Es hora de apostar por el largo plazo: mejorar la formulación de políticas intergeneracionales

Cómo superar la miopía de las democracias actuales: claves institucionales e innovaciones participativas para planificar a largo plazo

Figura 1. El modelo de las tres I para potenciar la visión a largo plazo y la formulación de políticas intergeneracionales (ilustraciones de Franka Wiggers).

Resumen del artículo It’s time for long-termism: improving intergenerational policymaking in today’s democracies, de Wieke Pot y Jorren Scherpenisse, publicado en la revista Policy Studies en 2026.

1. Introducción y Planteamiento del Problema

Los gobiernos democráticos de todo el mundo se enfrentan a un desafío estructural conocido como la «tiranía del presente». Problemas de gran calado e impacto a largo plazo —tales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las crisis de salud pública (como las enfermedades relacionadas con el estilo de vida) y el envejecimiento de infraestructuras críticas— requieren una acción gubernamental sostenida cuyas causas y efectos abarcan múltiples generaciones.

A pesar de los acuerdos globales (como el Acuerdo de París de 2015 sobre el clima) y los compromisos de emisiones netas cero en más de 140 países, las políticas actuales siguen quedándose cortas. Por ejemplo, las proyecciones del Programa de la ONU para el Medio Ambiente apuntan a un aumento de la temperatura global de hasta 2.8 °C con las políticas vigentes, lo que pone en riesgo de colapso sistemas vitales como los arrecifes de coral, la capa de hielo de la Antártida Occidental y la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC).

El núcleo del dilema radica en que los problemas a largo plazo exigen asumir sacrificios a corto plazo para obtener ganancias a largo plazo. Sin embargo, las democracias representativas sufren de una tendencia natural hacia el cortoplacismo (o miopía democrática). El artículo plantea la siguiente pregunta central: ¿Cómo pueden los gobiernos responder de manera más adecuada a los problemas a largo plazo y servir a los intereses de las generaciones futuras dentro de los procesos de formulación de políticas actuales?

2. ¿Por qué es tan difícil para los gobiernos democráticos ofrecer resultados a largo plazo?

Se identifican cuatro fuentes principales de cortoplacismo en los regímenes democráticos, basados en la literatura de la ciencia política, la economía, la psicología y el derecho:

  1. Ciclos electorales cortos: Los políticos compiten en horizontes electorales breves (frecuentemente de 3 a 5 años). Esto crea un fuerte incentivo para centrarse en resultados rápidos y tangibles que puedan mostrarse a los votantes antes de la próxima cita con las urnas, penalizando políticamente cualquier política de prevención cuyos beneficios tarden décadas en materializarse.
  2. Presiones de los grupos de interés y lobbies: Los intereses establecidos y concentrados en el presente suelen tener una capacidad de influencia política y financiera mucho mayor que las generaciones futuras (que carecen de voz, voto o representación formal en el presente).
  3. Preferencias de los votantes actuales: Los ciudadanos tienden a descontar el futuro en favor del presente (sesgo temporal psicológico). Las medidas de austeridad o los costes económicos inmediatos (como los impuestos al carbono) generan resistencia popular a corto plazo.
  4. La atención mediática y la inmediatez informativa: El ciclo de noticias 24/7 prioriza las crisis agudas y los eventos visibles sobre los procesos lentos y «crecientes» (crisis latentes), como el deterioro ambiental o la acumulación silenciosa de deuda pública o de infraestructuras obsoletas.

Un factor que puede contrarrestar el cortoplacismo es la creciente monetización de los riesgos climáticos. El aumento de los costos de los seguros y la incorporación de los riesgos climáticos en las evaluaciones de calificación soberana por parte de las agencias de calificación crediticia pueden impulsar a los gobiernos a adoptar políticas preventivas para proteger a las personas y los activos. Los impactos financieros de los fenómenos meteorológicos relacionados con el clima ya son sustanciales. También las inversiones en el sector salud y en la gestión del riesgo de desastres generan altos rendimientos, ya que ayudan a evitar la pérdida de vidas y los daños a la infraestructura causados ​​por desastres inducidos por el clima. El Banco Central Europeo ya ha integrado firmemente los riesgos asociados con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad en su política monetaria y funciones de supervisión, considerando esta acción crucial para la estabilidad económica y el bienestar de las generaciones futuras.

En la última década, ha surgido un creciente corpus de literatura que busca contrarrestar el pensamiento cortoplacista y salvaguardar los intereses a largo plazo en los sistemas democráticos. En particular, podemos identificar tres vertientes diferentes. Una vertiente de literatura que destaca el valor de la gobernanza anticipatoria, la prospectiva y el uso de técnicas de prospectiva para fortalecer el pensamiento a largo plazo. Una línea que se centra principalmente en las instituciones para crear un compromiso político a largo plazo (Gobernar para el futuro; Instituciones representativas de las generaciones futuras…). Una tercera línea que busca complementar la democracia representativa con formas adicionales de deliberación democrática, haciendo hincapié en el valor añadido de la participación ciudadana, la innovación democrática y la inclusión de las voces de las generaciones futuras en el diseño interactivo de políticas.

3. Las Cuatro Preguntas Clave y Dilemas de la Política Intergeneracional

Aunque las personas del futuro aún no pueden defenderse, ya existe una obligación legal reconocida para los responsables políticos de incorporar los derechos de las generaciones futuras. Las sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Estrasburgo han confirmado que los gobiernos tienen la obligación de tener en cuenta a las generaciones futuras en las políticas actuales, basándose tanto en tratados internacionales como el Acuerdo de París de 2015 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático como en los derechos humanos establecidos en convenios y constituciones de derechos humanos. Los Principios de Maastricht sobre los Derechos Humanos de las Generaciones Futuras que han sido firmados por expertos de todas las regiones del mundo: “Las generaciones futuras deben estar representadas de manera significativa y efectiva en la toma de decisiones que puedan afectar su disfrute de los derechos humanos».

Para superar estas barreras, los autores examinan cuatro interrogantes fundamentales sobre cómo integrar a las generaciones futuras en la formulación de políticas:

¿Quiénes deben ser incluidos? (El «Quién»): Abarca tanto la selección temporal de qué generaciones futuras considerar (hijos, nietos, o futuros lejanos) como los escenarios de futuro que se proyectan. La gobernanza intergeneracional no puede limitarse a predecir un solo futuro estático, sino que debe contemplar múltiples futuros plausibles. Las políticas que asumen un futuro singular corren el riesgo de privilegiar a determinados grupos o sistemas de valores, o de simplificar las ideas sobre las tecnologías futuras e ignorar las incertidumbres. Esta dinámica excluye a los actores menos poderosos del presente de las prácticas mediante las cuales se configuran y forman los futuros, concentrando así el poder de creación de futuros en manos de intereses creados.

Reconocer la pluralidad abre un camino hacia una gobernanza a largo plazo más inclusiva y reflexiva. Reconocer la diversidad obliga a los responsables políticos a afrontar la dificultad de diseñar instituciones que puedan acomodar múltiples futuros potencialmente conflictivos.

¿Qué intereses proteger? (El «Qué»): Una tensión importante en la literatura es el dilema entre proteger objetos, derechos y entornos vitales específicos, y dejar opciones abiertas para las generaciones futuras. Por un lado, ciertos bienes ecológicos, culturales y sociales deben protegerse cuidadosamente. Por otro lado, las generaciones futuras deberían, en esencia, tener la libertad de determinar sus propias prioridades. Por ejemplo, en el debate centenario sobre la deuda pública, esta cuestión se hace evidente: un alto gasto público puede ser necesario para invertir en infraestructura, educación para las generaciones jóvenes y protección de la naturaleza. Sin embargo, un alto gasto aumenta los déficits presupuestarios, lo que supone una carga para las generaciones futuras. La pregunta del qué resalta la dificultad de anticipar qué recursos considerarán valiosas las poblaciones futuras. El reto consiste en elaborar marcos de gobernanza que combinen medidas de protección con capacidad de adaptación.

¿Cuándo incorporar el futuro? (El «Cuándo»): se refiere al horizonte temporal que se toma parala formulación de políticas intergeneracionales. Generalmente, seconsidera que mirar una generación hacia adelante abarca 25 años. Para incluir más generaciones, la formulación de políticas debería adoptar horizontes temporales más amplios. La elección de un horizonte temporal no es neutral: es una demarcación importante que influye en quién es escuchado y qué cuenta en la formulación de políticas a largo plazo. La disyuntiva está en elegir entre la formulación de políticas orientada a objetivos o la orientada a procesos:

La formulación de políticas orientada a objetivos: a menudo, el futuro se enmarca en objetivos políticos a largo plazo, como “alcanzar la neutralidad climática en 2050” o “eliminar la pobreza para 2030”. Este enfoque orientado a objetivos hacia el futuro enfatiza la coherencia, la consistencia y el progreso hacia metas predefinidas. Dichos enfoques pueden motivar la acción coordinada, garantizar la rendición de cuentas y señalar un compromiso a largo plazo. Sin embargo, la búsqueda rígida de objetivos a largo plazo puede suponer una continuidad excesiva y limitar la capacidad de adaptación cuando cambian las circunstancias. Además, un enfoque orientado a objetivos suele favorecer los objetivos a corto plazo porque son más fáciles de medir.

La formulación de políticas orientada al proceso destaca la experimentación, el aprendizaje iterativo y la capacidad de respuesta. En lugar de centrarse en el cuándo de un objetivo futuro en particular, esta perspectiva alternativa concibe la formulación de políticas a largo plazo como un proceso continuo de «avanzar como se pueda» o «fracasar para seguir adelante, en el que los pequeños triunfos se acumulan gradualmente . Una consideración continua de las generaciones futuras a través de un proceso dinámico hacia el cambio deseado permite la incorporación de nuevos conocimientos, cambios en los valores sociales y perturbaciones imprevistas. Además, los desafíos a largo plazo no siempre pueden abordarse mediante una planificación lineal. Sin embargo, los críticos argumentan que la dependencia excesiva del incrementalismo puede resultar en acciones fragmentadas o insuficientes y perjudica los intereses de las generaciones futuras, especialmente en el campo del cambio climático.

La cuestión es lograr un equilibrio entre la dirección estratégica y el ajuste continuo. En última instancia, la pregunta subraya la necesidad de diseñar procesos de gobernanza capaces de perseguir aspiraciones a largo plazo, sin dejar de estar abiertos a nuevas perspectivas, fracasos y oportunidades emergentes.

¿Cómo considerar sus intereses? (El «Cómo»):  ¿Cómo incluimos las voces de los actores futuros en la formulación de políticas actuales?

Muchos académicos argumentan a favor de enfoques institucionalizados de arriba hacia abajo mientras que otros han estado abogando por enfoques participativos y deliberativos de abajo hacia arriba, revelando una tensión central entre la pericia tecnocrática y la participación democrática en la formulación de políticas a largo plazo.

Los organismos tecnocráticos, como las agencias de evaluación ambiental, los comisionados independientes y los comités asesores científicos, pueden ofrecer conocimientos especializados de vanguardia, y suponen decisiones más informadas, estables y basadas en evidencia y ayuda a aislar la planificación a largo plazo de los ciclos electorales cortos y las presiones populistas, pero los foros democráticos introducen activamente perspectivas plurales y la controversia sobre los futuros deseados, necesaria para la legitimidad. Los modelos híbridos, que combinan consejos asesores de expertos con asambleas ciudadanas deliberativas, presentan vías prometedoras para abordar este dilema. Sin embargo, el diseño de tales estructuras requiere una atención cuidadosa a las dinámicas de poder, la transparencia y la autoridad en la toma de decisiones. En última instancia, el desafío se extiende más allá del diseño institucional a cuestiones más amplias de confianza social en la experiencia y las instituciones democráticas

4. Un Nuevo Marco para Mejorar la Elaboración de Políticas Intergeneracionales

Se presenta a continuación un marco que puede ayudar a fortalecer las capacidades de los gobiernos para abordar los problemas a largo plazo. Se combinan las tres vertientes de la literatura sobre gobernanza a largo plazo descritas en nuestra introducción sobre: (1) la prospectiva y el uso de técnicas de prospectiva para fortalecer el pensamiento a largo plazo; (2) las instituciones como mecanismos de compromiso a largo plazo y (3) democracia deliberativa y participación. Combinamos estas tres líneas de pensamiento en un marco novedoso para la formulación de políticas intergeneracionales que consta de tres pilares: imaginación, institucionalización e interacción (véase Figura 1).

La Imaginación:  se refiere a la alfabetización de los gobiernos en materia de futuros y, en particular, a las capacidades de los gobiernos para articular y explorar futuros plurales y para “utilizar” el futuro en la formulación de política mediante el uso sistemático de técnicas de prospectiva (futuring), escenarios de futuro y gobernanza anticipatoria dentro de la administración pública. Esto permite visualizar las consecuencias de las decisiones actuales a largo plazo y contrarrestar la miopía mental.  Un aspecto importante de la imaginación es la sensibilidad a diversas señales “tempranas” o “débiles” en el presente, ya que pueden dirigir nuestra atención hacia posibles nuevas tendencias, eventos y desarrollos en el futuro. Los métodos de prospectiva pueden fortalecer esta sensibilidad y la capacidad de imaginar, especialmente si van más allá de la proyección y la predicción basadas en tendencias ya visibles. Para visualizar eventos de baja probabilidad y alto impacto, cisnes negros o utopías, se podrían adoptar métodos de prospectiva como semillas disruptivas, prospectiva participativa e imaginación a través del uso del arte o la ciencia ficción, además de métodos más establecidos como la planificación de escenarios.

Los Mecanismos Institucionales: Diseñados para garantizar una atención sostenida y vinculante al largo plazo que trascienda los cambios de gobierno y las legislaturas. Una forma de salvaguardias institucionales es la formación de organismos públicos con acceso al gobierno y/o al parlamento que ayudan a articular y salvaguardar los intereses de las generaciones futuras en los procesos de toma de decisiones gubernamentales. Estos organismos pueden adoptar diferentes formas y estructuras, que varían en: acceso a las etapas del proceso político, mandatos formales, arraigo legal y su independencia del gobierno y/o el parlamento. Algunos ejemplos incluyen el establecimiento de un Defensor del Pueblo para las generaciones futuras, Comisiones de Cambio Climático que asesoran al parlamento y al gobierno, el Comité Parlamentario del Futuro en Finlandia, el Comisionado Parlamentario para el Medio Ambiente en Nueva Zelanda o el Comisionado de Delta para la seguridad del agua y la disponibilidad de agua dulce en los Países Bajos. Además de estos guardianes del futuro, los mecanismos institucionales para garantizar la atención política a largo plazo también pueden incluir la prescripción del uso de escenarios futuros para la formulación de políticas en la legislación, compromisos con objetivos políticos a largo plazo establecidos en tratados, fondos de inversión específicos y cambios en las métricas para evaluar las inversiones políticas para medir los costos, beneficios y bienestar sociales con un mayor énfasis en las consecuencias para las generaciones futuras.

La Interacción: Fomentar el diálogo político más allá del parlamento tradicional a través de la participación ciudadana activa, la deliberación pública y las innovaciones democráticas que otorguen voz de manera indirecta a los intereses de las generaciones venideras.

La deliberación puede contribuir a la imaginación, al desarrollar escenarios futuros a través de procesos que involucran activamente a diversos actores, ya que esto ayuda a clarificar los valores compartidos y a sacar a la luz posibles conflictos. En este contexto, el proceso es al menos tan importante como el producto. Por lo tanto, la capacidad de previsión de los gobiernos debe complementarse con su habilidad para organizar una participación significativa. Esto es especialmente relevante a nivel regional y local: cuando las autoridades regionales elaboran ideas sobre el uso del suelo, la vivienda, la naturaleza o los sistemas hídricos en su área, estas decisiones afectan de inmediato los intereses de las personas que viven allí, y para esos ciudadanos estos asuntos también se vuelven inmediatamente relevantes y más fáciles de visualizar.

Por lo tanto, la participación y el compromiso deben informar tanto las prácticas de planificación futura como los ámbitos de formulación de políticas institucionales. A través de este doble papel, la interacción funciona como el vínculo crucial entre la institucionalización y la imaginación, formando los tres pilares de la formulación de políticas intergeneracionales efectivas (Figura 1).

5. Reflexiones Finales

El artículo concluye que escapar de la «tiranía del presente» no requiere abolir la democracia representativa, sino actualizarla y rediseñarla institucionalmente. Las democracias tienen el potencial de ser resilientes si logran entrelazar la urgencia del día a día con la responsabilidad intergeneracional.

Para lograrlo, los gobiernos deben dejar de tratar el futuro como un territorio incierto e irrelevante y empezar a integrarlo de forma activa en sus rutinas presupuestarias, legislativas y de diseño de políticas públicas. La adopción combinada de herramientas de prospectiva, salvaguardas institucionales y una participación ciudadana ampliada representa la vía más sólida para que las democracias contemporáneas recuperen su capacidad de gobernar con visión de futuro.

Abordar el largo plazo exige dos tipos de acción: responder a problemas presentes con efectos intergeneracionales (como la mitigación climática) y tomar decisiones preventivas ante futuras crisis (como la adaptación climática). Para ello, la elaboración de políticas intergeneracionales debe conectar múltiples escalas temporales (pasados, presentes y futuros) bajo el valor central de la pluralidad, garantizando la inclusión de diversas experiencias y perspectivas.

La forma de incorporar estos intereses no es neutral ni puramente formal. Proyectar el futuro implica decisiones políticas complejas: a quién incluir, qué horizontes temporales fijar (25 o 100 años) y qué derechos proteger. Si bien los acuerdos multipartidistas aseguran una atención sostenida, es vital mantener la flexibilidad para no quedar atrapados en dependencias de trayectoria y permitir que las futuras generaciones ajusten las decisiones. Sin embargo, dicha flexibilidad no debe justificar la inacción, la cual impone costes irreversibles y limita las opciones venideras.

Para materializar esta gobernanza, el texto propone tres pilares fundamentales:

  1. Imaginación y prospectiva: Para diseñar y probar políticas.
  2. Compromiso institucional: Para dar continuidad y coherencia.
  3. Interacción deliberativa: Para trascender los intereses corporativos tradicionales.

Finalmente, se destaca que fortalecer estas capacidades requiere una agenda de investigación transdisciplinaria y colaboración activa entre universidades, administraciones y ciudadanos (a través de laboratorios de políticas y experimentos participativos). Las investigaciones futuras deben evaluar empíricamente cómo estos tres pilares interactúan, se refuerzan o entran en conflicto en casos concretos, analizando también las dinámicas de poder, legitimidad y rendición de cuentas para construir una gobernanza verdaderamente sostenible en el tiempo.

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