«La frontera amigo-enemigo no está dentro del ecologismo por muchas que sean nuestras discrepancias, sino que la conforma el proyecto de capital fósil, del negacionismo (también el de los límites planetarios) y de aquellos que pretenden gestionar la crisis ecológica por la vía de incrementar la desigualdad», defienden los autores.
El decrecimiento puede funcionar. Los países ricos pueden crear prosperidad utilizando menos materiales y energía si abandonan el crecimiento económico como objetivo
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