Si te sumerjes entre los anexos de la Performance Regulation del nuevo Marco Financiero Plurianual encuentras que se asignan coeficientes del 40% y e 100% a gastos que no sólo no ayudan, empeorán la situación ambiental
La Unión Europea está negociando su próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034, es decir, el presupuesto a largo plazo que determina en qué se gastan cientos de miles de millones de euros durante siete años. Dentro de este proceso, una pieza clave —todavía poco conocida— es la llamada Performance Regulation (Reglamento de Desempeño).
Aunque suene técnico, este reglamento es crucial: define cómo se mide, se clasifica y se evalúa el impacto real del gasto europeo. En otras palabras, determina qué se considera “verde”, “social” o “sostenible” en el presupuesto de la UE… y qué no.
Un cambio importante: un único sistema para todo el presupuesto europeo
Hasta ahora, cada fondo o programa europeo (PAC, fondos de cohesión, LIFE, Horizonte Europa, etc.) tenía sus propias reglas para medir resultados e impactos. Esto ha generado incoherencias, doble contabilidad y, en algunos casos, una clara sobreestimación del impacto climático o ambiental del gasto.
La Performance Regulation pretende cambiar esto creando un marco único para todo el presupuesto de la UE, con tres elementos centrales:
- Una lista común de unas 500 “categorías de intervención”
Cada tipo de gasto europeo (por ejemplo, apoyo agrario, infraestructuras, energía, investigación, restauración de ecosistemas) se clasifica en una categoría concreta. - Indicadores de resultados asociados a cada categoría
En teoría, esto debería permitir medir no solo cuánto se gasta, sino qué se consigue realmente. - Un sistema de “etiquetado” del gasto
Cada categoría recibe un coeficiente (0 %, 40 % o 100 %) según su supuesta contribución a:- Mitigación del cambio climático
- Adaptación al cambio climático
- Objetivos ambientales (actualmente todos juntos)
Este sistema determina qué parte del presupuesto se contabiliza como gasto climático o ambiental.
El objetivo político: ¿cuánto presupuesto será “verde”?
El reglamento establece que al menos el 35 % del presupuesto total de la UE debería contribuir a objetivos climáticos y ambientales durante el periodo 2028-2034.
A primera vista, puede parecer una cifra ambiciosa. Sin embargo, según WWF, este objetivo es insuficiente y problemático por varias razones:
- Es menos ambicioso que la combinación actual de objetivos climáticos y de biodiversidad.
- Amplía el número de objetivos ambientales (agua, economía circular, contaminación), pero sin aumentar el porcentaje total, lo que diluye el impacto.
- Elimina un objetivo específico para biodiversidad, lo que pone a la naturaleza en clara desventaja frente a inversiones más “fáciles” de etiquetar como verdes.
- Excluye el gasto en defensa del cálculo, lo que puede reducir significativamente el volumen real de inversión verde.
WWF propone elevar el objetivo al 50 % del presupuesto, con al menos un 10 % específicamente dedicado a biodiversidad.
El gran problema: cuando el gasto “verde” no es realmente verde
Uno de los puntos más críticos del reglamento es cómo se asignan los coeficientes (0 %, 40 %, 100 %). Según el análisis de WWF, el sistema propuesto tiene riesgos claros de greenwashing presupuestario:
- Actividades con impactos ambientales negativos reciben etiquetas positivas.
Por ejemplo:- Apoyo a rentas agrarias sin condiciones ambientales fuertes
- Nuevas infraestructuras viarias o aeroportuarias
- Extracción de determinadas materias primas
- Bioenergía o hidrógeno “bajo en carbono” no renovable
- Se mantiene un uso excesivo de coeficientes del 40 %, que inflan artificialmente la contribución ambiental real del gasto.
- No se distingue adecuadamente entre actividades con impactos muy diferentes dentro de una misma categoría.
El Tribunal de Cuentas Europeo ya ha advertido en varias ocasiones que este tipo de etiquetado sobreestima el impacto climático real del presupuesto de la UE.
Biodiversidad: la gran perdedora
Uno de los retrocesos más preocupantes es la desaparición de un seguimiento específico del gasto en biodiversidad. En el nuevo sistema:
- Biodiversidad, agua, economía circular y contaminación se agrupan en una sola categoría ambiental.
- Esto hace imposible saber cuánto dinero se destina realmente a proteger y restaurar la naturaleza.
- La UE corre el riesgo de incumplir sus compromisos internacionales, como el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
La experiencia reciente es clara: cuando no hay un objetivo específico, la biodiversidad queda relegada. En el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, por ejemplo, solo alrededor del 2 % del gasto acabó beneficiando a la biodiversidad, pese a las referencias generales al “Green Deal”.
El principio de “no causar un daño significativo” (DNSH)
La Performance Regulation también pretende armonizar la aplicación del principio de Do No Significant Harm (DNSH) en todo el presupuesto europeo.
Este es un avance positivo, pero con riesgos importantes:
- Se introducen excepciones amplias, por ejemplo para defensa, seguridad o situaciones de crisis.
- WWF alerta de que las excepciones deben basarse en el impacto ambiental real, no solo en el tamaño financiero de los proyectos.
- Es fundamental contar con una lista clara de actividades que nunca deberían recibir fondos europeos por su impacto ambiental negativo.
Bien aplicado, el DNSH puede ser una herramienta clave para eliminar subsidios perjudiciales; mal aplicado, puede convertirse en una formalidad sin efecto real. Puedes consultar todos los detalles que encontró WFF aquí.
¿Por qué esto es importante para las asociaciones y la sociedad civil?
Porque la Performance Regulation va a definir:
- Qué tipo de proyectos recibirán financiación europea durante la próxima década.
- Qué se considera oficialmente una inversión “verde”.
- Si el presupuesto europeo impulsa una transformación real o simplemente re-etiqueta prácticas dañinas.
Para las organizaciones sociales, ambientales y territoriales, este reglamento es un campo de batalla clave. No se trata solo de cifras, sino de credibilidad, coherencia y resultados reales.
En resumen
La Performance Regulation puede ser una herramienta poderosa para alinear el presupuesto europeo con los objetivos climáticos, sociales y ambientales. Pero, tal y como está planteada:
- Tiene objetivos poco ambiciosos.
- Presenta graves fallos metodológicos.
- Debilita el apoyo a la biodiversidad y la restauración de la naturaleza.
- Corre el riesgo de legitimar gasto perjudicial bajo una etiqueta verde.
Desde REVO, y junto a organizaciones como WWF, es fundamental seguir este proceso de cerca y defender un presupuesto europeo que mida lo que importa y financie lo que realmente transforma.

