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«La economía global debe transformarse para asegurar el futuro de la humanidad», alerta António Guterres

El secretario general de la ONU, ha lanzado una llamada urgente a una transformación radical de la economía mundial.

A. Guterres, en una entrevista concedida al periódico The Guardian advierte que el sistema económico actual —dominando por el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) como medida principal de éxito— está llevando a la humanidad hacia un colapso ambiental y social sin precedentes. Esta crítica se produjo justo después de una reunión en Ginebra, donde economistas de renombre como el premio Nobel Joseph Stiglitz, Kaushik Basu y Nora Lustig, entre otros, debatieron sobre cómo superar las limitaciones del PIB como indicador de progreso y trabajaron con la misión de desarrollar un conjunto de indicadores alternativos al PIB que cuantifiquen progreso real en lugar de crecimiento puramente financiero. Este grupo busca un sistema de medición que fomente políticas públicas que valoricen el medioambiente, reduzcan desigualdades y promuevan calidad de vida, más allá de simples cifras monetarias.

Problemas fundamentales con el PIB

Guterres afirmó: «Ir más allá del producto interior bruto consiste en medir lo que realmente importa a las personas y a sus comunidades. El PIB nos indica el coste de todo y el valor de nada. Nuestro mundo no es una corporación gigantesca. Las decisiones financieras deberían basarse en algo más que una simple instantánea de ganancias y pérdidas». En realidad, muchas actividades que dañan gravemente el medioambiente, como la deforestación o la sobrepesca, pueden registrar cifras positivas en el PIB. Esto crea un incentivo perverso para políticas que priorizan crecimiento económico a corto plazo sobre calidad de vida y salud ecológica a largo plazo.

El énfasis en el PIB cómo medida del progreso ha incentivado políticas que recompensan la explotación de recursos naturales sin contabilizar el coste de ese deterioro. La obsesión con superar a otras naciones en términos de PIB ha llevado a desigualdades crecientes y a la evasión de responsabilidades ambientales y sociales.

¿Qué propone la ONU?

Guterres, propone diseñar un nuevo marco de medición económica que incorpore de manera significativa el bienestar humano, la sostenibilidad ambiental y la equidad social.

Aunque nadie propone descartar completamente el PIB, la idea es complementarlo con métricas más amplias que reflejen la verdadera prosperidad:

  • ¿Están las comunidades prosperando?
  • ¿Se protege la biodiversidad?
  • ¿Se reduce la pobreza real y la injusticia social?

El contexto más amplio: crisis climática y límites del crecimiento

La llamada de Guterres ocurre en un contexto donde el crecimiento económico sigue ligado al aumento de emisiones de carbono, pese a las promesas internacionales de reducción de emisiones. En varios países, el crecimiento del PIB sigue de la mano con mayores niveles de emisiones y degradación ambiental. La mayor parte de los modelos económicos siguen sin integrar los riesgos climáticos y ecológicos de manera efectiva, lo que hace que las nociones tradicionales de progreso sean cada vez menos relevantes frente a los límites planetarios.

La iniciativa de la ONU surge tras un informe publicado la semana pasada que afirma que los modelos económicos actuales son fundamentalmente defectuosos porque no consideran el impacto de las crisis climáticas, como los desastres climáticos extremos y los puntos de inflexión, y podrían provocar un colapso de la economía global.

Alternativas en debate

Existe un creciente debate en el mundo académico, la sociedad civil y los círculos políticos sobre cómo crear estructuras económicas compatibles con una mayor igualdad y sostenibilidad. Estas perspectivas varían en cuanto a si es posible o deseable mantener el crecimiento económico en su forma actual, pero comparten la idea de que el actual sistema de medición económica es insuficiente para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Las propuestas van desde los keynesianos verdes o los defensores del crecimiento verde hasta iniciativas de poscrecimiento, como la economía del donut, la economía del bienestar y la economía del estado estacionario. Otros impulsan el decrecimiento, que enfatiza una reducción planificada de formas de producción dañinas e innecesarias, específicamente en los países más ricos, y centrarse en el crecimiento de lo que es beneficioso para la comunidad, como la atención sanitaria, las energías renovables o el transporte público, entre otros.

Jason Hickel, economista político y defensor de la corriente de pensamiento del decrecimiento, afirma que estas ideas están cobrando fuerza. Hickel mencionó una encuesta reciente que reveló que el 73% de casi 800 investigadores de políticas climáticas de todo el mundo apoyan posturas poscrecimiento. Hickel respaldaba la llamada de Guterres a ir más allá del PIB, pero esto por sí solo no sería suficiente. «Se requiere un cambio sistémico más profundo. En concreto, necesitamos democratizar el control sobre la producción, lo que nos permitirá cambiar qué producimos y para quién. «El predominio del PIB no es casual, se produce porque el PIB mide lo que es valioso para el capital. Es la estructura del capitalismo la que, en última instancia, debe superarse».

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