Sin fósiles, ¿quo vadis energía?

La magnitud del cambio del paradigma energético exige un cambio en la actitud de los poderes públicos y los actores socioeconómicos 

Joan Ramon Morante, Héctor Santcovsky 

Desde la revolución industrial, el desarrollo de la sociedad ha estado ligado a la disponibilidad de energía fácil y abundante, ya sea para la industria de todo tipo, ya sea para la producción de combustibles para la movilidad. La estructuración de la sociedad y las capacidades económicas han estado íntimamente conectadas a geopolítica de los fósiles y sus redes de distribución.

Desde la guerra Yom Kipur (1973), que puso de relieve la dependencia del precio de la energía y el poder que confiere a los países que detentan sus fuentes, ha habido cíclicamente diversos momentos en la reciente historia que marcaron la importancia de la energía y el peso geopolítico de las decisiones tomadas sobre ella.

Después de más de 120 años de este modelo económico dependiente de las fuentes fósiles, las alertas ambientales sobre los límites impuestos por el agotamiento de los recursos naturales, la lastimosa salud del planeta relacionada en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y los efectos sobre el medio ambiente y la biodiversidad han llevado a poner en la escena la necesidad de una transición energética englobada en una transición ecológica.

Diversos sucesos recientes han acrecentado el problema y no podemos soslayar la realidad de la pobreza energética a raíz de la crisis del 2008, que puso el foco en las cuestiones de producción consumo, distribución y precios. La importante demanda de los países asiáticos –India y China, fundamentalmente– de energías fósiles para acelerar su crecimiento económico, agravada por la guerra de Ucrania y la presión sobre la provisión de gas, vino a consolidar este problema con abusivos precios que afectaron tanto el consumo doméstico como el industrial.

A pesar del greenwashing de significativos sectores económicos, el posicionamiento de la Comisión Europea reclama un claro objetivo de futuro para un 2050 sin fósiles y trabaja para hacer efectiva una hoja de ruta para conseguirlo. Ahora, con 29 cumbres climáticas realizadas, es ya determinante que hay que ir a fuentes energéticas sin fósiles, desplegando un mundo electrificado siempre que se pueda y con una autoexigente política de descarbonización, evitando emisiones de CO2 y haciendo uso de energías renovables (RePowerEU).

El reto es enorme. En promedio, en los países europeos, más del 75% de toda la energía consumida es de origen fósil y no debemos autoengañarnos con datos que nos dicen que más del 50% de energía eléctrica en algunos momentos es ya renovable o que, en recientes fines de semana, al haber mucha oferta de energía renovable, el precio de la electricidad ha sido incluso negativo. Nada más lejos de la realidad del verdadero reto que tiene la sociedad que aún tiene que hacer todos los deberes de la transición energética: plan económico de inversiones para el despliegue de la electrificación, reemplazo de fósiles y desarrollo de las nuevas infraestructuras energéticas como el almacenamiento, transporte y distribución de la energía y definición de la nueva política recaudatoria teniendo presente los actuales impuestos sobre los productos energéticos.

Más renovables

Teniendo la capacidad del 50% de producción de energía renovable de la demanda actual de energía eléctrica y que ésta es tan solo hoy en día del orden del 25% de la totalidad de la energía consumida, es necesario todavía desplegar muchas energías renovables para reemplazar todo el actual consumo de fuentes fósiles. Es preciso desplegar al menos seis veces más energías renovables para poder suministrar energía a los sectores pendientes de llevar a cabo una verdadera transición y que demandan una fuerte disponibilidad de electricidad.  Estos sectores comprenden el transporte por carretera (motocicletas, coches, furgonetas, autobuses, autocares, camiones…), el transporte marítimo y aéreo, la industria en general e industria intensiva en energía (bombas de calor, hornos de arco eléctrico…), la nueva química sostenible del carbono y nitrógeno (petroquímica, polímeros, plásticos, disolventes, abonos químicos…), y las aplicaciones en el sector residencial y de servicios (bombas de calor, etc.).

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 contempla solamente el despliegue de 60GW, capaz de producir del orden de 160TWh, mientras que el consumo energético previsible en España considerando medidas de ahorro y mayores eficiencias de las nuevas tecnologías podría subir hasta 1000TWh. La transformación de la industria en 4.0 y sus futuros devenires, aún desconocidos, cambiará el modelo productivo con necesidades mucho más intensivas en materia de consumo energético.

Cabe, pues, realizar una verdadera transformación energética —y cultural de la sociedad en su conjunto— para avanzar hacia el vehículo sostenible (contando con que el parque móvil español supera los 33 millones); para descarbonizar la industria y los servicios; para actuar en el ámbito residencial, para desarrollar una sociedad digitalizada con centros de datos, … y para producir combustibles y sistemas de alimentación y propulsión verdes basado en el hidrógeno verde y/o combustibles sintéticos;… 

Para desplegar todavía seis veces la actual capacidad de fuentes renovables es necesario un plan de inversiones para su financiación, y hay que emprender el programa para disponer de una red eléctrica solvente y adaptada a los nuevos volúmenes de tránsito y procede replantearse la nueva política de impuestos sobre los productos energéticos que se sitúan al 50% de su precio. ¿Cuál será la nueva política recaudatoria? Para el PNIEC-I (2021-2030) por 60GW se presupuestó 90.000 millones de euros. Todo nos indica que por la transición energética en España queda pendiente actuaciones por valor de casi 500.000 millones de euros millones de euros. Todavía queda mucho por hacer en el campo de las energías renovables.

Cambiar la mentalidad

La pregunta que hay que hacerse es: cómo se ha de enfocar este problema y quién puede resolverlo. Aquí no hay otra solución que cambiar la mentalidad y el enfoque en la forma de abordar la transición energética. Siete pueden ser los principios de la política energética de cara a los próximos años: 

  1. En necesario refutar las posiciones que cuestionan la continuidad de las inversiones en renovables, por la supuesta autosuficiencia alcanzada en España que lleva el precio de la energía, en determinados momentos, a coste negativo. Lo que los que fomentan esta crítica no cuentan con que la descarbonización de la movilidad está en el orden del 4,3% (contando híbridos e híbridos enchufables) y de la industria, con cierto optimismo, llega al 30%. Lo que urge es la electrificación de la movilidad, la industria y los servicios, y es un largo camino que recorrer. Y recordar que los supuestos excedentes requieren sistemas de almacenamiento, imprescindibles para aportar eficiencia a las estrategias actuales.
  2. Cabe coordinar de mejor manera y con mayor eficacia y eficiencia el conjunto de las políticas que afectan a la descarbonización y por lo tanto la transformación energética en dos campos, el de la movilidad y el de la industria. Para dicho fin hace falta una autoridad potente que pilote la transición, que dependa directamente de la presidencia de gobierno y que tenga una alta capacidad negociadora para coordinar todos los ministerios afectados: industria, transición ecológica, movilidad, hacienda y presupuestos, y pueda trabajar en todos los aspectos que la movilidad e industria sostenibles.
  3. Hay que replantearse las redes energéticas, reforzando la capacidades, robustez y digitalización de la red eléctrica para asegurar la demanda de electrificación, así como de las redes y sistemas de almacenamiento, transporte y distribución de los diferentes vectores energéticos dentro de una nueva geopolítica. 
  4. Es imprescindible aplicar una mentalidad más imaginativa a los retos actuales y cambiar el enfoque presupuestario, fiscal y financiero y de cómo se gestiona los recursos obtenidos de los productos energéticos. Las políticas de China y EE UU al respecto marcan una inflexión en cómo abordar el problema. Parecería que el paradigma económico que rige las decisiones en esta materia está anclado en un modelo que responde más a la industria tradicional de los 80-90’ que a los nuevos retos
  5. Se habrá de asumir el despliegue de nuevos modelos energéticos. No hay una única solución para los sistemas de provisión de fuentes generadoras de energía y de alimentación de los sistemas de propulsión. En el fondo la cultura de las “fósiles” era simple y cómoda, y muy vinculada a un modelo de capitalismo centralizado, globalizado, oligopólico. Los sistemas basados en la renovables se habrán de basar en sistemas descentralizados, de proximidad, proactivos y con opciones participativas. Y este proceso genera muchas resistencias la cual requerirá posturas firmes de los gobiernos y mucha pedagogía para ganar consenso social.
  6. Es imprescindible que el conjunto del proceso vaya acompañado de una fuerte política de comunicación y sensibilización de políticos, técnicos, y la población en general, porque se requiere cambiar la cultura del consumo para aumentar la eficiencia energética y se requieren nuevas visiones de los modelos y organización de la vida social
  7. Por último, lo que es fundamental es tener una nueva legislación y una normativa absolutamente adecuada a estos nuevos retos, ágil, garantista pero no interruptora, abierta a la innovación, no encorsetada ni sometida más a la reglamentación que a los desafíos. Cabe retomar crítica ya formulada de se está pensando tanto fiscal, legislativa y normativamente en un modelo de los años 80. 

En síntesis, la magnitud del cambio del paradigma energético es tan grande que quizás las reglas del juego, el juego de los actores y sobre todo la actitud de los poderes públicos y los actores socioeconómicos ha de cambiar para poder responder a la grave crisis actual, acelerando al máximo los procesos para responder a los compromisos para los años 2030, 2040 y 2050, de cero emisiones. 

https://alternativaseconomicas.coop/sin-fosiles-quo-vadis-energia

Print Friendly, PDF & Email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *