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Construir una nueva economía en Europa: estado del ecosistema y desafíos para el cambio sistémico

Resumen de los principales hallazgos, desafíos y recomendaciones para la transformación del sistema económico europeo

Resumen del estudio Fertile Ground. Mapping and analysing the ecosystem of organisations working to transform Europe’s economic system realizado por Metabolic para Partners for a New Economy (P4NE)

El contexto: la necesidad de transformar el sistema económico

El informe Fertile Ground analiza el creciente ecosistema europeo de organizaciones que trabajan para transformar el sistema económico. El punto de partida es que muchas de las crisis actuales no son problemas independientes, sino consecuencias interrelacionadas de un mismo modelo económico.

El sistema actual favorece la extracción de valor a corto plazo y genera importantes costes sociales, económicos y ecológicos. La expansión tecnológica avanza más rápido que la capacidad de las instituciones para gobernarla, mientras que sus beneficios se concentran y sus riesgos se distribuyen entre la sociedad. Al mismo tiempo, la actividad económica está superando límites planetarios y poniendo en peligro los sistemas naturales que sostienen la vida. La financiarización ha aumentado la distancia entre los mercados financieros y la economía real, fomentando la especulación, la fragilidad y la desigualdad. A esto se suma el aumento del coste de necesidades básicas como la vivienda, la energía, la alimentación y la sanidad, que en muchos casos crece más rápidamente que los salarios.

El resultado es una creciente concentración de riqueza y poder, una mayor desigualdad y una pérdida de confianza en las instituciones. Ante esta situación, está surgiendo una comunidad de organizaciones que no pretende únicamente solucionar los efectos negativos del sistema, sino modificar sus estructuras fundamentales y construir una “nueva economía” orientada al bienestar humano y al respeto de los límites ecológicos.

El estudio tiene como objetivos actualizar el mapa europeo de estas organizaciones, identificar sus necesidades y obstáculos, analizar tendencias recientes y establecer una tipología que permita comprender mejor el campo. Para ello combina entrevistas, encuestas, talleres y análisis documental. En total, el mapeo identifica 735 organizaciones en 35 países europeos, lo que muestra la amplitud y diversidad de este movimiento. Aproximadamente la mitad fueron fundadas durante la última década, lo que confirma que se trata de un campo relativamente joven y en rápida expansión.

Un ecosistema diverso y en crecimiento

Las organizaciones identificadas son muy variadas: incluyen grupos de activismo e incidencia, think tanks, sindicatos, organizaciones comunitarias, cooperativas, entidades de investigación y actores dedicados a experimentar con nuevas formas económicas.

El informe organiza este ecosistema mediante dos grandes perspectivas. La primera clasifica a las organizaciones según lo que hacen: activismo e incidencia, demostración de soluciones, escalado y difusión, comunicación y cambio de narrativas, investigación y generación de conocimiento, financiación y movilización de recursos, educación y desarrollo de capacidades, y construcción de movimientos y organización colectiva.

La segunda perspectiva se centra en los temas sobre los que trabajan. Entre ellos se encuentran la gobernanza de mercados, la democracia económica, los sistemas financieros alternativos, los modelos económicos alternativos, la reforma de las finanzas públicas, la justicia y seguridad socioeconómica, la transformación de sectores esenciales y la resiliencia territorial.

Esta diversidad constituye una de las fortalezas del campo porque permite abordar la transformación económica desde múltiples perspectivas. Sin embargo, también genera un problema: muchas organizaciones trabajan de manera paralela sin suficiente coordinación. Por ello, el informe considera necesario construir un mayor “tejido conectivo” entre los diferentes actores y crear herramientas que permitan comprender mejor quién trabaja en cada área y cómo pueden colaborar.

El cambio económico sistémico como apuesta de alto impacto

La tesis transversal del informe es que transformar el sistema económico constituye una de las apuestas con mayor potencial de impacto. Es una estrategia difícil y de alto riesgo porque implica enfrentarse a intereses establecidos que poseen enormes recursos y poder, pero también puede generar beneficios estructurales para múltiples áreas.

Los avances en ámbitos concretos —como clima, agroecología, vivienda o renovación democrática— pueden lograrse dentro del sistema actual, pero permanecen vulnerables mientras las reglas fundamentales de financiación, propiedad y distribución no cambien. En ausencia de transformación sistémica, cada avance debe defenderse repetidamente frente a las mismas fuerzas estructurales.

Por el contrario, un cambio profundo de las reglas económicas podría crear un entorno en el que la resiliencia, la equidad y la sostenibilidad sean recompensadas por defecto. Por ello, el informe plantea el cambio económico como una inversión de largo plazo que puede facilitar y reforzar muchas otras transformaciones sociales y ecológicas.

Una oportunidad histórica para el cambio

Uno de los principales hallazgos del estudio es que existe una ventana de oportunidad para impulsar alternativas económicas. La población europea está experimentando de forma cada vez más directa los efectos del sistema actual: aumento del coste de vida, inseguridad laboral, dificultades para acceder a vivienda y una creciente percepción de que las instituciones políticas y económicas no responden adecuadamente a sus necesidades.

Esta situación está generando mayor apertura hacia propuestas alternativas. Lo que anteriormente podía considerarse un discurso marginal —la idea de que el sistema económico está estructuralmente desequilibrado— se ha convertido en una preocupación mucho más extendida.

El informe advierte, sin embargo, que esta oportunidad no está garantizada. Si el descontento social no se canaliza hacia soluciones constructivas, puede ser aprovechado por movimientos populistas y de extrema derecha. Por ello, el campo de la nueva economía debe ser capaz de ofrecer una visión positiva, concreta y creíble de cómo podría funcionar una economía diferente.

El estudio también destaca el papel de las crisis como momentos de transformación: los movimientos ecologistas de la década de 1970, la reacción neoliberal de la década de 1990, la crisis de 2008, la COVID-19 y las crisis actuales relacionadas con el aumento del coste de la vida y el cambio climático. Estos momentos generan conciencia, abren nuevas perspectivas y movilizan a los actores.

Las transformaciones profundas no suelen producirse de forma gradual, sino que pueden acelerarse durante períodos de disrupción. El reto consiste en construir infraestructuras capaces de aprovechar estas oportunidades: redes que satisfagan las necesidades básicas durante las crisis y una infraestructura de políticas a nivel macro que trace una alternativa sistémica.

Es inevitable que se produzcan más rupturas, desde el desempleo provocado por la IA hasta la convergencia de crisis climáticas, financieras y geopolíticas que ya están poniendo a prueba los límites de nuestras instituciones.

Principales problemas del ecosistema

A pesar de su crecimiento, el campo continúa siendo fragmentado y está insuficientemente financiado. El informe identifica la financiación como una de las principales limitaciones, especialmente la falta de capital paciente, flexible y orientado al largo plazo.

Las organizaciones necesitan financiación que les permita escapar de los ciclos de proyectos cortos y desarrollar infraestructuras duraderas. También son importantes las pequeñas subvenciones flexibles, especialmente para organizaciones de base que necesitan recursos para sobrevivir, adaptarse y experimentar.

El problema no es únicamente la naturaleza de la financiación, sino también su escala. El informe recuerda que la filantropía neoliberal de las décadas de 1970 a 1990 destinó grandes cantidades de recursos a crear infraestructuras duraderas —universidades, publicaciones, programas de formación y estructuras de litigación— que contribuyeron a consolidar nuevas ideas económicas. En comparación, el campo actual de la nueva economía dispone de muchos menos recursos (diez veces menos).

Por ello, el informe sostiene que no basta con financiar proyectos concretos. Es necesario invertir en un ecosistema duradero capaz de producir conocimiento, formar líderes, conectar organizaciones y desarrollar capacidad política.

La fragmentación constituye otro obstáculo. El pluralismo de perspectivas es positivo, pero puede convertirse en una debilidad cuando las organizaciones compiten entre sí por financiación, visibilidad o influencia. También existe una división geográfica importante entre Europa occidental y Europa oriental y sudoriental. En estas últimas regiones faltan con frecuencia organizaciones especializadas en construir el campo y existen resistencias hacia algunos modelos, como las cooperativas, relacionadas con la memoria del pasado comunista.

El informe recomienda fortalecer los vínculos entre regiones, invertir en traducción y construcción de confianza y desarrollar plataformas compartidas. También considera necesario avanzar hacia una narrativa común que no se limite a criticar el sistema actual, sino que explique con claridad qué alternativa se quiere construir.

El déficit de planificación macroeconómica

Otra carencia fundamental es la falta de modelos macroeconómicos prácticos que permitan demostrar cómo funcionaría una economía alternativa a gran escala.

El movimiento de la nueva economía posee numerosas ideas y experiencias, pero tiene más dificultades para responder a preguntas concretas sobre el funcionamiento de una economía postcrecimiento. ¿Qué ocurriría con el empleo, las pensiones, la deuda pública o los presupuestos estatales si el PIB dejara de crecer? ¿Cómo podrían los gobiernos garantizar estabilidad económica y bienestar?

La falta de respuestas suficientemente desarrolladas facilita que el discurso dominante continúe presentando el crecimiento económico como la única alternativa viable. También dificulta que gobiernos, sindicatos y economistas puedan utilizar las propuestas de la nueva economía en la elaboración de políticas públicas.

El informe propone invertir en investigación aplicada y crear equipos interdisciplinarios capaces de combinar economía ecológica con conocimientos sobre empleo, finanzas y política fiscal. También recomienda desarrollar escenarios concretos que permitan demostrar cómo podrían llevarse a cabo las transiciones económicas.

De las ideas a la vida cotidiana

El informe advierte además del riesgo de que el movimiento se convierta en una “burbuja” intelectual. Los think tanks y organizaciones de incidencia son importantes para generar ideas, pero las transformaciones no pueden depender exclusivamente de discursos o propuestas políticas.

La población experimenta la economía principalmente a través de cuestiones concretas: si puede pagar la vivienda, mantener la energía, acceder a alimentos o disponer de servicios públicos adecuados. Por tanto, las alternativas deben estar conectadas con estas necesidades.

En este sentido, el documento destaca iniciativas como las cooperativas de vivienda, la energía comunitaria, la remunicipalización de servicios, los bancos o mecanismos financieros comunitarios, los fideicomisos de tierras y los sistemas alimentarios locales.

Estas iniciativas tienen un doble valor: permiten mejorar directamente las condiciones de vida y demuestran que otros modelos económicos son posibles. También pueden generar capacidad de organización y participación ciudadana desde abajo.

Sin embargo, el informe identifica un vacío entre estas experiencias locales y el nivel nacional o europeo. Se trata del denominado eslabón perdido, una capa intermedia que debería convertir las experiencias locales en modelos replicables, financiables y capaces de influir en políticas públicas.

Sin esta capa, las iniciativas permanecen aisladas. Con ella, pueden convertirse en modelos capaces de extenderse y contribuir a una transformación estructural.

Construir poder político y económico

El informe plantea que el campo necesita una estrategia política de doble vía. Una primera dimensión debería ser explícitamente política: construir partidos, liderazgos, coaliciones, medios de comunicación y capacidades de litigación capaces de llevar los principios de la nueva economía a las instituciones.

La segunda dimensión debería ser transversal y multipartidista. Think tanks, instituciones cívicas y organizaciones de políticas públicas podrían defender determinados principios económicos independientemente de qué partido gobierne. Esta combinación permitiría mantener la diversidad ideológica sin caer en la falta de dirección política.

Junto a ello, el informe considera fundamental crear nuevas formas de riqueza. Actualmente muchas organizaciones dependen de financiación externa procedente de filantropía, presupuestos públicos o mecanismos de financiación combinada. Aunque estos recursos son importantes, generan dependencia.

La nueva economía debería desarrollar mecanismos que produzcan y mantengan riqueza de acuerdo con sus propios principios. Entre los ejemplos aparecen empresas orientadas al propósito que reinvierten sus excedentes, estructuras que mantienen activos en beneficio del bien común y organizaciones sin ánimo de lucro capaces de desarrollar actividades generadoras de ingresos.

La creación de riqueza comunitaria debe pasar así de ser una serie de experiencias locales a convertirse en una estrategia de mayor escala. De esta forma, el propio movimiento podría generar recursos para sostener su desarrollo a largo plazo.

Conclusión

Fertile Ground muestra que Europa cuenta con un ecosistema amplio, diverso y creciente de organizaciones dedicadas a transformar el sistema económico. Las 735 organizaciones identificadas en 35 países demuestran que existe una actividad considerable y que el campo está adquiriendo mayor relevancia.

El contexto actual ofrece una oportunidad especialmente importante. El aumento del coste de vida, la desigualdad, la crisis climática y la pérdida de confianza en las instituciones están haciendo que un número creciente de personas cuestione el funcionamiento del sistema económico. Además, las futuras crisis pueden generar nuevas oportunidades de transformación.

Pero el campo todavía no dispone de suficiente capacidad colectiva para aprovechar plenamente esta oportunidad. Sus principales debilidades son la falta de financiación estable y a largo plazo, la fragmentación entre organizaciones y regiones, la escasez de modelos macroeconómicos aplicados, la distancia entre algunas propuestas y las necesidades cotidianas y la ausencia de una infraestructura intermedia que permita escalar las iniciativas locales.

Por ello, el informe propone pasar de un ecosistema de proyectos y organizaciones diversas a un campo más conectado, coordinado y capaz de ejercer poder. Esto requiere financiar infraestructuras duraderas, mejorar la cooperación entre regiones y movimientos, desarrollar modelos económicos concretos, conectar las ideas con soluciones visibles para la ciudadanía y crear mecanismos para replicar las experiencias locales.

También es necesario construir una estrategia política que combine acción partidista y capacidad transversal, además de generar nuevas formas de riqueza que permitan al movimiento reducir su dependencia de financiación externa.

En definitiva, el informe considera que cambiar el sistema económico es una tarea extremadamente difícil, pero también una de las estrategias con mayor potencial transformador. Si se modifican las reglas relacionadas con las finanzas, la propiedad, la distribución y la gobernanza, las iniciativas relacionadas con el clima, la justicia social, la democracia y el bienestar podrían dejar de luchar constantemente contra las mismas estructuras y comenzar a desarrollarse dentro de un sistema que favorezca esos objetivos. El desafío es aprovechar la actual ventana de oportunidad para convertir la diversidad existente en capacidad colectiva, legitimidad social y poder suficiente para impulsar un cambio económico sistémico.

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