Este exdiputado va por los pueblos de España apagando los fuegos que provocan las renovables

Jaume Moya, parlamentario por En Común Podem hasta 2019, se dedica ahora a resolver lo que él define como “conflictos socio-ecológicos”. Si ha visto ‘As Bestas’ o ‘Alcarrás’, sabrá a qué nos referimos

Antonio Villarreal

No es la primera vez que Jaume Moya escucha de primera mano una historia parecida. Un promotor decide instalar una explotación de energía eólica o solar a las afueras de algún pueblo remoto. La primera vez que visita el municipio, en secreto, el empresario aparca delante del ayuntamiento y entra a hablar con el alcalde, que —por lo general— está encantado con el proyecto. “Al salir de la reunión, se encuentra su coche cubierto por una tonelada de estiércol“, dice. “Estas cosas aún pasan”.

Jaume Moya en el campo, su oficina habitual (Cedida)

Moya compagina su labor como procurador en los tribunales de Cervera (Lleida) con esta actividad como mediador. Su especialidad son, como él dice, los “conflictos socio-ecológicos”, algo que puede tomar muchas formas, pero que casi siempre se resume en acudir a un pueblo donde los vecinos se han declarado en pie de guerra contra una empresa o administración, que apostó por las energías renovables sin hablar antes con los vecinos.

Durante las dos breves legislaturas de 2016 a 2019, Moya fue parlamentario de En Comú Podem por su provincia en el Congreso de los Diputados. Aquella experiencia, si breve, le enseñó un par de trucos sobre cómo salir de una sala con rivales antagónicos con un acuerdo bajo el brazo.

La naturaleza de esta profesión de mediador conlleva ser observado con recelo por unos y otros, pero poco a poco, se va corriendo la voz y Moya va aterrizando, como una especie de Señor Lobo de lo rural, en más y más pueblos para resolver problemas. Desde el Penedés, donde arrancó este proyecto Eudemon, hasta Galicia o Huelva, empresas o ayuntamientos con vecinos a la gresca han levantado el teléfono para contratar sus servicios.

Fotograma de ‘As Bestas’, de Rodrigo Sorogoyen

Por mucho que su labor esté en los pueblos, al final todos los caminos acaban pasando por Madrid. No obstante, de aquí salen muchas de las malas ideas que, aplicadas al territorio, acaban generando los fuegos que algún día tendrá que ir a apagar. Nos reunimos cerca de su antiguo trabajo, en la Carrera de San Jerónimo.

PREGUNTA. No es casualidad que dos de los grandes éxitos recientes del cine español, Alcarrás de Carla Simón y As Bestas de Rodrigo Sorogoyen, tengan de fondo ese conflicto entre el mundo urbano y rural por las energías renovables. Es el comienzo de más de un western en los pueblos de España.

RESPUESTA. Ambas películas han marcado mucho el tema de la conflictividad a partir de las energías renovables. Conozco mucho el tema de Alcarrás porque precisamente ocurre en Lleida y yo vivo muy, muy cerca. Son dos conflictos en dos momentos muy diferentes, porque As Bestas nos habla ya de un parque eólico instalado y toda esa repercusión social. Pero no la veo tanto como un conflicto de las renovables como de algo mucho más profundo, incluso telúrico. La lucha entre lo urbano y lo rural, la lucha entre lo rural y lo neorrural, el conflicto de la baja autoestima del mundo rural y también de su visión idealizada.

P. A menudo, desde la ciudad, vemos esos conflictos y pensamos “encima que les ponen esa explotación solar o eólica que genera energía limpia y crea puestos de trabajo, se quejan”. ¿Cometemos el error de pensar por el campo en lugar de ponernos en su lugar?

R. La mentalidad campo-ciudad es muy diferente y en realidad, en gran parte del mundo agrario todavía existe —y con razón— cierta mentalidad de sacrificio. Tal vez sea un poco exagerado, pero lo vemos muy a menudo: el campo es el espacio que desde la ciudad se utiliza de cantera, para lanzar los residuos o con fines lúdicos. La típica estampa de los domingueros que juegan al fútbol sobre un campo sembrado.

“Nos encontramos incluso con casos, y en Galicia lo hemos visto, donde a pie de aerogenerador hay pobreza energética”

En este sentido, el primer desarrollo que se ha hecho de las renovables ha seguido tendencias básicamente extractivistas, porque no se está llevando la energía al campo, se está utilizando la materia prima del campo para obtener energía para la ciudad o la industria. Nos encontramos incluso con casos, y en Galicia lo hemos visto, donde a pie de aerogenerador hay pobreza energética: no hay electricidad, hay unos precios altísimos y por encima de sus cabezas se están produciendo 15 megavatios, que se van a Santiago o a Coruña. Tienen algo que invade su paisaje cotidiano y lo hará durante el resto de sus vidas y sencillamente nadie les ha preguntado. No tienes ningún retorno e incluso se ha hecho con una falta de respeto. O sea, si vas a marcar mi paisaje, respétame, y después ya hablaremos de la biodiversidad, de creación de empleo, de retorno, de sostenibilidad, de modelo económico, de desarrollo… hablaremos de todo esto. Pero respétame y escúchame primero. En muchos casos, como lo que hablábamos de As Bestas, el daño ya está hecho.

P. En teoría, un mediador tiene sentido que entre en una fase muy inicial del proyecto, ¿pero en la práctica se os llama cuando ya ha explotado todo?

R. Nosotros llevamos todo tipo de conflictos socioecológicos, no solo vinculados a renovables. Lo ideal, evidentemente, es que el conflicto no nazca y tendría que ser lo normal. Es decir, cuando una empresa o una administración va a planificar una instalación que tiene repercusión en un entorno, pasa por una serie de trámites; si aquello se va a poder financiar o amortizar, si la zona es ideal porque existe el recurso, si se puede superar el trámite del impacto ambiental, si aquello va a afectar a la biodiversidad, el impacto estético… ¿pero y la gente? El impacto también está en la gente y por lo tanto, lo mejor es, de entrada en la fase de planificación, planificarlo todo conjuntamente, hacer un buen aterrizaje de escucha activa. Es lo que más nos gusta, pero es cierto que a menudo tenemos que hacer de bomberos.

A veces las empresas me dicen “no te llamé para esto” y yo les digo ‘sí, me llamaste para esto’

Nosotros también seleccionamos los proyectos, en según qué casos decimos “no, esto se ha hecho mal”. No somos un mago, no somos una empresa de comunicación, ni de publicidad y ni hacemos greenwashing. Creemos muchísimo en la necesaria transición energética, pero queremos que las cosas se hagan bien. Si es la empresa la que nos viene a buscar para que convenzamos a terceros, lo primero que quiero ver es que existe una auténtica voluntad, tanto de asunción de culpas como de justicia restaurativa. “Oye, sí, esto y esto lo he hecho mal y quien protesta tiene razón”. Reconocimiento y propuesta real de enmienda, y nosotros establecemos los foros de debate para intentar identificar cómo se va a corregir y llegar a unos compromisos. A veces las empresas nos dicen “oye, yo no te llamé para esto” y yo digo sí, me llamaste para esto.

P. Es decir, tu trabajo no trata de ir a un lugar a camelarse a la gente sino de llegar a acuerdos que a menudo implican cambiar el proyecto de quien te contrató.

R. Por supuesto se busca el win-win, porque si uno pretende ganar el otro va a perder, entonces el conflicto se enquistará y no se solucionará. Nuestro requisito fundamental es la neutralidad, lo cual de entrada genera recelos lógicos. Porque claro, cuando vas a un territorio, lo primero que te preguntan es “a ti quién te paga”. Bueno, si me paga la administración o si me paga una empresa lo digo abiertamente. Alguien tiene que pagar a los profesionales. Yo soy un profesional, tengo un pequeño equipo y tenemos la fortuna de poder vivir de esto, y tenemos unos honorarios como cualquier profesional. Nos tienen que pagar, pero es fundamental la neutralidad, quien me paga no me condiciona, es lo primero que digo cuando me contratan. Y si al final yo le recomiendo a la empresa una serie de prácticas y no las hacen, ya es su problema.

P. ¿Cómo describirías tu trabajo?

R. Mi trabajo es llegar y hablar con todo el mundo. Con todo el mundo. Hacer un mapa social, incluso de sentimientos o apreciaciones, para intentar buscar las raíces del conflicto.

P. ¿Cuánto tiempo te lleva esto?

R. Depende del conflicto, pero normalmente menos de un año.

P. ¿Puedes poner un ejemplo, hasta donde se pueda contar, para que los lectores se puedan hacer una idea?

R. Ahora por ejemplo tenemos un tema que nos fascina, porque también nos saca de nuestra zona de confort. Es un problema de contaminación odorífera. Nos contrata una empresa que realiza unas prácticas de economía circular, recicla residuos, una serie de materias molestas que echamos por la puerta de atrás y las convierten en activos para fertilizar y restaurar paisajes nativos. Es decir, es una actividad que entendemos que es fundamental, pero genera molestias, que sobre todo se traducen en contaminación odorífera en los núcleos de alrededor.

Varios aerogeneradores en el parque eólico de Vilachá, entre los concellos lucenses de Ourol y Muras (Carlos Castro / Europa Press)

Nosotros llegamos ahí, vimos las pancartas en el pueblo y las pintadas. Además es una conducta que llevan sufriendo desde hace unos diez años. Bueno, lo primero que hicimos es hablar con todo el mundo. Con todo el mundo. Paramos a la gente en la calle, en los restaurantes, hablamos con los grupos de empresarios, con los sindicatos, con la gente de los negocios rurales. Es decir, no vamos hablar solo con el alcalde, el de la empresa y el de la pancarta.

P. ¿Qué aporta el resto de los vecinos a la resolución del conflicto?

R. Todo el mundo tiene opinión. Si aquello huele mal, le afecta a todo el mundo. Quiero ver cómo le afecta al restaurante, al de la casa rural, al del taller de coches, al vecino, al colegio, a los niños, a la asociación cultural… a todo Dios. Entonces puedo valorar la magnitud del problema, cómo se percibe, para intentar buscar los orígenes, comprobar si se han hecho mejoras o no, hacer propuestas. También contactamos con técnicos profesionales para que hagan propuestas que sean asumibles. Queremos demostrar que hay una voluntad por parte de la empresa de mejorar. Es importante romper con las inercias.

“En los pueblos, la gente te explica agravios de hace años como si hubieran pasado ayer”

También nos encontramos a veces que los agravios perduran en el tiempo, y la gente te explica agravios como si hubieran pasado ayer, “tuvimos un episodio que no se podía oler, que era horrible” y les digo “espera, ¿pero cuando?” y aquello pasó hace diez años, pero está absolutamente presente.

P. Porque a lo mejor hace diez años la empresa tomó medidas para frenar ese hecho concreto, pero no lo comunicó ni le dio la razón a nadie, con lo cual eso se empieza a hacer leyenda en la barra del bar o en la peluquería del pueblo.

R. Y se va magnificando. Todo parece que fue ayer. Por parte de las empresas, a veces vinculadas a la industria ganadera con los purines, hay una tradición de guardar silencio sobre estos temas. Y cuando hay un vacío de conocimiento los vecinos lo llenan con lo que ahora llamaríamos las fake news, los rumores, las leyendas… yo he oído que si la empresa está tratando residuos de Creutzfeldt-Jakob, que si residuos atómicos, que si esto huele mal, imagínate lo que nos afectará a la salud, y cuando no huele seguro que es peor… la pelota se va haciendo grande, porque aquí nadie dice nada.

Es justo al contrario, vamos a hablarlo y a situarlo, porque si no, se enquista y entonces arréglalo. Es donde estamos nosotros ahora. Es un proceso fascinante, incluso sociológico. La percepción en el mundo rural es diferente si la agresión la provoca la granja de alguien del pueblo de toda la vida, o si la provoca una industria que ha venido de fuera. Toda la casuística es fascinante.

P. ¿Cómo te preparas en función de si vas a hablar con los afectados o tienes que hablar con alguien en una administración? ¿Te cambias de chaqueta, qué trabajo previo haces en cada caso?

R. De entrada lo que intentamos es conseguir toda la información posible: toda la historia del conflicto, intentar llegar todos los agentes que han intervenido, intentar conocer todos los incidentes que ha habido y la mayor parte del conocimiento técnico. Sin embargo, en este tipo de conversaciones, sobre todo con con los vecinos, lo más importante es saber gestionar los silencios. Lo más importante es la escucha. ¿Por qué? Porque la gente lleva diez años sin que nadie la escuche. Entonces yo voy a escuchar, hay una serie de informaciones que quiero obtener, pero voy sin prisas, quedo en espacios neutrales como el lugar del pueblo, la plaza, la escuela, en la calle, de manera absolutamente informal. Y por supuesto, absolutamente confidencial. Necesito que confíen en mí, que me den la información, pero no voy a decir quién me lo ha dicho.

“En este tipo de conversaciones, sobre todo con con los vecinos, lo más importante es saber gestionar los silencios”

Se trata de transmitir confianza, escucha activa y tener cierto conocimiento para poder procesar toda la información que te dan. Y claro, no es lo mismo hablar con el que tiene un restaurante, con el maestro del pueblo, con el de la pancarta, que hablar con el alcalde o con el presidente de la patronal o con el enlace sindical de la empresa.

P. También flotará en el ambiente una cierta amenaza de… o sea, si yo fuera un vecino del pueblo y me llega un desconocido, pensaría en qué momento esta persona me va a intentar comprar.

R. Sin duda. No hay tradición de mediación. Es decir, los conflictos no se resuelven. O se judicializan o se resuelven de manera violenta. Es decir, uno gana y otro pierde. Es sencillamente un baremo de poder. ¿Quién tiene más? O a veces, las plataformas acaban influyendo para que el poder político tome decisiones en función de la presión que tenga. La tradición es intentar superar los problemas, pero de manera que uno gana y otro pierde. Entonces, las corruptelas siempre están. Y normalmente también, tras este tipo de incidencias siempre hay una empresa con enormes presupuestos. Y es cierto, yo lo percibo a veces: “Este tío viene aquí a comprarnos”.

P. Lógico.

R. Nosotros dejamos claro que no es nuestra función ni encaja con nuestra filosofía de trabajo. Si una gran compañía lo que quiere es comprar favores, pues hay otro tipo de empresas para ese tipo de cosas. Pero claro, de entrada hay muchísima desconfianza.

Vista de las placas fotovoltaicas en Usagre. (A.F.)

P. ¿Cómo aterrizáis en un pueblo donde nunca habéis estado? 

R. Intentamos buscar el máximo de complicidades, tiramos de entidades locales que lleven los temas medioambientales y que nos puedan conocer. Tenemos muchos vínculos con un montón de entidades que luchan por la participación social o la lucha por el medio ambiente. Entonces “oye, tengo un proyecto en Galicia. ¿A quién tenéis en Galicia?” Empezamos a hablar con dos o tres para que hablen bien de nosotros. Porque en la primera visita, logras hablar con dos personas, pero se te niegan ocho. No pasa nada. Hablas con aquellos dos, les explicas, aquellos dos hablan bien de ti… no vamos a convencer a nadie. Solo queremos que nos reciban, presentarles el proyecto, explicarles la filosofía y en su caso, invitarles a ser parte de la solución. 

P. ¿En qué momento te diste cuenta de que esto podía ser una forma de vida? 

R. Esto nació hace tres o cuatro años. Yo soy jurista, procurador en los tribunales, tengo todavía la actividad, lo que pasa es que estoy en un partido judicial muy pequeño y llevo muy poca cosa, pero es mi experiencia profesional y donde me he ganado la vida hasta que entré en política. Al mismo tiempo, siempre he sido activista, social y medioambiental. En su momento, hace diez o 12 años, estuve en plataformas contrarias al despliegue de la eólica en mi comarca, porque se percibía así: te van a clavar al suelo unos aerogeneradores pero no te van a preguntar, ni vas a tener ningún retorno: ni energético, ni económico. Nada. Entonces yo venía también de esas luchas, pero con espíritu constructivo, buscando siempre alternativas y huyendo del nimbysmo [del inglés NIMBY, acrónimo de Not In My Backyard, es decir, gente que está a favor de algo siempre que no lo instalen en su pueblo]. 

Esto no puede ser. El proyecto, bien hecho, puede ser una buena oportunidad de desarrollo. Yo vivo desde hace 25 años en el mundo rural y este tiene déficits que vienen desde mucho antes de la llegada de las renovables; y el mundo agrario o ganadero tiene enormes crisis desde mucho antes de que llegaran las renovables. Son los problemas vinculados a la España vaciada: la despoblación, el envejecimiento, la especulación con las materias primas, la concentración de tierras, etcétera. Una serie de problemas que vienen de hace tiempo y ahora parece que se culpabiliza a los aerogeneradores. Esta pancarta que solían llevar a las tractoradas: “Los paneles solares no se comen”. Claro, no se comen, pero tu gasóil no se bebe. Entonces empecé con esto, contacté con otros compañeros de lucha y llegamos a la conclusión de que íbamos a mojarnos. En algunas plataformas esto se interpretó como una traición. 

P. Os veían como aliados de la industria de las renovables, que en algún caso suele ser también la del gasóil. 

R. No me veo como aliado de una empresa, me veo como un aliado de la transición energética, e incluso, de la democratización. La democracia no es poner una papeleta cada cuatro años para elegir al alcalde. La democracia exige un compromiso activo de participación, de opinión, de incidencia. Todo es política. Y opinar en un pueblo qué quieres que esa comunidad sea dentro de diez años —en todo, en lo social, en lo energético, en lo económico— eso es hacer política. La política transformadora, para conseguir unos objetivos, también exige unas renuncias. Esto es imprescindible, si nos encontramos en las posiciones extremas, perdemos todos. 

P. ¿Cómo encontrábais a los clientes? ¿Identificabais un conflicto e íbais a dejar vuestra tarjeta de visita? 

R. Empezamos con las renovables y las líneas de alta tensión en Cataluña, en la zona del Penedés. Nuestra actividad tiene una enorme dimensión de relaciones públicas y ese boca a oreja te lleva a que, de repente pues conozcas a alguien, y te diga “oye, ¿no podrías entrar en el conflicto de la eólica offshore en Girona y la Costa Brava?” Esto se va haciendo, te van conociendo también a través de las redes, salimos en prensa local y de repente un día me llaman desde Galicia y además por un tema que no tiene que ver con renovables. 

“Un conflicto pacífico es mucho más rentable para la empresa que una conflictividad que se prolonga en el tiempo o se judicializa” 

Por suerte o por desgracia, esta propuesta que hacemos es muy innovadora. Conflictos así ha habido desde siempre y va a haber muchos más: con el desarrollo de las renovables, con la minería, con la gestión de residuos, con las infraestructuras… o sea, va a seguir. Además a las propias empresas les interesa buscar este tipo de respuestas, constructivas y con participación ciudadana, porque esto va a la cuenta de resultados: un conflicto pacífico es mucho más rentable que una conflictividad que se prolonga en el tiempo, que se judicializa, o que a lo mejor dentro de 15 años sale una sentencia que te obliga a desmantelar, o puedes tener sabotajes o puede afectar a tu reputación. Hoy en día la reputación es fundamental y nosotros también entendemos que nuestro trabajo ayuda a dar buena reputación a las empresas, pero lo que no hacemos es greenwashing. La empresa que quiera trabajar con nosotros sabe cómo trabajamos, sabe que le vamos a obligar a procesos de escucha, que le vamos a sugerir cambios de actividad y en la manera de hacer. 

P. ¿Cómo llevan las empresas que les digáis que han hecho las cosas mal y que tienen que tomar decisiones, por ejemplo, en contra de un director del proyecto que esté acostumbrado a un cierto modus operandi? 

R. Dentro de las empresas a veces encontramos resistencia. “¿Quiénes son estos marcianos que vienen aquí y nos dicen ahora que tenemos que hablar con la gente?” Lo hemos visto. Está el director de explotación que lleva 30 años haciendo las cosas de la misma manera y está acostumbrado a que le llamen de todo, pero le da igual porque vive a 200 kilómetros de la planta. Pero aquella planta tiene trabajadores que viven en el pueblo y nosotros a menudo destapamos esto: uno de los sectores principales con quienes hablamos son los propios trabajadores de la empresa que son vecinos del pueblo. Forman parte de la generación de las molestias, pero luego cuando se van a casa y se enfrentan con sus vecinos o familiares son las principales víctimas. Viven en dos compartimentos estancos. Se encuentran la bronca en la panadería, a sus hijos les dicen algo en el cole o en el partido de fútbol los otros padres no les dirigen la palabra. Nadie piensa en estos trabajadores y son fundamentales. Sin duda, el mejor agente para solucionar el problema, porque conocen perfectamente las molestias, pero tienen interés en preservar sus puestos de trabajo y necesitan que las cosas se hagan bien. 

P. Las empresas suelen argumentar que han creando 40 puestos de trabajo y casi que deberían darles las gracias por haber elegido ese pueblo. 

R. Sí, este es uno de los antiguos argumentos: “yo creo 40 puestos de trabajo”. Fantástico, ese retorno que haces creando empleo es fundamental. Pero bueno, también a lo mejor estas malas ideas están destruyendo otros puestos de trabajo o hacen que baje la calidad de vida en el pueblo o que bajen los valores de los inmuebles. Es decir, la creación de puestos de trabajo es fundamental, pero no está por encima de otros factores. O dicen “¡no, es que pago todos mis impuestos!” Joder, pues déjalos de pagar y a ver qué te pasa, amigo. “¡Mis papeles están en regla!” Por supuesto, pero eso es obligatorio, no es una virtud o una buena práctica. 

P. Tu experiencia en política, ¿crees que te ha dado herramientas para esta labor de mediación? Tiene la virtud de que tienes que hablar con otros grupos con los que no estás de acuerdo, pero por otro lado, en política a veces se premia también el ufanarse por no ponerse de acuerdo. 

R. Mi experiencia política me ha ayudado muchísimo. Cuando fui diputado por el Grupo de Podemos estuve durante la moción de censura a Rajoy o el primer gobierno de Sánchez, pero siempre en la oposición. Aquello me ayudó mucho a romper tópicos. Puedes hablar con todo el mundo y además, personalmente, a mí con quien más me gusta hablar es con quien no estoy de acuerdo. Hablar con alguien con el que estoy de acuerdo pues bien, al final nos vamos a acabar aplaudiendo, abrazando y dándonos la razón. No me alimenta nada. 

“Personalmente, a mí con quien más me gusta hablar es con quien no estoy de acuerdo” 

Con alguien con quien no esté de acuerdo puedo construir. Cuando yo estaba en el Congreso era portavoz en justicia, en agricultura y algunas cosas en energía. Cuando llevaba allí ocho o diez propuestas tenía que negociarlo con el PP, con Ciudadanos, con el Grupo Socialista, con Esquerra… necesitaba que aquello saliera adelante, no por colgarme una medalla, sino porque detrás había un colectivo que se había reunido conmigo y había puesto sus esperanzas en obtener resultados positivos. Aritmética en mano, tenía que renunciar a algunas cosas, aquí te acepto una enmienda o esto te lo voto a favor. La última cosa que pacté, por ejemplo, sobre la regulación del etiquetaje de la miel fue una negociación absolutamente fascinante: al final salió adelante por un pacto con el Partido Popular, el Partido Socialista se abstuvo. Claro, esto lo cuentas fuera y “habéis pactado con el PP los malditos rojos comunistas”, pero fíjate, los productores artesanos de miel están encantados. Y oye, que el PP no tiene cuernos y rabo y yo no huelo a azufre. En ese sentido, la experiencia política fue maravillosa, sobre todo en las entretelas, los pasillos, el bar del Congreso… no la de cuando sales a la tribuna o cuando haces un canutazo, porque entonces coges el rol de político y vas a máximos porque no estás negociando. 

P. ¿Cuál es el caso más complicado que has logrado resolver con final feliz? 

R. Todos suelen ser casos donde todo el mundo lo ha hecho mal. Ya es un éxito conseguir sentar a gente que ni siquiera se había planteado hablar, cambiar la mentalidad de la empresa y decirle “oye, tu problema es que quieres poner el aerogenerador aquí y hay una ermita, que para ti seguramente sea fea, pero es donde cada año hacen hacen una romería, peregrinan y tienen a sus muertos enterrados, pero tú lo has decidido desde tu despacho de ingenieros y no se te ha ocurrido pensar en esto”, algo que no cuesta nada, te desbloquea una parte del conflicto y además empodera a la ciudadanía. Hemos escuchado muchas veces eso de “¡pero si en este campo no hay nada!” Pues sí, en este campo hace 80 años hubo una batalla durante la Guerra Civil, hay una fosa común y los abuelos están enterrados por ahí, y tus máquinas van a mover los huesos de esos abuelos, “¡por encima de mi cadáver!” Son cosas que en unos mapas topográficos no salen. 

P. Pero supongo que a veces también habrá que enderezar a los vecinos, no solo concederles todo lo que pidan. 

R. Claro, también hay que mediar en los movimientos reactivos. Ponerse a la contra de todo es muy fácil. Hay que conseguir que el que estaba a la contra de repente cambie el chip, incida, modifique y además exija retorno. Oye, vas a generar 50 megavatios, pero los vecinos siguen pagando la luz cara. Pues oye, ¿por qué no ayudas a hacer una comunidad energética? No es nada dentro de una inversión de 80 millones de euros. Otras veces hablo con alcaldes y me dicen “vienen y me sueltan la pasta o me pagan un polideportivo, ¡pero luego no sé qué hacer con el polideportivo en un pueblo de 150 habitantes!” O les ofrecen una orquesta para la fiesta mayor o les pagan un pickup para la brigada… no, vamos a pensar un poco. Dentro del pueblo qué quieres hacer, qué problemas tienes, que déficits tienes, incluso a nivel comarcal. 

Hablo con alcaldes y me dicen “me pagan un polideportivo, ¡pero luego no sé qué hacer con él!” 

Y estos pequeños éxitos, mover unos metros un aerogenerador o conseguir que en una planta fotovoltaica se respeten unos algarrobos o se consiga que el pastor siga utilizando aquellos campos y que las cabras pasten por debajo de las fotovoltaicas o que, de repente, se instalen una serie de hoteles de insectos para ayudar a la polinización. ¡Joder, que chorrada! Pues esas chorradas son fundamentales, parece muy sencillo pero de repente la gente hace el clic y cada vez que consigues un clic dices “hostia, que bien, cómo me gusta mi trabajo”. Además a mí me gusta mucho viajar, hablar con la gente y comer bien. Normalmente en estos sitios también se come bien y alrededor de una buena mesa también se consiguen cosas.

https://www.elconfidencial.com/economia/2024-07-05/mediador-jaume-moya-conflictos-socioecologicos_3914586/

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