El mito de la eficiencia

¿Ha oído hablar de que el  sector privado siempre hace  las cosas mejor? Nick Dowson se pregunta por qué esta idea  tiene tantos creyentes todavía.

 

https://newint.org/features/2018/05/01/the-private-sector-efficiency-myth

El mito central del neoliberalismo – “el sector privado es bueno, el sector público es malo” – persiste frente a todas las pruebas en contra.

El sector privado se presenta como mejor, más eficiente, la forma de modernizar … Sin embargo, en todo el mundo, cientos de servicios vuelven a ser de propiedad pública, lo que sugiere que la gente no está comprando la idea  sobre una mayor eficiencia del sector privado.

Incluso los forofos  del capitalismo global han admitido dudas. He aquí un documento político de 2004  del Fondo Monetario Internacional: “Si bien hay una extensa literatura sobre [la eficiencia relativa del sector privado], la teoría es ambigua y la evidencia empírica es mixta.” O el Banco Mundial, que limpia y llanamente nos vino a decir que “la privatización per se no garantiza un mejor rendimiento”.

Los metaestudios a gran escala han llegado a conclusiones similares: “la evidencia no muestra diferencias significativas en la eficiencia en los servicios públicos entre las empresas públicas y privadas”.

Como señala el investigador David Hall, esto es particularmente sorprendente porque estos estudios han sido llevados a cabo por economistas que esperan confirmar un argumento teórico de que la privatización es intrínsecamente más eficiente.

Algunas investigaciones incluso han demostrado que los servicios privatizados funcionan peor, incluido uno de los más grandes, cuyos autores incluyen al ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz.

Incluso de acuerdo con la teoría económica ortodoxa, la idea de que el sector privado puede hacer más por menos se aplica solo en un conjunto limitado de circunstancias. Donde existe una competencia perfecta entre las empresas del sector privado, el argumento es válido, ya que esta les obligará a proporcionar mejores servicios a un costo menor, y los que no compiten con éxito  haciéndose más eficientes fracasarán, lo que contribuirá a una mayor eficiencia en general.

Nos encontramos con  dos problemas inmediatos.  Con frecuencia, no solo es que falte la competencia: algunos servicios son ‘monopolios naturales’ en los que  simplemente tiene sentido que una compañía administre todo el servicio, sino  la idea de cerrar empresas ineficientes a menudo es inaceptable. No se puede simplemente cerrar un hospital o un servicio de ambulancias porque la teoría del mercado lo exige. Y cuando las empresas subcontratadas  -o incluso los bancos, en este caso- fracasan, el estado se ve obligado a recoger los trozos. Un buen ejemplo es la reciente quiebra en Gran Bretaña de la superempresa de multiservicios Carillion, que podría dejar  déficits y costes de  pensiones en el sector público por más de $ 1,39 mil millones.

Facturas, facturas, facturas

Luego hay toda una gama de ineficiencias adicionales -descritas en la teoría económica como “costos de transacción” – que surgen de la subcontratación: una burocracia del mercado que crea mucho de lo que el antropólogo David Graeber llama “trabajos de mierda”, necesarios para elaborar contratos, monitorearlos y hacerlos cumplir, atajar el fraude y librar batallas legales sobre qué compañía  consigue su parte del pastel público.

La asistencia sanitaria es un ejemplo extremo: los EE. UU., Que tienen un sistema altamente mercantilizado, gastan en asistencia sanitaria aproximadamente el doble con respecto al PIB en comparación con muchos sistemas provistos públicamente, mientras que a muchas personas se les niega la atención frente a condiciones que amenazan la vida. Los estudios en países menos desarrollados económicamente también han demostrado que los proveedores de servicios de salud con fines de lucro son menos eficientes.

Otra razón del aumento de los costos es que las empresas privadas necesitan extraer ganancias. Desde que Bolivia nacionalizó su fondo de pensiones en 2006, el gobierno ha podido redirigir $ 500 millones a jubilados bolivianos que de otro modo habrían ido a inversionistas privados.

Ejemplos de fallos en el servicio del sector privado se pueden encontrar en todo el mundo.

Se han acumulado enormes deudas bajo el modelo de Iniciativa de Financiamiento Privado (también conocida como Sociedad Público Privada), en las que  las empresas privadas utilizan préstamos privados para financiar la construcción de infraestructuras públicas y luego la alquilan al gobierno durante un largo período (a menudo 20 años o Más). El modelo se ha exportado a todo el mundo justo después  de que  muchas fundaciones  hospitalarias del Reino Unido hayan terminado con  enormes cantidades de deuda. En Lesotho, más de la mitad del presupuesto de salud del país se destina al pago del consorcio privado que construyó un solo hospital en la capital del país.

En Bolivia, la privatización del agua vino seguida rápidamente por un aumento de tarifas del 33 por ciento, desencadenando las famosas “guerras del agua” del país.

Un área donde el sector privado se las arregla para ser eficiente es en la reducción de los costos laborales y la pérdida de puestos de trabajo. Pero esto simplemente hace que los empleados trabajen más por menos dinero y tiene un impacto en la calidad del servicio

Más allá de contar de judías

Bajo la propiedad pública, los servicios pueden beneficiarse de eficiencias de escala. Cuando París remunicipalización su suministro de agua en 2010, pudo ahorrar $ 2.45 millones anuales mediante una mejor coordinación y reducir los precios en un ocho por ciento, al tiempo que aumentó la participación democrática del personal, los usuarios y las organizaciones locales sin fines de lucro.

El municipio también  trabaja con agricultores locales en cuencas hidrográficas para disminuir el uso de pesticidas. Cuando se liberan de la presión por las ganancias, los servicios también pueden beneficiarse de un espíritu de colaboración  y  confianza entre los empleados, en lugar de una cultura de objetivos.

También nos encontramos  cuestiones más amplias a la hora de analizar la eficacia de los servicios. ¿Se proveen donde más se necesitan, a los más necesitados? ¿Ofrecen empleos satisfactorios y un nivel de vida decente y a la vez protegen el medioambiente? “En términos de temas  de sostenibilidad, reducir los residuos y la ineficiencia energética, también son  una gestión eficiente”, dice Satoko Kishimoto, investigador del Transnational Institute y uno de los autores del reciente libro Reclaiming Public Services.

Incluso en términos de  “eficiencia definida estrictamente, es decir, dinero, la propiedad pública a menudo es más eficiente que la privada”, dice Kishimoto. “Pero si se considera una significado  más amplio de eficiencia, la eficiencia social, también el sector público tiene una ventaja mucho mayor que el sector privado”.

Una de las historias más remarcables proviene de Alemania, donde más de 280 empresas de servicios públicos del sector energético han pasado a ser propiedad pública como parte de la “Energiewende” (transición energética) del país, un esfuerzo concertado para pasar rápidamente a un sistema de energías renovables.

Los ciudadanos de Hamburgo se han movilizado  tanto por las cuestiones financieras como medioambientales y se han reivindicado: dos años después de un referéndum para remunicipalizar la red energética de la ciudad, habían conseguido llevar a la línea eléctrica  23MW de energía eólica y solar, suficiente para abastecer a alrededor de 15,000 hogares. Para los votantes de Hamburgo, el caso de la propiedad pública fue sencillo. “Porque”, como decía el lema de los activistas, “vale la pena”.

Traducción Neus Casajuana

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