En verde, los municipios que ganan población; en rojo, los que la pierden
Recientemente, el diario ABC publicó un atlas de los municipios de España según si han ganado o perdido población en lo que llevamos de siglo. Se puede consultar la variación relativa de población para cada uno de los 8.000 municipios de España, ya que es un documento abierto.
El artículo también publicaba una imagen gráfica muy potente. En verde, los municipios que ganan población; en rojo, los que la pierden. La provincia de Madrid era toda de color verde. Todos los municipios de la provincia han ganado población, pero a su alrededor, las dos Castillas que rodean la comunidad autónoma madrileña, aparecen teñidas de rojo o amarillo, los colores con los que el mapa indica que pierden población. Amarillo, poca pérdida poblacional relativa; rojo, pérdida significativa.
Con un simple vistazo se aprecia el contraste entre Catalunya y las dos Castillas. En Catalunya, los municipios con color rojo son poquísimos, mientras que en las dos Castillas casi todos son rojos o muy rojos. Es cierto que en Catalunya hay municipios de color amarillo; en lo que llevamos de siglo han perdido población, pero son pocos y el color amarillo indica que la pérdida demográfica es muy pequeña.
¿Cómo ha evolucionado la distribución de la población en Catalunya?
Para evitar equivocarme en el diagnóstico final, he confeccionado una tabla en la que se ve la variación de población, año a año, para las regiones administrativas de Catalunya entre 1981 y 2024. Aparece a continuación.

En la penúltima columna, a la derecha, se indica, de forma separada del resto, la población conjunta de las comarcas de Ponent, Terres de l’Ebre y Pirineu, los territorios que, por sus antecedentes, son los susceptibles de sufrir despoblación. En estos tres territorios agrupados, entre 1981 y 2000, la demografía se mantuvo constante en torno al medio millón de habitantes, y a partir del inicio de este siglo, la población crece significativamente y se estabiliza en torno a los 640.000 habitantes. Las dinámicas de las tres regiones consideradas separadamente son calcadas. Estabilización demográfica hasta el cambio de siglo y crecimientos significativos desde ese momento hasta ahora.
Por lo tanto, se verifica la tesis central de este artículo. Mientras Madrid devora y chupa todo lo que tiene a su alrededor, en Catalunya las cosas son completamente diferentes. A modo de anécdota, cuando yo era adolescente, el pueblo de mi madre, en el Pallars Jussà, perdía población tan rápidamente que llegué a pensar que, cuando fuera mayor, el pueblo dejaría de existir. Pues bien, el número actual de habitantes ha superado las cifras de 1990 y la escuela unitaria, cerrada en los años 80, ha vuelto a abrir y ahora es un pueblo lleno de niños. Es cierto que solo es una anécdota personal, pero he oído muchas historias similares.
Las razones de este crecimiento demográfico
Básicamente, hay razones económicas, de precio asequible en la vivienda, de servicios públicos, y también razones de transporte. Es decir, para que la gente no se marche a la metrópoli, deben existir condiciones dignas de vida que se concretan en trabajo, vivienda, servicios públicos y transporte.
Veamos el factor económico. La Catalunya interior ha logrado levantar una apreciable industria agraria que se nota en multitud de marcas, algunas muy famosas, de productos alimentarios. Pero también es muy importante que la fibra óptica de gran calidad haya llegado a la mayoría de localidades, lo que permite el trabajo desde casa de ciertas especializaciones profesionales y el teletrabajo.
Al factor económico se suma el habitacional. En muchos pueblos de Catalunya hay más viviendas que población censada, por lo que se puede encontrar una vivienda familiar, que sale casi gratis, o un alquiler a mitad de precio en comparación con los de Barcelona. Es cierto que faltan viviendas de alquiler en bastantes poblaciones, pero igualmente es verdad que mucha gente puede satisfacer sus necesidades de vivienda a precios reducidos o muy reducidos en comparación con los de la metrópoli.
Igualmente importante es que haya una dotación suficiente de servicios públicos. La dotación unitaria de estos servicios es notoriamente mejor en las capitales y subcapitales comarcales de la Catalunya interior que en la metrópoli. Hay buenos centros de atención primaria (CAP) en muchos lugares, sin colas ni listas de espera, y bastantes hospitales. También buenos institutos, servicios de policía, bomberos, judicatura y muchos otros servicios públicos. La prueba de lo que digo es que en la mayoría de comarcas del interior la tasa de ocupación pública multiplica por dos la de la metrópoli. En la Catalunya interior tenemos, comparativamente, unos buenos servicios públicos.
Y la cuestión del transporte también es esencial. Diariamente, un millón de catalanes van a Barcelona a trabajar o hacer alguna gestión. El acceso en coche y en transporte público a la capital de Catalunya resulta francamente eficiente. El 99% de los catalanes pueden ir en transporte público a Barcelona, a la capital de provincia y a su capital comarcal en un viaje de ida y vuelta el mismo día, y casi siempre varias veces al día.
En coche, este viaje normalmente es más rápido que en transporte público, pero solo la mitad de la población catalana tiene acceso a un automóvil sin depender de otros. En Catalunya, hay gente que se queja del transporte público, pero nuestra situación es incomparablemente mejor que en el resto de las regiones españolas en este aspecto.
Lo que ocurre en Catalunya también pasa en la mayoría de lugares de Europa, pero no en la mayoría de las regiones españolas. En España, sobre la mala situación dotacional de servicios de partida, se añade como factor agravante la constante absorción de recursos por parte de Madrid sobre su territorio circundante, a través de la capitalidad de Estado y políticas centralistas. Las comunicaciones radiales son las más conocidas, pero hay otras.
En Catalunya, obviamente hay muchas cosas que mejorar, pero podemos estar ciertamente orgullosos de haber detenido la despoblación del interior.
Pau Noy es ingeniero industrial y presidente de la Fundación Movilidad Sostenible y Segura.

