Lo que se decida en Bruselas estos días influirá directamente en cómo nos movemos, qué comemos, la energía que usamos y cómo se preparan nuestras ciudades frente al calor extremo.
Lo que hay que hacer aquí es seguir el modelo de Ferrocarrils, que significa un modelo de mucho más personal, un modelo de protección de las infraestructuras y un modelo de información eficiente. Y eso cuesta poco dinero, es un tema de actitud, de mantener una hoja de ruta.
Frente a los ataques de la extrema derecha, eurodiputados de distintos grupos políticos se comprometen a proteger a las organizaciones independientes y a garantizar su participación.
El Tren-tram no es la barrera. El problema es nuestra barrera, nuestra resistencia a imaginar un futuro distinto. La infraestructura que proponemos es la herramienta técnica, pero el objetivo es profundamente humano
La reciente sucesión de tragedias ferroviarias en nuestro país ha dejado una herida abierta en la sensibilidad ciudadana. Sin embargo, como sociedad, nos enfrentamos a una disyuntiva crítica: ¿responderemos desde el sesgo emocional de la tragedia o desde el rigor de los datos y los hechos?
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