Parques solares al lado de casa (y 2)

La “comunidad ciudadana de energía” es la forma más eficiente y democrática de organizarse

Neus Casajuana 29/03/21

En esta segunda parte del artículo que se publicó en el 9 Nou del 03/15/21 ampliaré algunos conceptos que quizás no quedaron suficientemente claros en la 1ª parte e introduciré otros que ayudarán a entender el momento crucial de la transición energética en el que nos encontramos.

Una comunidad ciudadana de energía es una figura contemplada en la normativa europea que permite un acuerdo voluntario entre consumidores y productores que interactúan en una localidad “con el objetivo de ofrecer beneficios medioambientales, económicos o sociales a sus socios o en la localidad en la que desarrolla su actividad y que participa en la generación, incluidas las renovables, la distribución, el consumo, la agregación, el almacenamiento, los servicios de eficiencia energética o de recarga para vehículos eléctricos “.

Esta es la forma más ahorradora de organizarse, tanto energética como económicamente hablando, porque el precio de la electricidad lo fija la misma comunidad, independientemente de las tarifas del mercado eléctrico dominado por las grandes compañías del oligopolio que actúan sin una competencia real y que, además, no tienen el más mínimo interés en incentivar el ahorro en el consumo de sus clientes, porque su negocio se basa en vender cuanta más electricidad mejor.

El modelo de transición energética centralizada, a base de grandes parques de renovables beneficia sobre todo a los grandes inversores y al oligopolio. El modelo opuesto es el modelo descentralizado donde los rendimientos económicos se distribuyen entre mucha más población que, además de participar en los beneficios, puede participar activamente en el ahorro en su consumo. Este segundo modelo es más difícil de organizar porque requiere que las administraciones locales se impliquen en su impulso. Elijan los lectores qué modelo prefieren. Elijan los lectores donde prefieren que vayan las ayudas millonarias para impulsar esta transición hacia las renovables que vendrán de Europa en los próximos años. Con el modelo actual centralizado ya se pueden imaginar quién se las va a llevar.

La bombilla de casa se puede encender con la electricidad producida por un molino gallego o por una central nuclear francesa, pero cuanto más alejada está la bombilla del lugar donde se genera la electricidad, más pérdidas de energía en forma de calor se producen durante su transporte. Para evitar estas pérdidas, se procura que todas las regiones tengan un cierto equilibrio entre generación y consumo energético y las redes eléctricas están dimensionadas sobre esta base. Cuando la demanda no está equilibrada con la generación, se producen averías de suministro, como sucedía en la provincia de Girona en verano cuando el consumo aumentaba. La deficiencia se resolvió con la compra de electricidad generada en Francia. Por eso tuvieron que construir una nueva infraestructura capaz de transportar mucha energía a larga distancia evitando pérdidas, la línea de “Muy Alta Tensión”, la famosa MAT, más grande y con más impacto que las líneas habituales que generó no pocas protestas.

El editorial del 9 Nou del 03/15/21 cuantificaba la superficie de fotovoltaica que sería necesario para generar la electricidad consumida en Granollers, pero olvidaba que la energía eléctrica representa sólo un 20% de toda la energía consumida. Si añadiéramos el consumo eléctrico necesario para la movilidad o la calefacción eléctricas, la superficie aumentaría y mucho, pero si, además, contáramos el combustible necesario para hacer funcionar las grandes máquinas, el transporte de mercancías, tractores, autobuses, etc. que no pueden funcionar con electricidad, pero sí con el hidrógeno procedente de las energías renovables, la superficie debería aumentar mucho más. ¿Cuánto más? Aquí ya entramos en el terreno de las grandes incertidumbres porque hay demasiados factores incontrolables o desconocidos. El más importante, sin duda, es el modelo productivo y de consumo del futuro que podrá seguir el modelo actual insostenible que nos va a llevar al colapso o bien uno modelo ajustado a la medida planetaria y más sostenible. Esto depende de nosotros.

En Cataluña, más de la mitad de la electricidad consumida proviene de la energía nuclear, pero si consideramos toda la energía consumida y no sólo la eléctrica, debemos saber que casi un 70% proviene de las energías fósiles, un 25 % de la energía nuclear y sólo un 5% es renovable de la cual, bastante más de la mitad es hidroeléctrica. Sustituir las nucleares será un problema, pero sustituir el petróleo aún lo será más.

Con este panorama, seguro que será necesario que otras partes de España nos provean de energía para poder mantener una sociedad industrializada como la nuestra, pero necesitamos reflexionar sobre las siguientes cuestiones:

PRIMERA Es muy probable que sean necesarias nuevas líneas de “Muy Alta Tensión” para transportar la electricidad producida fuera de Cataluña y para aumentar la conectividad entre redes que garanticen la seguridad del suministro eléctrico que las renovables, debido a su generación intermitente, no nos aseguran. Recordemos los perjuicios causados en Texas este invierno por falta de conectividad entre redes.

SEGUNDA Además del cambio climático, la humanidad debe resolver un segundo reto de similar magnitud: revertir la pérdida masiva de biodiversidad. La Península Ibérica es una de las zonas con más biodiversidad de Europa. La heterogeneidad de sus hábitats naturales y las zonas bien conservadas debido a la intervención humana de bajo impacto explican esta riqueza natural. Muchas tierras que desde el punto de vista utilitarista se consideran baldías o de bajo provecho económico, resulta que son importantes para conservar esta biodiversidad. Pensar que su poco beneficio monetario las hace idóneas para la instalación de los parques fotovoltaicos es no dar ningún valor a la naturaleza porque su precio de mercado es casi nulo. Confundir precio y valor es un grave error de nuestra civilización.

TERCERA La soberanía política tan querida por los catalanes está curiosamente desligada de la querencia de otras soberanías como la alimentaria o la energética. ¿Tiene mucho sentido que un país que se siente tan soberano sea tan dependiente en recursos tan esenciales como la energía? El aislamiento nacional está fuera de lugar en un mundo tan interdependiente y globalizado, pero la dependencia exagerada en cuestiones esenciales también debería estarlo.

CUARTA Por último, todos entendemos muy bien qué significa la palabra colonialismo. Sucede cuando un país se aprovecha de los recursos de otro según una relación comercial claramente desigual e injusta. Muchos pensarán que esta cuestión ya es historia, pero la relación comercial entre el mundo rico que compra recursos al mundo pobre a un precio injusto, porque nunca contabiliza los perjuicios que no tienen valor en el mercado, como los paisajísticos, culturales o ambientales o bien la ocupación de las tierras de la España pobre para obtener un recurso energético, nos guste o no, son un ejemplo de colonialismo del siglo XXI.

Es hora de empezar a pensar como una sociedad madura, capaz de plantearse cuáles son los impactos negativos que su economía genera en el resto del mundo. Es hora de admitir que nuestra actitud “Not in my backyard“, “No en el jardín de mi casa” en español, no es la mejor forma de enfocar nuestro futuro.

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Un comentario

  1. Neus, els teus articles son de una visió, claredat i coneixement extraordinaris.
    En hora bona!

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