Síntesis del libro de Jonathon Porrit (2025), Love, Anger and Betrayal. Mount House Press
En los últimos años estamos viendo cómo, cada vez más deprisa, la legalidad vigente es incapaz de garantizar las condiciones mínimas para una vida digna para la mayoría de la población (humana, no humana y de las generaciones por venir). La prensa nacional e internacional recoge decenas de artículos sobre la criminalización de la protesta y el retroceso en las libertades civiles, también en Europa.
También se han publicado muchos artículos en defensa de la desobediencia civil. Poniendo como ejemplos clásicos a las sufragistas oa Martin Luther King, nos recuerdan que la desobediencia civil no sale de un impulso temerario ni de una voluntad de confrontación permanente. Nace del sufrimiento y de la esperanza: la convicción de que el deterioro climático es una realidad que alimentamos, pero también de la esperanza de que es una situación que puede cambiar.
El libro Love, Anger and Betrayal (2025) nos pone ante una pregunta recurrente: ¿por qué las generaciones más jóvenes se arriesgan a desafiar a la ley en nombre de la vida? El escritor Jonathon Porrit entreteje una historia del activismo climático, del ambientalismo en Reino Unido y de Just Stop Oil con los testimonios de activistas. El libro quiere abrir un espacio para la escucha, más que glorificar el activismo.
¿Qué fue Just Stop Oil (JSO)?
JSO estuvo activo entre 2022 y 2024 con el objetivo concreto de frenar la aprobación de nuevos proyectos de extracción de gas y petróleo en Reino Unido utilizando la acción directa no violenta. Los bloqueos continuos de las calles de Londres y las acciones simbólicas en los museos llevaron rápidamente al grupo a los titulares de los periódicos, al centro del debate público y en el punto de mira del sistema legal británico.
Pero más allá de su imagen pública, JSO fue una comunidad formada básicamente (pero no únicamente) por personas jóvenes con una preocupación en común: la forma en que las decisiones energéticas actuales hipotecan la estabilidad climática y los sistemas biológicos del planeta, comprometiendo el futuro de todos.
Testimonios de los activistas más jóvenes
Los activistas invocan una y otra vez el amor como su fuerza motriz primaria. Amor por los territorios que desaparecen, por las especies amenazadas, por las personas que ya se están viendo obligadas a migrar porque su lugar de nacimiento ha desaparecido bajo las aguas de océanos que suben de nivel. Este amor no es una abstracción, sino de un vínculo con sitios y personas concretos. Por eso muchos de ellos hablan de la angustia de imaginarse un futuro en el que algunos ecosistemas hayan dejado de existir o en el que las crisis alimentarias sean la norma.
La “traición” del título es la forma en la que el autor encapsula la furstración y la impotencia ante un contrato social que se ha roto, tanto por la inacción pública como por la constatación de que cada generación ya no trabaja para mejorar las condiciones de vida de la siguiente. Ante esto, la ira no es una explosión gratuita, sino una respuesta adaptativa ante esa inacción ante la evidencia científica y ante la realidad que se despliega ante nuestros ojos.
Repiten que la crisis climática no se reduce a las cifras de emisiones. Es una experiencia de pérdida y de impotencia fabricada. En el nivel más íntimo, es la pérdida de la posibilidad de construir una vida. A nivel global, es la pérdida irreversible de la estabilidad climática que ha permitido que la vida se desarrolle tal y como la conocemos. Un luto que nadie nos ha enseñado a hacer. Su sufrimiento, el sufrimiento humano, se entrelaza con el deterioro ambiental.
Algunos de los activistas están pendientes de juicio o han entrado en prisión. Desde su perspectiva, la legalidad vigente prioriza la continuidad económica por delante del bienestar holístico – «es más fácil imaginarse el fin del mundo, que el fin del capitalismo» (Fredric Jameson y Slavoj Žižek). Cuando, a pesar de los compromisos climáticos, se aprueban una y otra vez nuevos proyectos de extracción de combustibles fósiles, los jóvenes perciben una incomprensible disonancia entre el discurso y la práctica.
Porritt no rehuye la complejidad del debate. Una verdadera transición energética conlleva conseguir y sostener un delicado equilibrio entre el bienestar social, la inercia del modelo político-económico imperante y cuestiones técnicas. Pero posponer infinitamente ese debate incómodo y la toma de decisiones difíciles desde el punto de vista de la política partidista sólo hará que el sufrimiento y las pérdidas sean cada vez mayores. A principios de 2026 un artículo científico ha acuñado la expresión “future soothing” (tranquilizarnos en el futuro) para referirse a esta demora perpetúa.
Persistencia
El libro termina con una reflexión sobre el legado de JSO como un grupo de jóvenes que, ante una amenaza existencial en marcha, escogieron actuar en pro de la vida, aunque fuera en contra de la legalidad vigente y, a veces, con la incomprensión de sus círculos más cercanos.
Porrit no da respuestas cerradas, porque no existen, pero sí ofrece la experiencia de JSO, no sólo la experiencia pública, sino también la vivencia íntima, para que las próximas personas que encarnen la defensa de la vida estén mejor preparadas. La cuestión central no son sólo las tácticas y las consecuencias de protesta, sino también el futuro que consideramos aceptable y el coste personal de la lucha por recuperarlo.
Las historias que recoge el libro nos ponen ante varias preguntas: ¿en momentos como éste, la desobediencia civil es un síntoma de ruptura o un intento desesperado de reparación? Cuando la gestión pública protege las estructuras, pero no protege al futuro, ¿qué puede hacer una generación que percibe que el tiempo se agota? ¿Cuál es el coste personal de tomar acción?

