. Hoy en día, tanto los artistas y deportistas como las empresas están siendo imputados por evasión fiscal, lo que socava los presupuestos estatales para la salud y la educación en Escocia y en todo el mundo.

Y la comunidad científica no solo está advirtiendo contra la sexta extinción en masa, sino que está construyendo una base de evidencia empírica probando que el vínculo entre el crecimiento económico y el impacto ambiental es real. La reciente Evaluación Global no hizo ningún comentario al decir: “Un componente clave de las vías sostenibles es … alejarse del actual paradigma limitado del crecimiento económico.”

Pedir solo que nuestro sistema económico actual sea “descarbonizado” ignora tales pérdidas de biodiversidad. También ignoran la evidencia:

– Que desacoplar el crecimiento económico de las emisiones de carbono promueve el comprar cosas en el extranjero en lugar de en casa (por lo que su fabricación se registra en el registro de emisiones de carbono de otro país).

– Que las ganancias de eficiencia probablemente son parcialmente compensadas por el efecto rebote (el ahorro se gasta en otros bienes y servicios que tienen una huella de carbono), y

– Que cualquier desacoplamiento es demasiado lento para ser una solución.

Esta es la triste realidad para los defensores de un escenario de salvación tecnológica o crecimiento verde (que, de alguna manera, es el equivalente macroeconómico de un lavado de cara verde).

Grupos activistas y los académicos también están señalando la creciente evidencia de que el crecimiento económico no contribuye de forma automática a la igualdad de oportunidades, a pesar de las afirmaciones de cientos de libros de texto de economía y de tantos políticos en todo el mundo.

¿Cómo se percibirían esas afirmaciones a las comunidades en la Escocia rural que no ha obtenido ningún efecto beneficioso por el crecimiento del PIB de Escocia desde que Reagan fue presidente?

¿Qué les parecería a las personas que tienen que recurrir a los bancos de alimentos después de un turno en el trabajo porque la actividad económica que se ofrece no les permite alimentar a sus familias?

¿Qué le parecería a la gente sin hogar, donde la esperanza de vida está más de quince años por debajo de la del resto de la población, y que no dispone de servicios ni de oportunidades, ya que las oportunidades están restringidas por resultados profundamente desiguales?

Y, sin embargo, a pesar de tales realidades contemporáneas, el pensamiento de la era Reagan sigue vivo en nuestras ondas, debates políticos e incluso en nuestra mentalidad. Hace poco más de 12 meses, se publicó un informe en nombre del SNP y se votó en su conferencia de primavera de 2019, producto de la “Comisión de Crecimiento Sostenible”. El documento de 354 páginas que contiene algunas propuestas útiles y progresistas, entre otras, plantear los impuestos como una inversión y acoger con satisfacción el papel de los migrantes en la vida escocesa. Pero la premisa misma del informe ha sido discutida inadecuadamente y su crítica hasta el momento se ha centrado en la moneda de Escocia posterior a la independencia, e incluso algunos de los argumentos cambiarios se evalúan por su impacto en el crecimiento del PIB.

Al pasar sus páginas se percibe que el informe se enfoca en crecimiento “sostenible” en el sentido de “perpetuo”, no en el sentido de “tener en cuenta los límites ambientales y, por lo tanto, operar de manera que respete y regenere el ecosistema”.

Esto último no resultaría en un título tan pegadizo, pero el sentido original y el informe en sí deben ser reexaminados a la luz del consenso científico sobre el cambio climático, la indignación de los jóvenes ante la intransigencia política y el fracaso de un modelo orientado al crecimiento económico en aportar más a las comunidades en Escocia.

La Comisión de Crecimiento señala que la economía de Nueva Zelanda en la última década es algo a emular, a pesar de los esfuerzos de Nueva Zelanda para alejarse de su reciente orientación al crecimiento y, en cambio, construir una economía de bienestar. Como dice la primera ministra Jacinda Ardern: “La gente mira [a nuestro PIB] y dice ‘usted va bien’. Pero tenemos una tasa enorme de personas sin hogar, una de las tasas más altas de suicidio juvenil en la OCDE y nuestra salud mental y bienestar no son lo que deberían ser. Debemos abordar el bienestar social de nuestra nación, no solo el bienestar económico”.

Estas palabras podrían aplicarse fácilmente a Escocia. En lugar de persistir con un modelo económico que nuestros amigos kiwi están descartando, deberíamos acompañarlos a imaginar y crear una economía más adecuada para la realidad ambiental.

Traducción Susana Martín Belmonte del Original en inglés en: https://enough.scot/2019/06/30/an-economy-for-scotland-thats-better-than-growth/

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