¿Es deseable y posible un cambio en nuestro modelo de movilidad?

La movilidad del futuro, en su parte terrestre y motorizada, ha de estar electrificada en el 100%.

Pau Noy Serrano – 23/06/2019

Para responder a esta pregunta debemos analizar primero cómo es nuestro esquema de movilidad. Según diversos estudios en Cataluña sólo el 25% de la movilidad de personas se realiza en modos sostenible. Esta cifra en España es peor, del 19%. El capítulo de modos sostenibles reúne el transporte público, los sistemas no motorizados y el car-sharing. Si lo miramos bajo el prisma de su intensidad energética, sólo el 13% son desplazamientos de bajo consumo energético, un 11% son de consumo energético moderado, pero un 76% son de alto consumo.

Esto datos son el reflejo de un modelo de movilidad basado principalmente en el coche. No voy a aburrirles con más estadísticas. Vamos a focalizar el comentario en el problema.

El problema del coche es que funciona con un motor térmico que estructuralmente es ineficiente, ya que con suerte, si los neumáticos están bien hinchados, sólo aprovecha para la tracción el 15% de la energía contenida en el combustible que vertemos en el depósito. De cada siete litros de gasolina, sólo uno se usa en la tracción, el resto se pierde en diversas ineficiencias térmicas y mecánicas Otro problema asociado es que la combustión de gasolina –o gasóleo- causa cambio climático y que el petróleo necesario para fabricar estos combustibles proviene enteramente del exterior. La factura petrolera española es de 50.000 millones de euros. Dinero que cada año enviamos a fuera y que empobrece las cuentas de nuestro balance comercial. Estos argumentos bastarían para sostener el deseo de cambio del modelo de movilidad, pero podría añadir al menos una decena más. No lo voy a hacer porque no quedaría espacio para describir lo que pretendo, explicar el modelo alternativo de movilidad que defiendo.

Para cambiar hacen falta varias premisas. La primera es que haya un verdadero deseo de cambio por parte de la ciudadanía que se desplaza regularmente en coche, deseo que no existe. Los que no usan el coche regularmente, que paradójicamente son la gran mayoría de población, ya han demostrado con su pauta de movilidad que sí es posible vivir sin ese derroche de energía en el transporte. La segunda premisa es que exista una hoja de ruta pública, compartida por los gobiernos y la ciudadanía, para llevar a cabo este cambio. La hoja de ruta no existe, a pesar de la gran cantidad de retórica vertida por parte de los poderes públicos animando al cambio. Y la tercera es que haya una tecnología que sustente el cambio que necesitamos. Ese conjunto de tecnologías, aunque no de forma completamente disponibles, sí permiten entrever una salida al túnel en que no hallamos. Pero el concepto “tengo coche, lo uso a mi voluntad de forma ilimitada” está tan arraigado entre la población que resulta una barrera para el cambio.

Cómo alcanzar una movilidad neutra en carbono

La movilidad del futuro, en su parte terrestre y motorizada, ha de estar electrificada en el 100%. La energía que en España hoy gastamos en el transporte representa más del 40% del total. Generar toda esa energía alternativa al petróleo a partir de fuentes eléctricas renovables no es posible, ya que supondría multiplicar por cuatro la actual producción eléctrica nacional y además hacerlo en modo enteramente renovable. Pero sí se pueden promover algunos cambios en nuestra forma de movernos que harían innecesario producir tanta energía eléctrica. Hay que tener en cuenta en primer lugar que la eficiencia del motor eléctrico multiplica por 5 la del motor térmico. Si el vehículo, además, se comparte se convierte en un potencial vehículo de transporte público, reduciendo enormemente la necesidad de ese gigantesco parque motor que está parado el 96% del tiempo. Con estas premisas la energía de reposición del petróleo que ahora usamos se reduciría a una cuarta parte, lo cual hace viable este modelo alternativo propuesto basado en energía eléctrica 100% renovable. Eso en cuanto al desplazamiento con modos privados de transporte. En lo que se refiere al transporte público hay mucho por hacer y tampoco costaría tanto dinero de una red bastante más eficiente que la actual. Sabemos que el transporte público reduce a una cuarta parte el coste de transporte de los ciudadanos, por tanto invertir en él reporta siempre beneficios en la economía nacional. En el caso de Barcelona y su área metropolitana se dispone ya de una gran red de transporte público, la red de metro es la más densa del mundo, con el inconveniente que fuera del continuo urbano de Barcelona, constituido por doce municipios, la red de ferrocarriles de cercanías de Renfe y FGC no es densa y deja mucho territorio sin cubrir. Aunque también es verdad que sólo dos municipios de más de 25.000 habitantes en la región metropolitana de Barcelona carecen de servicio ferroviario directo. Lo que se necesita en toda Cataluña es un esquema de transporte basado en estrella, siguiendo el exitoso modelo ferroviario suizo.  Allá la cuarta parte de la población tiene un abono anual de transporte porque los suizos confían en su sistema de ferroviario basado en la conexión por ferrocarril entre nodos principales y tranvía, bus u otros ferrocarriles en el transporte de dispersión a través de los nervios de cada nodo. Todas esas cuestiones las vamos a desarrollar en futuros posts. Pero de momentos quedémonos con la idea que el cambio en el modelo de movilidad es posible.

Saludos cordiales,

http://blogs.lavanguardia.com/cambiar-para-seguir-viviendo/2019/06/23/deseable-posible-cambio-modelo-movilidad-73022/



Print Friendly, PDF & Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *