Partha Dasgupta, un reconocido economista especializado en la intersección entre economía y ecología, alerta que el mundo se enfrenta a una crisis de biodiversidad sin precedentes, que amenaza no solo a las especies, sino también a los ecosistemas de los que depende la vida humana. Para abordar esta crisis, es necesario un cambio radical en el sistema económico global, alejándose de los modelos tradicionales que solo valoran el PIB y enfocándose en la preservación del capital natural.
Dasgupta argumenta que es crucial poner un precio adecuado a la naturaleza para preservar nuestros recursos y evitar su agotamiento. En sus análisis, resalta que, aunque muchos recursos naturales esenciales como el aire, el agua, las especies y los ecosistemas no tienen un valor monetario directo, su degradación tiene un coste elevado que afecta a todos, especialmente a largo plazo. Dasgupta señala que los modelos económicos tradicionales han desatendido este coste, lo que hace urgente la necesidad de integrar un precio justo para la naturaleza, de modo que se evite la extinción de especies y la destrucción de ecosistemas.
Dasgupta propone un cambio radical en la forma en que medimos el éxito económico, abogando por un enfoque que reconozca y valore el capital natural. En sus escritos, Dasgupta cuestiona el uso del Producto Interior Bruto (PIB) como indicador principal del bienestar de una nación, ya que considera que este indicador no refleja adecuadamente la riqueza real de un país, pues mide solo el flujo de dinero y no las existencias de activos nacionales, como los recursos naturales.
Desconexión entre riqueza y economía
Uno de los principales puntos de Dasgupta es la desconexión entre «riqueza» e «ingresos». Siguiendo la distinción de Adam Smith, la riqueza no solo debe entenderse como lo que poseemos hoy, sino también como los activos que nos permiten generar ingresos en el futuro. Para Dasgupta, la mayor riqueza de la humanidad es la naturaleza misma, la cual es fundamental para la creación de bienestar y generación de riqueza. Sin embargo, los sistemas económicos tradicionales no incluyen su valor, a pesar de que la explotación excesiva de los recursos naturales, como la sobrepesca o el turismo masivo, reduce la capacidad de la naturaleza para generar beneficios a largo plazo. Este fenómeno es algo que se ha repetido a lo largo de la historia, como en los casos de la desaparición de las civilizaciones mayas o de la Isla de Pascua, que colapsaron debido a la sobreexplotación de sus recursos.
El coste económico de la degradación ecológica
Dasgupta subraya la necesidad de reconocer el coste de la degradación de los ecosistemas cuando se calcula el crecimiento económico. Los modelos económicos convencionales solo han considerado como activos el capital humano, las infraestructuras y las máquinas, ignorando el valor de los ecosistemas. Esta omisión es crítica porque el deterioro de los ecosistemas no se puede regenerar de la misma manera que otros activos. Un ejemplo claro es la sobreexplotación de los caladeros de pesca, que se destruyen permanentemente debido al uso excesivo, lo que genera pérdidas irreversibles. Esto es aplicable también a los recursos hídricos y agrícolas, cuya sobreexplotación reduce la capacidad de los ecosistemas para regenerarse.
La necesidad de un precio justo para la naturaleza
Como solución, Dasgupta propone que se establezca un coste adecuado para el uso de los recursos naturales, lo que permitiría frenar la sobreexplotación y asegurar su uso sostenible. En el caso del turismo, por ejemplo, su sostenibilidad se podría garantizar aumentando las tasas turísticas y destinando estos fondos a la preservación de los ecosistemas. De esta forma, el turismo seguiría existiendo, pero los turistas pagarían más por el uso de los recursos naturales, lo que incentivaría la conservación. Dasgupta no aboga por la eliminación del turismo, sino por ajustar su coste para reflejar adecuadamente su impacto ambiental, lo que fomentaría prácticas más sostenibles.
La amenaza de la extinción y el coste de no actuar
Un aspecto alarmante en la propuesta de Dasgupta es la acelerada tasa de extinción de especies, que, según sus cálculos, es al menos 100 veces más rápida que en periodos anteriores. La extinción de muchas de estas especies es irreversible, lo que implica un coste elevado, tanto en términos ecológicos como económicos. Para mitigar esta situación, Dasgupta sugiere implementar impuestos y regulaciones que encarezcan actividades destructivas, como la pesca excesiva o la deforestación. Al aumentar el coste de estas actividades, se reduciría la sobreexplotación de los recursos naturales y se daría espacio a la regeneración de los ecosistemas y la preservación de las especies.
Un futuro sin un precio justo para la naturaleza
Si no se toman medidas para establecer un precio adecuado a los recursos naturales, el resultado será un empobrecimiento generalizado, tanto económico como ambiental. Al seguir considerando la naturaleza como un recurso «gratis», su explotación continuará hasta su agotamiento. Este enfoque podría llevar a la extinción de especies y la desaparición de ecosistemas, y, en última instancia, a una crisis económica y ambiental devastadora para las futuras generaciones. Dasgupta sostiene que la clave para evitar este escenario es la creación de instituciones justas que regulen el uso de los recursos naturales y obliguen a las personas a pagar por el valor que extraen de la naturaleza.
Crítica al PIB y la necesidad de valorar el capital natural
Según Dasgupta, el PIB no refleja adecuadamente la riqueza real de un país porque mide solo el flujo de dinero, no las existencias de activos nacionales, como los recursos naturales. A pesar de que un país puede tener un PIB creciente, esto no garantiza que su riqueza aumente si, al mismo tiempo, está destruyendo su capital natural. Por ejemplo, si alguien pregunta cuánto posee una persona, lo normal es sumar el valor de sus propiedades, ahorros y otros activos. De forma similar, un país debería sumar el valor de sus activos naturales (bosques, costas, humedales, etc.) para obtener una medida más precisa de su riqueza. Sin embargo, muchos de estos activos no se tienen en cuenta en los cálculos del PIB, lo que distorsiona la verdadera situación económica.
Dasgupta propone que las economías nacionales reconozcan la naturaleza como un activo esencial que debe ser gestionado y protegido adecuadamente. La economía de un país no prosperará si no gestiona bien su «hogar común», que es la naturaleza. Para lograrlo, es necesario un cambio profundo en la forma de contabilizar la riqueza nacional, incorporando el capital natural en los sistemas de contabilidad nacional. De esta forma, si un país conserva sus ecosistemas, su riqueza real aumentará; si los destruye, su riqueza disminuirá.
Países como Reino Unido, Canadá y Costa Rica ya han implementado modelos de valoración de sus ecosistemas, incorporando el valor de sus humedales, bosques y tierras agrícolas en sus cálculos nacionales. Esta práctica permite ver la naturaleza como un activo económico genuino y refleja que su destrucción tiene un coste, no solo ambiental, sino también económico. Valorar el capital natural contribuiría a una gestión más sostenible y responsable de los recursos naturales.
Fin de las subvenciones nocivas y reforma en la producción agrícola
Dasgupta también critica las subvenciones a actividades que dañan el medio ambiente, como la extracción de agua y energía para la agricultura de manera insostenible. Estas subvenciones, que ascienden a miles de millones de dólares anuales, son perjudiciales para el futuro de las economías. El economista sugiere que, en lugar de subvencionar la explotación destructiva de la naturaleza, los gobiernos deberían compensar a los agricultores que implementen prácticas más sostenibles, lo que protegería los ecosistemas y mejoraría la salud del suelo y los recursos naturales.
La importancia de gravar las actividades destructivas en los océanos
Dasgupta también señala que las actividades destructivas en los océanos, como la pesca excesiva, el transporte de mercancías y la contaminación, deberían estar gravadas. El economista estima que se podrían recaudar entre 20.000 y 30.000 millones de dólares anuales a través de tasas sobre estas actividades, lo que permitiría financiar la conservación de ecosistemas vitales como las selvas tropicales y los arrecifes de coral, esenciales para el equilibrio climático global.
Principales ideas extraídas de las entrevistas a P. Dasgupta, publicadas en La Vanguardia. Más información aquí:

