Resumen del documento The wellbeing economy in practice: sustainable and inclusive growth? Or a post-growth breakthrough?
Autor: Anders Hayden
El artículo de Anders Hayden analiza uno de los debates actuales de la economía contemporánea: la denominada economía del bienestar (Wellbeing Economy, WE) ¿ constituye realmente una alternativa al paradigma tradicional basado en el crecimiento económico o si, por el contrario, representa únicamente una nueva forma de justificar el mismo modelo económico? . El autor estudia esta cuestión mediante el análisis de varios países vinculados a la iniciativa Wellbeing Economy Governments (WEGo), una alianza internacional creada para intercambiar experiencias y promover políticas orientadas al bienestar. En la comparativa también se incorpora el caso de Gales que se rige por la Ley del Bienestar de las Generaciones Futuras que lleva ya una década de implantación en este territorio.
La investigación parte de una idea fundamental: durante décadas, el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) ha sido el principal indicador utilizado para evaluar el éxito económico de los países. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que un incremento continuo del PIB no garantiza una mejora equivalente en la calidad de vida de las personas ni resuelve problemas ambientales como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad o el agotamiento de recursos naturales. Por ello, numerosos académicos, organizaciones internacionales y movimientos sociales proponen sustituir el crecimiento económico como objetivo prioritario por la mejora del bienestar humano y la sostenibilidad ecológica.
El concepto de economía del bienestar ha ganado popularidad porque sitúa a las personas y al medio ambiente en el centro de la política económica. No obstante, el término es deliberadamente amplio y admite interpretaciones muy diferentes. Para algunos defensores, una economía del bienestar implica abandonar definitivamente la obsesión por el crecimiento económico y avanzar hacia un modelo post-crecimiento, en el que el éxito se mida por la salud, la igualdad, la cohesión social y el respeto a los límites ecológicos. Otros, sin embargo, consideran que es posible combinar el bienestar con un crecimiento económico sostenible, manteniendo el aumento del PIB siempre que este sea más inclusivo y menos contaminante.
El autor revisa distintas corrientes del pensamiento post-crecimiento. Entre ellas destaca el decrecimiento, que propone reducir deliberadamente la producción y el consumo material en los países ricos para respetar los límites ecológicos y garantizar una distribución más justa de los recursos. También analiza otras propuestas menos radicales, como la economía de estado estacionario, el enfoque del doughnut economics de Kate Raworth o las posiciones que simplemente dejan de considerar el crecimiento económico como una prioridad política.
Un concepto estrechamente relacionado es el de suficiencia, entendido como la búsqueda de un nivel de consumo “suficiente”, evitando tanto la pobreza como el exceso. Desde esta perspectiva, las sociedades deben garantizar que todas las personas dispongan de los recursos necesarios para vivir dignamente, pero también limitar aquellos patrones de producción y consumo que generan impactos ambientales desproporcionados.
El objetivo principal del estudio consiste en responder a dos preguntas. La primera es si la creciente popularidad de la economía del bienestar representa realmente el avance político que durante años han buscado los defensores del post-crecimiento. La segunda es qué medidas serían necesarias para reforzar el carácter transformador de este nuevo enfoque.
Para responder a estas cuestiones, Hayden realiza estudios de caso sobre varios países relacionados con WEGo. En investigaciones anteriores había analizado Nueva Zelanda, Escocia e Islandia; en este trabajo incorpora Finlandia, Gales y Canadá. El análisis se basa en documentos oficiales, programas de gobierno, presupuestos públicos, discursos políticos, informes ministeriales y marcos estadísticos utilizados para medir el bienestar.
Uno de los primeros resultados generales del estudio es que todos estos países han dado pasos importantes para ampliar la forma de medir el progreso. En lugar de utilizar exclusivamente el PIB, incorporan indicadores relacionados con la salud, la educación, la igualdad, el medio ambiente, la confianza institucional o la satisfacción vital. Sin embargo, este cambio en los sistemas de medición no implica necesariamente un abandono del crecimiento económico como objetivo prioritario.
El caso de Canadá
Canadá constituye un ejemplo de incorporación parcial de la economía del bienestar. Aunque durante un tiempo se consideró erróneamente miembro de WEGo, en realidad solo ha participado en algunas reuniones y ha desarrollado su propio enfoque bajo el concepto de “calidad de vida”.
El gobierno canadiense diseñó un amplio marco de indicadores compuesto por más de ochenta variables agrupadas en áreas como prosperidad, salud, sociedad, medio ambiente y buena gobernanza. Este sistema pretende complementar el PIB y orientar la elaboración de los presupuestos públicos.
Sin embargo, el análisis muestra una importante contradicción. Mientras que internamente los ministerios utilizan indicadores de bienestar para evaluar nuevas políticas, los principales discursos políticos, los presupuestos y las declaraciones públicas continúan presentando el crecimiento económico como el objetivo central del gobierno. El bienestar aparece como un instrumento para favorecer el crecimiento, y no al revés.
Aunque Canadá ha desarrollado algunas políticas compatibles con la lógica de la suficiencia —como el impulso al transporte público, el derecho a reparar productos, impuestos sobre artículos de lujo o restricciones a la compra especulativa de viviendas por extranjeros—, estas medidas siguen siendo limitadas y no alteran el modelo económico dominante.
El caso de Finlandia
Finlandia representa probablemente el ejemplo más desarrollado de integración institucional del concepto de economía del bienestar. El país figura de forma recurrente como el más feliz del mundo y posee un sólido Estado del bienestar, bajos niveles de corrupción, elevada confianza social y políticas medioambientales relativamente avanzadas.
Desde 2019, varios gobiernos finlandeses incorporaron oficialmente la idea de la “economía del bienestar” en sus programas políticos. Según esta visión, las políticas públicas deben situar el bienestar de las personas y del planeta en el centro de la toma de decisiones y buscar un equilibrio entre los objetivos económicos, sociales y ambientales.
Entre las medidas impulsadas destacan la ampliación de los permisos parentales, las inversiones educativas, la mejora de los cuidados a las personas mayores, las políticas de vivienda, la reforma de la protección social y el compromiso de alcanzar la neutralidad climática antes de 2035.
Sin embargo, el estudio muestra que el enfoque finlandés sigue considerando que bienestar y crecimiento económico se refuerzan mutuamente. El gobierno sostiene que una población más sana, formada y protegida resulta también más productiva, lo que favorece el crecimiento económico. A su vez, dicho crecimiento proporciona los recursos necesarios para financiar el Estado del bienestar.
Esta lógica responde también al envejecimiento de la población finlandesa y a la preocupación por la sostenibilidad financiera de los servicios públicos. Como consecuencia, el crecimiento económico continúa ocupando un lugar central dentro de la estrategia gubernamental.
A pesar de ello, Finlandia incorpora algunos elementos propios del pensamiento post-crecimiento, como el reconocimiento de las limitaciones del PIB, la promoción del transporte público, el fomento de la alimentación sostenible, la reducción del desperdicio alimentario y un fuerte énfasis en las políticas preventivas, destinadas a evitar problemas sociales antes de que aparezcan.
El caso de Gales
El caso galés constituye, según Hayden, el ejemplo más innovador y el que más se aproxima a una orientación post-crecimiento.
La pieza central del modelo es la Ley del Bienestar de las Generaciones Futuras, aprobada en 2015. Esta norma obliga legalmente a las administraciones públicas a considerar los efectos a largo plazo de todas sus decisiones y establece siete grandes objetivos nacionales relacionados con la prosperidad, la salud, la igualdad, la resiliencia ambiental, la cohesión social, la cultura y la responsabilidad global.
La ley también creó la figura del Comisionado para las Generaciones Futuras, encargado de supervisar el cumplimiento de estos principios y promover políticas compatibles con el bienestar futuro.
Además de desarrollar un amplio conjunto de indicadores sociales y ambientales, Gales incorpora mediciones que tienen en cuenta el impacto ecológico del consumo nacional sobre otros países, algo poco habitual en los sistemas estadísticos internacionales.
El estudio identifica numerosas políticas claramente orientadas hacia la suficiencia. Entre ellas destacan el apoyo a las cooperativas y otras formas de propiedad colectiva, la promoción del teletrabajo para reducir desplazamientos, las iniciativas de reparación y reutilización de objetos, las bibliotecas de herramientas compartidas, el impulso a la alimentación local, la experimentación con una renta básica para jóvenes tutelados y el análisis de una posible semana laboral de cuatro días.
La decisión más significativa fue la cancelación de la mayoría de los nuevos proyectos de construcción de carreteras. Tras revisar su política de transporte, el gobierno galés concluyó que ampliar continuamente la infraestructura viaria era incompatible con los objetivos climáticos y decidió priorizar el transporte público, la movilidad activa y la reducción de la necesidad de desplazarse.
No obstante, incluso en Gales persiste una importante contradicción. Aunque muchos documentos oficiales apenas mencionan el crecimiento económico y hablan más bien de prosperidad, sostenibilidad o bienestar, los principales responsables políticos siguen defendiendo la necesidad de mantener el crecimiento económico y aumentar la productividad. El propio gobierno continúa impulsando estrategias de desarrollo regional orientadas a incrementar la actividad económica, siempre bajo la idea de un crecimiento más sostenible e inclusivo.
Conclusiones generales
Tras comparar todos los casos, Hayden concluye que la economía del bienestar todavía no representa una auténtica transición hacia una economía post-crecimiento. Los países analizados han logrado introducir cambios relevantes en la forma de medir el progreso, han incorporado nuevos objetivos sociales y ambientales y han desarrollado algunas políticas compatibles con la suficiencia. Sin embargo, ninguno ha abandonado realmente la prioridad otorgada al crecimiento económico.
Por ello, el autor califica la situación actual como un “enfoque débil de post-crecimiento”. Existe una reducción parcial del protagonismo exclusivo del PIB, pero el crecimiento continúa siendo considerado necesario para financiar el Estado del bienestar, garantizar el empleo y mantener la estabilidad económica.
El estudio también pone de manifiesto que existen diferencias importantes entre los países. Canadá representa la versión más limitada de la economía del bienestar, Finlandia desarrolla un modelo muy institucionalizado pero claramente compatible con el crecimiento, mientras que Gales constituye el ejemplo más avanzado al incorporar políticas de suficiencia y decisiones que limitan determinadas formas de expansión económica.
Finalmente, Hayden sostiene que la economía del bienestar posee un enorme potencial como marco político capaz de integrar objetivos sociales y ambientales. Sin embargo, para convertirse en una verdadera alternativa al modelo económico tradicional debería avanzar mucho más en varias direcciones: abandonar la prioridad del crecimiento del PIB como indicador de éxito; reforzar las políticas de suficiencia; ampliar los indicadores ambientales que midan el impacto global del consumo; consolidar sistemas de prevención que reduzcan la dependencia del crecimiento para financiar el bienestar; y promover instituciones capaces de garantizar una distribución más equitativa de la riqueza dentro de los límites ecológicos del planeta.
En definitiva, el artículo concluye que la economía del bienestar representa un avance importante respecto a los enfoques económicos tradicionales, ya que desplaza parcialmente la atención desde el crecimiento económico hacia la calidad de vida, la sostenibilidad y la equidad. Sin embargo, en la práctica todavía predomina una visión reformista que busca compatibilizar el bienestar con un crecimiento económico considerado sostenible. Solo algunos casos, especialmente Gales, muestran indicios de una transición más profunda hacia un modelo verdaderamente post-crecimiento. El desafío futuro consiste en convertir la economía del bienestar en un proyecto político capaz de situar definitivamente el bienestar humano y los límites ecológicos por encima del incremento continuo de la producción económica.

