Observando el futuro para prevenirlo. (1)

Cataluña se calienta mucho. Y todo el Mediterráneo. Capítulo 1º

Josep Cabayol | Ester González | Siscu Baiges, 24/10/2019

Este año, los cerezos no han dado frutos en el Solsonès. Las altas temperaturas, cuando no tocaba, hicieron que florecieran antes, y después, una helada mató las cerezas. Hace dos años, pasó con los almendros. Lo explica Aida Garriga, vigilante de la Red de Observadores Meteorológicos del Servicio Meteorológico de Cataluña, a Emergencia Climática / Vida Verde, programa de Radio 4.

El aumento de la temperatura está alterando la fenología, manifestación directa de la afectación del clima sobre las especies vegetales y animales. Se adelanta la floración, se alarga el ciclo vital, hay más agua, aumenta el estrés hídrico, las plantas son más vulnerables al aumentar el periodo vegetativo …

El cambio climático es cada vez más tangible. Ya se puede palpar. Y afecta a la vida cotidiana y la economía familiar.

Junio ​​y septiembre son los meses en que el cambio climático se manifiesta más en Cataluña. Entre el 10 y el 13 de junio, se vivió un episodio de nieve y frío en la mitad norte, y hasta casi la verbena de San Juan, las temperaturas se situaron por debajo de los valores normales. La madrugada del 12 fue la más fría en un mes de junio en muchas regiones del país. La nevada fue excepcional a sectores del Pirineo Oriental y Prepirineo, con nieve a 1.800 metros.

Por el contrario, y desde el día 25, el calor se fue apoderando de Cataluña con valores no alcanzados nunca durante la verbena de San Pedro. En Barcelona, ​​la noche del 28 al 29, la mínima no bajó de 31 grados en el Observatorio Fabra [inversión térmica]. En el Observatorio del Raval, no bajó de 27, y al de Zona Universitaria, de 25. Las temperaturas en el interior, prelitoral y valles pirenaicos alcanzaron, los días 28 y 29, entre los 40 y los 43 grados, con récords históricos como 43,6 en Artés (Barcelona), 43,8 en Alcarràs (Segrià), o 42,4 en Breda (Selva). Registros hasta ahora inéditos en la Red de Estaciones Meteorológicas Automáticas (XEMA). Episodios de temperatura muy alta que no son sólo esporádicos. Si consultáis las temperaturas en el Observatorio del Ebro, comprobaréis que, desde 1990 en esta parte, se han disparado los días con temperaturas superiores a los 35ºC.

El viernes 28 de junio, otro fenómeno meteorológico fue aún más significativo, la desproporción abismal entre las temperaturas mínimas y las máximas. En Fornells de la Selva (Girona), la mínima fue de 12,8 ° C. horas más tarde, la máxima subía hasta los 43,4 ° C. Una diferencia excepcional de 30,6 ° C. En Das (Cerdanya), se pasó de 7,9 a 38,1ºC. 30,2ºC más alta. En Seròs (Segrià), la mínima fue de 12,7 y la máxima de 42,8 ° C, 30,1 ° C de diferencia. Un hecho que se repitió al día siguiente con una distancia de 30.1ºC [de 13,0 a 43,3]. [Datos extraídos del Boletín de Junio ​​del Meteocat]: Las estaciones automáticas de la XEMA nunca habían registrado una amplitud térmica tan grande. Fue la ola de calor más importante de las últimas décadas en las comarcas del interior. Y castigó toda Europa. Por poner un ejemplo, en Gallargues-le-Montueux, en la Provenza, se batió el récord histórico de temperatura de Francia, 45,9.

Todos estos datos confirman una tendencia: Cataluña se calienta mucho y el clima se radicaliza. Por ahora, la temperatura sube a un ritmo de 0,40ºC cada decenio. Un grado en los últimos 25 años. 1,2ºC desde la era preindustrial. [La temperatura fue bajando de promedio hasta mediados del siglo XX].

Si se mantiene este ritmo, y no hay nada que indique lo contrario, en Cataluña la temperatura habrá aumentado más de 1,5ºC desde la era preindustrial, antes de 2030. Y se alcanzaría el punto de no retorno, – que el IPCC publicado hace un año en Incheon, Corea del Sur, sitúa en los + 1,7ºC -, poco después de 2030. 2ºC 2040.

La Cuenca Mediterránea, de la que formamos parte, ya ha superado el grado y medio y tiene un pronóstico del Medeco de + 2,2ºC 2040 respecto la era preindustrial.

Agua y precipitaciones

En Cataluña, estamos condenados a disponer de menos agua, sobre todo por el aumento de la temperatura y de la evaporación. Contrariamente, habrá más demanda, tanto por parte de los ecosistemas como para las actividades humanas. En cuanto a las precipitaciones, los indicios no son suficientemente sólidos pero no es descabellado hablar de una disminución del 15/20%. También se constata una pérdida de entre el 20 y el 40% del agua disponible en las cabeceras de los ríos catalanes. A mediados de siglo, los modelos señalan una disminución de los recursos hídricos (agua azul) del 9,4% en el Pirineo y Prepirineo (básicos para la regulación de los embalses y la gestión antrópica y ecológica), del 18,2% en las comarcas interiores , y de hasta el 22% en el litoral. En la zona meridional, la disminución de los recursos hídricos será mucho más elevada: el 40% de los valores actuales respecto a los años 80. El 70%, si lo comparamos con los años 40. Aumentarán los periodos de sequía – más largas y continuadas – en todo el país y avanzará la desertificación.

La pérdida de lluvia y de agua disponible será más acentuada en los países del sur de la cuenca mediterránea. La disponibilidad de agua dulce caerá. El aumento de la temperatura incrementará la demanda por irrigación y quedará comprometida la cantidad de agua disponible para la población. Una primera y evidente consecuencia es que se endurecerán mucho las condiciones de vida para las personas, los animales y vegetales. El exceso de temperatura, la falta de agua, las largas sequías y la falta de alimentos incrementarán los procesos migratorios que mirarán hacia la orilla norte.

Tormentas

A pesar de la disminución de las lluvias y el aumento de los periodos de sequía, que se alargarán, las tormentas, cuando caigan, serán más intensas. Lo hemos comprobado los días 22 y 23 de octubre de 2019. Para hacernos una idea. Según la ACA, se registraron 1.230 m / segundo en el río Francolí la medianoche del 22 al 23. Casi 10 veces el caudal del Ebro. Días antes sólo llevaba 1m3 / segundo.

Aunque en otros episodios ha llovido más, el martes 22 fue el día más lluvioso de las últimas décadas si lo consideramos en el conjunto de Cataluña. En el último medio siglo no hay precedentes de un día tan lluvioso en las Garrigues, Pla d’Urgell, sur de la Noguera y este del Segrià. Ha llovido más en un día que en 10 meses. Cinco de las estaciones de la XEMA registraron el día más lluvioso de una serie con más de 25 años de datos: Arcos (Baix Camp), el Poal (Pla d’Urgell), Amposta (Tarragona), Vallfogona de Balaguer (Noguera) y la Granadella (Garrigues).

Las poblaciones más afectadas y con lluvias de récord se han concentrado sobre todo en el Baix Camp, donde Prades, Montbrió del Camp y Arcos, han llegado a 292.6 mm, 208.8 mm y 199,7 mm, respectivamente. También han sido registros nunca alcanzados antes los 254.4 mm de la Pobla de Cérvoles (Garrigues) y los 206.3 mm de Torroella de Fluvià (Alt Empordà).

La lluvia en muchos casos ha ido acompañada de tormenta: 11.851 rayos nube – tierra. Un tornado en el Maresme.

En el mar se registraron olas de hasta cuatro metros y una disminución de la presión atmosférica que, acompañada de la tormenta, aumentó el nivel del Mediterráneo, – resaca: oscilación extraordinaria del nivel del mar -, hasta medio metro en el Estartit.

Consultar datos

Las riadas, debido a las construcciones humanas, incrementan la exposición y la vulnerabilidad. Esto debería obligar a no construir y en sacar / apartar viviendas / infraestructuras de zonas inundables, cauces de ríos desviados y terrenos robados al mar. Un mar más elevado y ríos y arroyos llenos de agua por las tormentas más radicales inundarán las zonas costeras cuando se encuentren las dos aguas. La radicalización de la climatología incrementará los estragos si no cambiamos la manera de relacionarnos con el medio ambiente. Políticos, constructores, sociedad en general, deben entender que el cambio climático causará que la naturaleza recupere territorios ocupados. La sociedad debe comprender que es la naturaleza quien tiene el control de la biosfera y debe quitarse de la cabeza el sueño de que es la humanidad la que la gobierna.

El mar

La temperatura del mar ha llegado a 26,6ºC en el Estartit a primeros de agostos de este 2019. Un nuevo récord. En el Mediterráneo, de media, ha subido 1,2ºC en los últimos 40 años y las aguas se han elevado 13 cm desde 1990. Más de medio palmo. En los últimos 20 años, la línea de la costa ha retrocedido 12 metros de promedio entre Estartit y Begur – 60 cm por año -, zona donde hace las medidas José Pascual, también de la XOM.

Aunque no se sabe con precisión cuáles serán las consecuencias del deshielo en el Mediterráneo, las previsiones no dudan en indicar que antes de fin de siglo el nivel del mar habrá aumentado más de un metro. El mar irá avanzando poco a poco y recuperará terreno. Los deltas del Ebro, Llobregat y Tordera están en peligro evidente. Tanto por la salinización, como por su posible inundación / desaparición. Y esto afecta a una infraestructura básica como es el aeropuerto del Prat. Un buen momento, pues, para plantearse el futuro de un sistema de transporte de costes climáticos muy altos. De hecho, toda la línea de costa es cada día más vulnerable. Hay que replantear las infraestructuras existentes y las que se puedan hacer, empezando por puertos, espigones y paseos marítimos, en definitiva <todas las construcciones hechas a costa del mar y demasiado cerca del mar.

Insolación

La tendencia también señala un aumento de la insolación. Tanto el Observatorio del Ebro como el Observatorio Fabra han comprobado hace tiempo que suben las horas de sol: 63 horas más cada decenio en el Ebro, y 93, el Fabra, desde 1968. Es decir, que en Barcelona ahora hay más de 450 horas de sol más cada año. Y en el Ebro más de 300. Además insolación, más evaporación y más pérdida de agua, lo que agrava aún más las condiciones de vida.

Tampoco deben menospreciar las consecuencias sobre la salud que tiene una mayor exposición al sol.

Algunas reflexiones y conceptos finales

El cambio climático es la consecuencia de la mala gestión que la humanidad hace de la biosfera – entre las que y fundamental, la combustión de materia orgánica, de la que los combustibles fósiles son un derivado – y no la causa de los problemas que la amenazan: cambios en la temperatura del aire y del agua, en las precipitaciones, los suelos, los acuíferos, los océanos, las corrientes marinas, el hielo / deshielo, la pérdida de permafrost, el efecto albedo, los vientos , la insolación, la desertificación, la fenología, los polinizadores, la capacidad de fotosíntesis, la pérdida de biodiversidad, los alimentos, las migraciones.

La combustión de materia orgánica que alimenta el actual sistema económico, el capitalismo, supone contaminar el aire y verter tóxicos que envenenan el espacio que habitamos con las otras especies.

El planeta es finito y finitos son sus recursos, que se agotan

Cuanto más energía y materiales se utilizan, más residuos se generan y, por tanto, aumentan los costes ambientales, porque las economías están agotando la capacidad de almacenamiento de que disponen los sistemas ambientales.

La salud está amenazada. De hecho, lo está la supervivencia de las especies, todas las que habitamos la biosfera.

Es muy duro comprobar que la clase política catalana, española, mundial, asiste impertérrita a un ecocidio de todas las especies. Refiriéndonos a la especie humana, no se inmuta ante la muerte prematura, evitable, de 350 personas cada año en Cataluña por lo menos, por exceso de calor. 1.400, en España. Según Ecologistas en Acción, 39,8 millones de personas respiramos en España aire contaminado por ozono, si lo medimos con los niveles marcados por la Organización Mundial de la Salud. 9,8 millones, según la normativa europea y española Mueren prematuramente por ozono entre 1.500 y 1.800 personas en el Estado. Los costos, según el Banco Mundial, fueron 5.000 millones de euros al año> 2013.

En cualquier caso, en Cataluña mueren 3.500 personas cada año por la mala calidad del aire, 10.000 en todo el Estado y 12,5 millones en todo el mundo. Tanto es así que la Agencia Europea del Medio Ambiente sitúa en 2,2 años la pérdida de esperanza de vida en toda Europa.

En Cataluña, están aumentando las noches en que la temperatura no baja de 20ªC, noches tropicales, lo llaman. En Barcelona, ​​son 90 de media, pero en el Observatorio del Raval superan el centenar. El descanso nocturno es más difícil y las consecuencias sobre la salud, notables. De hecho, el aumento del calor tiene efectos tanto sobre la salud física como sobre la mental. Aparte del estrés que supone conocer y aceptar que el mundo tal como lo hemos conocido ya no será y que tenemos que cambiar hábitos y estructuras mentales. De todo ello, hablaremos en el transcurso de la serie.

Este año las cigüeñas llegaron antes en el Solsonès, desconcertadas. Todas las especies lo están. Las personas, también. Con una diferencia: una parte, no todas, pero una parte, las que controlan el sistema económico, son las causantes. El resto somos colaboradores necesarios. No podemos continuar ni calladas ni resignadas. Nos va el futuro, nos va la vida.

http://catalunyaplural.cat/ca/observant-el-futur-per-prevenir-lo/

Traducción: Teresa Abril

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