Los peajes urbanos y la justicia ciudadana

¿Por qué tenemos que subvencionar a los sectores más ricos, que son los que más utilizan el vehículo privado?

John Etherington, 29/12/2018

Últimamente, los peajes urbanos –pagar por entrar en las ciudades con vehículo privado– vuelven a estar en el centro del debate sobre la movilidad. Aunque el fantasma de los chalecos amarillos haga ponerse a temblar a más de un responsable político, no por ello debemos pensar que los peajes son necesariamente una mala idea.

Barcelona 11 1 2018 BARCELONA FRACASA EN SU LUCHA CONTRA EL COCHE Trafico de coches y autobuses en la Diagonal En la foto trafico denso a las 8 30 en la Gran Via hacia pl Espana FOTOGRAFIA DE JOAN CORTADELLAS

Para empezar, cualquier medida que prometa reducir el uso del vehículo privado en el ámbito urbano merece ser tenida en consideración, ya que tiene consecuencias nefastas para la salud de las personas, el medioambiente y, sí, la prosperidad de la ciudad. Por citar algunos ejemplos: en la región metropolitana, más de 3.000 personas mueren cada año prematuramente debido a las emisiones tóxicas de los coches; centenares de miles de escolares sufren problemas de aprendizaje a causa del ruido; y hay más de 15 mil accidentes con víctimas en las zonas urbanas de la provincia. El transporte es el único sector cuyas emisiones de CO2 han crecido en las últimas décadas en la UE, y para cumplir con nuestras obligaciones legales tenemos que reducirlas en un 75% antes del 2050. Y todos estos efectos negativos tienen un precio, gran parte de los cuales pagan los ciudadanos: en Barcelona, sin ir más lejos, en un año, cada mujer, hombre, niña o niño proporciona a cada usuario del coche una subvención efectiva de más de mil euros..

Experiencia positiva

Al mismo tiempo, las experiencias que tenemos de peajes urbanos (por ejemplo, Londres, Milán, Estocolmo, Gotemburgo y Singapur) son generalmente positivas: el tráfico dentro de la zona del peaje disminuye, como también lo hacen el ruido, los niveles de contaminación y las emisiones de CO2. Y en muchos casos, el dinero recaudado se destina a financiar mejoras en el transporte público.

A pesar de su éxito, las ciudades con peajes urbanos siguen siendo muy pocas. El argumento casi siempre desplegado por sus detractores apunta a la supuesta regresividad de la medida: al pagar una tarifa plana por acceder, los conductores con menos recursos se ven más penalizados que los más ricos.

Pero ¿nos hemos parado a pensar alguna vez por qué pedimos que el uso de las carreteras sea gratis para todos y no el uso de servicios de bienes tan básicos como el agua, la electricidad y el transporte público? En estos casos, se aplica el criterio de que el consumidor pague lo que consume y se articulan ayudas para las personas con menos recursos o necesidades especiales. Así pues, ¿por qué el uso de las carreteras tiene que ser diferente? ¿Por qué tenemos que subvencionar a los sectores más ricos, que son los que más utilizan el vehículo privado?

Los peajes urbanos por sí solos no son la única solución a los problemas derivados del uso desmesurado del coche y la moto en nuestras ciudades. Pero acompañados por otras medidas que potencien el caminar, el ir en bici y el transporte público, ayudarán a crear ciudades más sostenibles, más seguras, más saludables y, con perdón de Platón, más justas. 

https://www.elperiodico.com/es/opinion/20181229/articulo-opinion-john-etherington-los-peajes-urbanos-y-la-justicia-ciudadana-movilidad-contaminacion-coche-privado-transporte-publico-7215397

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