Imagen de una sección del B-25 // Samar Elansari
La reciente apertura de la autovía B-25, con sus casi 12 kilómetros entre Sant Boi y El Prat, se ha vendido como un «alivio para el tráfico». Pero si miramos las cifras, nos damos cuenta de la trampa de ese modelo de movilidad. El Ministerio de Transportes ha destinado 65,8 millones de euros a esta obra para conectar la C-32 con la A-2, olvidándose totalmente del transporte público. Es inaceptable que en el paso clave sobre el río Llobregat se haya ignorado por completo el transporte colectivo.
Los datos de esta ampliación de viales son escandalosos y dejan claras las prioridades de la administración. Hacia el sur, el puente ha pasado de 2 a 4 carriles para coches. Hacia el norte, de 2 a 3 carriles, con un simple espacio compartido para bicis y peatones en el lado montaña (¡afortunadamente!). El resultado final es demoledor: cero carriles para autobuses y cero metros para un tranvía futuro.
Esta decisión estratégica es un insulto a la movilidad sostenible: se gasta la inmensa mayoría del dinero en facilitar el flujo del vehículo privado, mientras que la partida para mejorar la velocidad de los autobuses o para futuros sistemas ferroviarios es, literalmente, de cero euros.
El urbanismo moderno y la ingeniería de tráfico ya nos advierten de que esto es un «truco» que no funciona: construir o ampliar viales para coches para resolver atascos acaba generando mayor tráfico a medio plazo. Esta carencia de plataformas reservadas, en el puente entre Cornellà y Sant Boi, perjudica gravemente el transporte público:
- Condena a los usuarios del autobús a sufrir las mismas retenciones que los coches, robándoles cualquier ventaja competitiva en los desplazamientos intercomarcales.
- Perpetúa un modelo de infraestructura en el que la alternativa al coche es ineficiente y bloquea cualquier futura conexión ferroviaria en un punto clave para superar la barrera del río.
Esta obra es lo mismo de siempre, (aunque esta vez al menos se han recordado de peatones y ciclistas): se prioriza exclusivamente la fluidez del coche en lugar de hacer una apuesta estructural por sistemas de alta capacidad y derecho a vía: Autobús y tranvía.
Es inaceptable que una ampliación contemporánea de la red de alta capacidad no integre carriles segregados para maximizar el transporte de personas, no de vehículos.
La inversión en la B-25, diseñada para sumar carriles a los coches sin reservar espacio para el transporte público, demuestra que se siguen ejecutando obras metropolitanas bajo parámetros insostenibles y del pasado siglo. Éste es un paradigma obsoleto que debe cambiar radicalmente si queremos ofrecer alternativas reales de movilidad y no depender siempre del coche en el Baix Llobregat.
Luis Carrasco. Portavoz de la Plataforma de Usuarios del Transporte Público del Baix Llobregat

