El final del turismo barato

Resumen de la conferencia del profesor Ivan Murray cuya investigación se centra en el modelo del capitalismo turístico y sus problemas asociados

Ivan Murray, invitado por ENT, inicia su exposición explicando el contexto del título: la idea de que estamos entrando en una etapa histórica en la que el turismo barato —el modelo que ha dominado desde mediados del siglo XX— muestra signos claros de agotamiento.

Señala que, durante este último verano, sectores como la restauración en zonas muy turistificadas empezaron a advertir una caída notable de clientela, atribuyéndola en parte al encarecimiento generalizado del turismo. Para Murray, esto no es un fenómeno coyuntural, sino un indicio profundo de un cambio estructural.

Murray retoma las ideas de Jason Moore sobre el fin de las “naturalezas baratas”. Según Moore, el capitalismo se ha sostenido históricamente gracias a cuatro elementos baratos: trabajo, energía, alimentos y materias primas. El turismo, particularmente el que creció explosivamente tras la Segunda Guerra Mundial, se apoya justamente en esas naturalezas baratas: trabajadores precarizados, territorios baratos y fácilmente transformables y energía fósil abundante y a bajo precio.

España es uno de los ejemplos más evidentes de esta lógica. Durante la dictadura franquista, el turismo se convirtió en una estrategia central de desarrollo económico. Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, lo expuso explícitamente en sus escritos: para atraer turismo se necesitaban trabajadores baratos y territorios maleables. Las costas españolas se transformaron rápidamente bajo esta lógica.

Tras 2008: el turismo como vía de salida de la crisis

Murray destaca que la crisis de 2008 otorgó un nuevo rol al turismo mundial. Al estallar la burbuja financiera e inmobiliaria, el turismo se convirtió en lo que David Harvey llamaría una “solución espacio-temporal”, un mecanismo para absorber excedentes de capital y generar crecimiento rápido en territorios golpeados.

A partir de 2010 se observa una expansión planetaria del turismo en tres dimensiones:

a) Intensificación cuantitativa:
El número de turistas internacionales supera en 2012 la barrera de los 1.000 millones y en 2019 alcanza casi los 1.500 millones.

b) Expansión geográfica:
Territorios antes marginales entran en el circuito turístico global. Murray cita el caso de Madrid, que antes de 2008 no era un destino de primer orden y después se convierte en una ciudad turística internacional.

c) Transformación del capital turístico:
Las nuevas protagonistas ya no son las cadenas hoteleras ni los touroperadores tradicionales, sino las plataformas digitales. Booking lidera en capitalización bursátil; Airbnb, desde su salida a bolsa, ocupa el segundo lugar. Estas plataformas reorganizan el sector imponiendo modelos algorítmicos de fijación de precios.

La fijación de precios ya no responde a los costes reales

Hoy, dice Murray, los precios turísticos —vuelos, hoteles, estancias— no se determinan principalmente por los costes de operación, sino por algoritmos que analizan perfiles de consumo, disponibilidad y patrones de búsqueda. La recomendación de “borrar las cookies” ilustra cómo los algoritmos moldean precios y expectativas.

Este cambio implica que el encarecimiento actual del turismo no responde solo al aumento de costes energéticos o salariales, sino también al poder creciente del capital de plataforma y a su capacidad para extraer rentas mediante dinámicas opacas de fijación de precios.

El final de las “naturalezas baratas”

En este punto, Murray conecta con la tesis central de Jason Moore: cuando las bases materiales baratas que hacen posible la acumulación de capital empiezan a agotarse o encarecerse, el sistema entra en una fase de crisis estructural.

Hoy se dan dos procesos simultáneos:

  1. Agotamiento de nuevas fronteras de mercantilización:
    Prácticamente no quedan nuevos territorios para incorporar al circuito turístico global.
  2. Deterioro acelerado de las condiciones de vida planetarias:
    La crisis climática erosiona las bases biofísicas que sostienen tanto la vida como la economía capitalista.

El turismo, altamente dependiente del petróleo y del avión, se sitúa en el centro de esta doble tensión. La pandemia evidenció la relación íntima entre turismo y emisiones de CO₂:

  • En España, la caída de emisiones durante el confinamiento se debió en gran medida al parón turístico.
  • A nivel mundial, la huella de carbono del turismo bajó del 8% al 3,5%.

Tras la reapertura, se produjo el llamado “efecto champán”: un rebote explosivo del turismo y sus emisiones.

España: cifras que esconden la fragilidad del modelo

Aunque las cifras turísticas en España han seguido aumentando —de 56 millones de turistas internacionales en 2008 a 93 millones en 2024, con proyección de 100 millones en 2025— esto no contradice la tesis del final del turismo barato. Más bien la refuerza.

Se observan varios fenómenos relevantes:

a) Estancias más cortas:
El turista medio se queda unos 5 días. Aumentan las entradas, pero baja la duración.

b) El turismo doméstico se estanca:
En 2016 había prácticamente tantas pernoctaciones de españoles como de extranjeros (~616 millones). En 2024 el turismo doméstico apenas aumenta hasta ~634 millones.
Además, el 30% de los españoles no puede permitirse una semana de vacaciones fuera de casa.

c) El alojamiento turístico se polariza:

  • 66% de los turistas internacionales usan hoteles.
  • El resto se aloja en viviendas alquiladas o familiares.
    El auge del alquiler turístico es una estrategia para sostener artificialmente el modelo.

El gasto turístico: una escalada que supera la inflación. La lógica rentista se impone

El gasto medio por turista extranjero sube de 1.028 € (2016) a ~1.350 € (2024), un aumento de más del 30–40%. Pero durante ese mismo período la inflación acumulada fue solo del 23%.
Lo mismo ocurre con los turistas españoles: su gasto por día sube de 40 € a 64 €.

Esto muestra un encarecimiento estructural del turismo que no puede explicarse por la inflación general. Responde a dinámicas rentistas y a presiones del capital inmobiliario y financiero. El indicador RevPAR (ingreso por habitación disponible) evidencia un salto notable: de unos 80 € en 2016 a 125 € en 2025. Esto está ligado a:

  • reformas normativas favorables al capital hotelero,
  • acceso a financiación,
  • y especialmente la entrada masiva de fondos de inversión inmobiliaria.

Murray destaca que Blackstone es hoy el mayor hotelero de España. La presencia de estos fondos implica presiones crecientes sobre los operadores hoteleros y, en consecuencia, un alza generalizada de precios.

El peso sorprendentemente bajo de los salarios

Al analizar los “cuentos satélites del turismo”, Murray observa un dato revelador:

  • Los costes laborales representan solo el 15,5% de la producción turística.
  • El excedente bruto de explotación (beneficios) ronda el 50%.

Esto contradice el discurso habitual que afirma que el turismo es un sector muy intensivo en trabajo y que los costes laborales explican los precios. En realidad, la estructura rentista captura una proporción muy elevada del valor generado.

Una Europa desigual y con crisis de nivel de vida

Para Murray, el encarecimiento del turismo ocurre al mismo tiempo que:

  • aumentan las desigualdades,
  • empeora el poder adquisitivo,
  • y se deterioran las condiciones de vida.

Esto plantea un riesgo claro: en contextos de crisis, el gasto turístico es de los primeros que las familias recortan. Las economías más dependientes del turismo, como España, son especialmente vulnerables.

El precio del petróleo y la política climática: la amenaza mayor

El turismo low cost depende del petróleo barato. Pero el petróleo está sometido a oscilaciones geopolíticas (guerra de Ucrania, movimientos de la OPEP) y a una tendencia general al encarecimiento a medio plazo. La aviación, además, enfrenta nuevas obligaciones climáticas:

  • En la UE, los vuelos intraeuropeos deben comprar derechos de emisión dentro del ETS.
  • A nivel global, en 2027 entra plenamente en vigor el programa CORSIA, plan para estabilizar las emisiones de CO2 de la aviación internacional a partir de 2020, haciendo que el crecimiento del sector sea «neutro en carbono» mediante la compra de créditos de carbono para compensar las emisiones.
  • Las aerolíneas europeas deberán incorporar combustibles sostenibles (SAF): 2% en 2025, 70% en 2050.

Pero la realidad es que en 2024 solo habían incorporado un 0,6%.

El impacto económico previsto es enorme: los costes del combustible podrían aumentar hasta un 600%, lo que haría inviable el modelo low cost.

Consecuencia estructural: el turismo barato llega a su fin

Para Murray, el turismo global tal como lo conocemos es inseparable del petróleo barato. Si este desaparece —y las políticas climáticas aceleran ese proceso— el sistema entra en crisis. Subirán los vuelos, subirán los precios, disminuirá la accesibilidad del turismo y se alterará la geografía económica de regiones enteras.

España y otros territorios hiper-turistificados afrontarán un escenario incierto y delicado.

Murray concluye resumiendo las dinámicas que llevan al encarecimiento progresivo del turismo que puede agotar el modelo barato de los últimos 70 años:

  • el capital financiero rentista encarece el alojamiento,
  • las plataformas algorítmicas elevan precios,
  • el petróleo entra en un ciclo de volatilidad y alza,
  • las políticas climáticas obligan a transformar la aviación,
  • la desigualdad limita la demanda interna,
  • y las fronteras de expansión turística están prácticamente agotadas.

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