Cambio climático y refugiados ambientales

Los fenómenos climáticos extremos han provocado desplazamientos humanos superiores a los causados por las guerras y otras formas de violencia física

Por Antonio Campillo Universidad de Murcia


El uso masivo de los combustibles fósiles manchados de sangre ha dado lugar al cambio climático antropogénico, que en algunas regiones (como el Sahel africano) provoca sequías y hambrunas, mientras que en otras (como en las costas del Caribe y del Sudeste asiático) provoca fuertes huracanes e inundaciones torrenciales. Estos fenómenos climáticos extremos también expulsan de sus tierras a millones de personas que migran de manera forzosa a otros lugares para rehacer su vida. Son los llamados «refugiados climáticos» o, más ampliamente, «refugiados ambientales».

Según la OIM, los fenómenos climáticos extremos se han triplicado en las tres últimas décadas y han provocado desplazamientos humanos superiores a los causados por las guerras y otras formas de violencia física. Los investigadores Dennis Wesselbaum y Amelia Aburn (2019) han analizado las migraciones internacionales entre 1980 y 2015, desde 198 países de origen hasta 16 países miembros de la OCDE (entre ellos, los principales receptores de migrantes: Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Canadá, Australia, España e Italia), y han comprobado que el cambio climático es la más importante causa de esas migraciones, por encima de las circunstancias económicas y políticas de los países de origen. A estas migraciones internacionales se añaden los desplazamientos dentro de un mismo país. Sólo en 2018 hubo un total de 28 millones de nuevos desplazamientos, internos y externos: 10,8 millones se debieron a diferentes tipos de violencia, mientras que 17,2 millones de personas huyeron de desastres naturales y 16,1 millones de esas huidas se debieron al cambio climático.

Consecuentemente, estos desplazados ambientales también deberían ser reconocidos y acogidos como «refugiados» cuando se ven forzados a huir a otros países. El Informe Fronteras 2017, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), reconoce que hay ya unos 26,4 millones de personas desplazadas por motivos ambientales y estima que en 2050 puede haber unos 200 millones. Por su parte, ACNUR (2017) va más lejos en sus previsiones y estima que en los próximos cincuenta años entre 250 y 1.000 millones de personas abandonarán su hogar a causa del cambio climático. Como ya pronosticó Harald Welzer en Guerras climáticas (2008), estos desplazamientos forzosos harán que se intensifique la retroalimentación entre cambio climático, migraciones, respuestas xenófobas y nuevas guerras por el control de los territorios y de sus recursos naturales.

Sin embargo, la legislación internacional no reconoce ni protege a los «refugiados ambientales». Muchos expertos y ONG de todo el mundo reclamaron que se incluyera su protección en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, promovido por la ONU y suscrito por 164 países el 11 de diciembre de 2018 en Marrakech. El objetivo era conseguir que los países más ricos y poderosos asumieran su responsabilidad ante la crisis ecológica global y, en particular, ante las víctimas del cambio climático antropogénico. Pero el documento final no recoge esa propuesta.

La Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes, aprobada por la ONU el 19 de septiembre de 2016, comienza con un párrafo muy prometedor, pues relativiza la vigente dicotomía jurídica entre el migrante económico (que se desplaza «libremente») y el refugiado político (que huye «forzosamente»), y enumera más bien una serie de motivos, entre ellos los ambientales. Además, reconoce que las personas migran «debido a varios de esos motivos»:

“La humanidad ha estado en movimiento desde los tiempos más antiguos. Algunas personas se desplazan en busca de nuevas oportunidades económicas y nuevos horizontes. Otras lo hacen para escapar de los conflictos armados, la pobreza, la inseguridad alimentaria, la persecución, el terrorismo o las violaciones y los abusos de los derechos humanos. Hay otras personas que se desplazan por los efectos adversos del cambio climático o de desastres naturales (algunos de los cuales pueden estar vinculados al cambio climático) u otros factores ambientales. Muchos se trasladan, de hecho, debido a varios de esos motivos.”

Pero, finalmente, en el Pacto Mundial sobre Migraciónse reitera la distinción entre migrante económico y refugiado político, y no se reconoce la figura del refugiado ambiental. El punto 4 del Preámbulo es muy claro:

“Si bien los refugiados y los migrantes tienen los mismos derechos humanos universales y libertades fundamentales, que deben respetarse, protegerse y cumplirse en todo momento, constituyen dos grupos distintos que se rigen por marcos jurídicos separados. Sólo los refugiados tienen derecho a una protección internacional específica, definida en el derecho internacional de los refugiados. El presente Pacto Mundial se refiere a los migrantes y propone un marco de cooperación para abordar la migración en todas sus dimensiones.”

Es cierto que este Pacto Mundial pretende ofrecer un marco jurídico más beneficioso para las personas migrantes, pero al mismo tiempo respeta como principio incuestionable la soberanía de los Estados. De modo que, finalmente, puede convertirse en papel mojado, como otras muchas declaraciones internacionales de derechos. Y, sin embargo, a pesar de ser un acuerdo de mínimos y tener un estatuto meramente declarativo, algunos países gobernados por partidos xenófobos se han negado a suscribirlo, entre ellos Estados Unidos, Israel y varios países europeos.

Las ONG y las asociaciones de migrantes se encuentran divididas al respecto. Unas consideran que es un pequeño paso adelante, aunque tenga muchas limitaciones, porque es el primer documento internacional o multilateral que reconoce los derechos de los migrantes en un contexto de creciente xenofobia. Otras, en cambio, lo critican duramente porque no lo consideran un paso adelante sino más bien «un paso atrás». La organización Vía Campesina y otras organizaciones sociales de África y Oriente Medio se reunieron también en Marrakech los días 8 y 9 de diciembre de 2018, para suscribir un Pacto Internacional de Solidaridad y Unidad de Acción por los Plenos Derechos de Todos los Migrantes y Refugiados. En este documento denuncian el Pacto Mundial sobre Migración porque «es un paso atrás con respecto a los derechos humanos y a la protección de nosotros, los migrantes, así como de nuestras familias, tal y como estaban establecidos en anteriores Convenios Internacionales aprobados por las Naciones Unidas y otras instituciones como la Organización Internacional del Trabajo (OIT).»


NOTA.-
 El texto de este post está extraído del libro de Antonio Campillo Un lugar en el mundo. La justicia espacial y el derecho a la ciudad (Los Libros de la Catarata, Madrid, 2019, pp. 54-57).

http://www.madrimasd.org/blogs/migraciones/2019/09/23/132832

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