La falta de evaluación rigurosa y el desdén por la crisis climática revelan un proyecto decidido antes de haber evaluado los impactos sociales, ambientales y climáticos insostenibles
Debemos preparar el ferrocarril de Cataluña para poder absorber las enormes y crecientes demandas que tendrá en los próximos años a consecuencia de la necesidad de descarbonizar la movilidad, los incrementos de precios de los combustibles fósiles y de población. El objetivo es que todos los problemas actuales desaparezcan cuando en dos años la mayoría de obras estén concluidas.
A diferencia de la España vampirizada por Madrid, los pueblos del interior de Catalunya reviven con una notable industria agraria y fibra óptica de calidad, con vivienda más asequible, buenos servicios y buena ocupación pública, y con una capacidad de desplazamiento incomparablemente mejor que en el resto del Estado, a pesar de las carencias del transporte público.
Analizando el periodo entre 2008 y 2024, se observa que la economía española se halla claramente en la senda de la economía estacionaria. Estamos dejando de crecer y sin embargo el país no se hunde. Al contrario, cada vez creamos más empleo, con menos gasto energético y menores emisiones.
Es urgente que se pueda ir en tren a París y a otros destinos en el norte, más que en avión, tantas veces como sea necesario. Es la única forma efectiva de descarbonización en la movilidad con la tecnología hoy disponible.
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