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Para planificar adecuadamente las próximas cuatro décadas, deberíamos imitar a Finlandia

Explicación didáctica sobre prospectiva política, en qué consiste y cómo se realiza. También es una crítica a la forma de planificar el futuro en Irlanda

El moderno barrio de Jatkasaari, en Helsinki, Finlandia, es un referente en planificación. Demuestra que el país es pionero en la planificación del futuro.

El documento de planificación del futuro de Irlanda «Futuro Cuarenta» es un comienzo, pero se basa en supuestos incorrectos.

El futuro no esperará pacientemente a que Irlanda se organice. Un país que planifica hasta 2065 debe preguntarse no solo qué es probable, sino también qué es posible y qué es deseable.

Cuando el Ministerio de Hacienda publicó Future Forty: Perspectivas económicas y fiscales hasta 2065, se percibió como un raro momento de visión a largo plazo en un estado que lucha por mirar más allá del próximo ciclo electoral. Es estupendo ver que este tipo de mentalidad está ganando terreno. Sin embargo, la regla del informe de «no modificar las políticas» congela las hipótesis actuales.

En informe Future Forty nos indica dónde podríamos llegar si las tendencias actuales continúan, lo cual no se corresponde con la realidad del futuro. La evidencia es importante, pero solo puede provenir del pasado. La prospectiva también exige herramientas que vayan más allá de las tendencias.

Un país que planifica hasta 2065 necesita tanta imaginación como extrapolación: una voluntad de preguntarse no solo qué es probable, sino también qué es posible y qué es deseable.

La planificación a través de escenarios, por ejemplo, imagina varios futuros alternativos —cada uno distinto, plausible, coherente y convincente— para evaluar el abanico de opciones a la que se enfrenta la sociedad. La retroproyección parte de un futuro deseado y trabaja hacia atrás: ¿Qué cambios en las políticas, la tecnología, el comportamiento o las instituciones serían necesarios para alcanzarlo?

La prospectiva basada en narrativas y el diseño especulativo nos permiten explorar cómo sería vivir en el futuro, ya que la emoción influye en la política y las políticas públicas tanto como la economía.

Irlanda fue pionera en el uso de asambleas ciudadanas para ampliar nuestra visión democrática. No hay razón para que no podamos convertirnos también en líderes mundiales en las herramientas que permitan a los países poner a prueba el futuro: la exploración de horizontes para detectar cambios con antelación, la detección de señales débiles para percibir lo que otros pasan por alto, la planificación de escenarios para probar opciones en condiciones radicalmente diferentes, la retroproyección para trabajar hacia atrás desde el futuro que deseamos y la prospectiva participativa que invita a la ciudadanía a imaginar lo que nos depara el futuro. No se trata de predicción, sino de preparación.

Pero Irlanda apenas ha comenzado a desarrollar las herramientas, la experiencia y las instituciones que permiten a los gobiernos pensar a largo plazo, en lugar de a corto plazo. No contamos con un centro de formación en prospectiva, ni con una trayectoria profesional definida, y solo existen algunos expertos en prospectiva dispersos dentro del Estado.

Para ver cómo funciona esto, basta con mirar a Finlandia, ampliamente considerada como pionera mundial en gobernanza anticipatoria.

El caso de Finlandia

Finlandia comenzó a construir su infraestructura de prospectiva hace más de 40 años. La Sociedad Finlandesa de Estudios del Futuro cuenta ahora con 14 miembros institucionales y casi 700 miembros individuales. Fundado en 1992, el Centro Finlandés de Investigación del Futuro de la Universidad de Turku se ha convertido en un referente en educación e investigación prospectiva.

Con cerca de 50 empleados, forma a estudiantes de máster y doctorado y coordina la enseñanza sobre el futuro en nueve universidades a través de la Academia Finlandesa del Futuro, fortaleciendo la capacidad prospectiva tanto en el sector público como en el privado. Estos son solo los pilares educativos.

Finlandia también ha integrado la prospectiva en el núcleo de su política y de la administración pública. El Comité para el Futuro del Parlamento finlandés, fundado en 1993, fue el primer comité parlamentario permanente del mundo dedicado a la política del futuro. En cada legislatura, el gobierno publica un Informe sobre el Futuro, que el comité analiza y responde, a veces con recomendaciones vinculantes.

Desde entonces, otros 14 parlamentos han adoptado estructuras similares.

La red nacional de prospectiva de Finlandia, lanzada en 2005, integra el pensamiento a largo plazo en las políticas nacionales, regionales y locales.

En 2015, se creó un grupo directivo de prospectiva en la oficina del primer ministro, que coordina la estrategia en todo el gobierno. Fuera del ámbito estatal, las consultoras, los profesionales y la sociedad civil enriquecen un ecosistema real.

El fondo de innovación del país, Sitra, con activos de inversión cercanos a los 1.000 millones de euros, sitúa el trabajo prospectivo en el centro de su misión. El resultado es una cultura donde el futuro está presente en la toma de decisiones diaria.

En contraste, Irlanda tiene talento, pero carece de infraestructura. Quizás tememos que imaginar futuros radicalmente diferentes pueda distraernos del instinto fundamental de la política económica del Estado, que consiste en atraer inversión extranjera directa; una estrategia que le ha funcionado bien a Irlanda durante seis décadas. Pero un mundo marcado por el cambio climático, la geopolítica cambiante, la automatización y el envejecimiento de la población exige flexibilidad. Irlanda necesita nuevas capacidades estratégicas.

No deberíamos simplemente copiar a Finlandia. Pero podemos construir un sistema que se adapte a las realidades irlandesas:

Primero, establecer un comité para el futuro como un organismo permanente. Crear un comité conjunto del Oireachtas (Parlamento de la república de Irlanda), libre de restricciones para cualquier cambio de política.

Segundo, crear un centro de prospectiva para la investigación y la formación que desarrolle las competencias necesarias en el gobierno, las empresas y la sociedad civil.

Tercero, impulsar un diálogo nacional sobre el futuro a largo plazo de Irlanda, aprendiendo del éxito del diálogo galés «El Gales que Queremos» (2014-2015), que redefinió lo que es posible.

Cuarto, restaurar la capacidad estratégica en el centro del gobierno, con un nuevo consejo de investigación e innovación que cubra el vacío dejado tras la abolición de Forfás, que rinda cuentas al Taoiseach y cuyo mandato abarque más allá de la tecnología comercial. Las innovaciones sociales también importan.

Esto no es pensamiento abstracto. La construcción de viviendas lleva décadas. Los sistemas de transporte, generaciones. La reforma sanitaria es un proceso largo y complejo.

Si no planificamos a largo plazo, nos condenamos a una situación de constante retraso: viviendas siempre con retraso, transporte siempre saturado, sanidad siempre en reforma.

Irlanda se convirtió en una nación moderna porque en su momento tuvimos el valor de pensar más allá de la crisis: Ardnacrusha, la educación gratuita, la adhesión a la UE, el Acuerdo de Viernes Santo. Cada una de estas iniciativas requirió una visión que trascendió el momento.

No debemos temer a los grandes futuros. Debemos temer a su ausencia.

Ray Griffin es profesor titular de gestión y organización en SETU. Donncha Kavanagh es catedrático de información y organización en la Escuela de Negocios de la UCD. Este artículo se basa en un documento más extenso publicado en publicpolicy.ie.

Artículo original: To plan properly for the next four decades, we should copy Finland

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