2050: Cómo hacer prosperar a la humanidad y a la naturaleza

Es posible revolucionar la relación de la humanidad con la naturaleza y evitar una catástrofe ambiental. Margarita Mediavilla* sueña con una visión de cómo sería un futuro sostenible.

Margarita Mediavilla , 20/02/2020

Es fácil encontrar visiones catastróficas del futuro en la literatura científica sobre el cambio climático. Como respuesta a estos pronósticos pesimistas, está apareciendo un conjunto de visiones positivas de un futuro en el que la humanidad ha reaccionado bien a los desafíos ambientales, con el propósito de inspirar nuestra imaginación colectiva hacia soluciones positivas.

Este ejercicio de imaginación es crucial. “La Utopía se encuentra en el horizonte. Cuando me acerco dos pasos, retrocede dos pasos”, observó el célebre escritor uruguayo Eduardo Galeano. “¿Cuál es, entonces, el propósito de la Utopía? Es para hacernos avanzar “.

Un ejemplo reciente de esta narración visionaria apareció en The Guardian, uno de los autores es nada menos que Christiana Figueres, la ex secretaria ejecutiva de la Convención sobre el Cambio Climático de la ONU.

En muchos niveles, este ejercicio de pensamiento presenta una visión atractiva e incluso idílica: los árboles cubren un sorprendente 50% de la superficie terrestre del mundo, la agricultura se ha vuelto amigable con la biodiversidad y la quema de combustibles fósiles es cosa del pasado.

Sin embargo, en una realidad en la que nuestros bosques vírgenes están desapareciendo rápidamente, esta visión habla de plantar miles de millones de árboles nuevos sin explicar cómo puede detenerse y revertirse la deforestación masiva que está experimentando el mundo.

Más allá de los árboles, esta visión exhibe esa variedad de optimismo perenne de que la tecnología puede salvar la situación. “La mayor parte de nuestra energía ahora proviene de fuentes renovables, como la eólica, solar, geotérmica e hidráulica”, explican los autores, ignorando el hecho de que la energía hidroeléctrica también puede ser devastadorapara el medio ambiente y las comunidades que viven en la zona.

Si bien las redes de distribución descentralizadas y las tecnologías de energía renovable son caminos prometedores, el suministro global finito de numerosos minerales vitales y necesarios para fabricar la infraestructura de energía renovable puede no ser suficiente, y el impacto de la minería puede ser devastador para muchas partes del planeta, como lo demuestra nuestra investigación. La energía renovable solo puede ser una parte de la solución y debe combinarse con suficiencia, en lugar de con crecimiento.

Visualizando el futuro

Dadas estas deficiencias, honestamente creo que la humanidad debe desarrollar visiones mucho más ambiciosas de cómo podría ser un futuro verdaderamente sostenible. Estas visiones no pueden basarse únicamente en la innovación tecnológica y los cambios en el estilo de vida. Deben abordar los problemas centrales de nuestras estructuras sociales, nuestros sistemas económicos, nuestra política y nuestros valores.

El proyecto LOCOMOTION, en el que estoy involucrada, nació como un intento de desarrollar herramientas científicas que nos permitan visualizar las diferentes vías hacia un futuro sostenible. Desafortunadamente, el modelado es una actividad lenta y laboriosa, y nuestros escenarios no están aún preparados.
En contraste, la imaginación es mucho más rápida. En base a lo que ya hemos aprendido de nuestra investigación previa, podemos imaginar muchas cosas que podrían hacer una sociedad mucho más sostenible que la mayoría de las alternativas propuestas actualmente.

Visión alternativa

En 2050, el objetivo principal de nuestras economías ha pasado de maximizar el crecimiento del producto interior bruto (PIB) a la maximización del bienestar humano dentro de los límites de la sostenibilidad. El bienestar humano ahora se mide por un espectro de indicadores ambientales y de calidad de vida, que incluyen satisfacción, salud, bienestar, solidaridad, huella ecológica, retorno de la inversión energética, tasa de reciclaje de tecnología y conservación del capital natural.

En las décadas previas a 2050, los límites del crecimiento económico continuo se debatieron ampliamente en los debates políticos y esto permitió un gran cambio cultural. Los gobiernos emprendieron ambiciosas campañas de sensibilización para garantizar que cada empresa, trabajador, familia y agricultor pensara en las posibilidades de ahorro de energía en sus actividades diarias. Vivir en armonía con la naturaleza y tener estilos de vida de abundancia austera se han convertido en símbolos de estatus social.

Se impusieron fuertes impuestos a la energía y las actividades más perjudiciales para la biosfera. Pero, al mismo tiempo, se garantizaban formas sostenibles de satisfacer las necesidades materiales de los ciudadanos a cada persona a través de medidas como una renta básica universal. Los impuestos y otras políticas ayudaron a alejar la economía de las actividades intensivas en recursos y capital hacia aquellas que proporcionaban el máximo empleo con el menor gasto de energía. Esto resultó no solo ser rentable para las personas y el planeta, sino que ayudó a reducir las enormes desigualdades de las dos primeras décadas del siglo XXI.
Para facilitar la transición energética, las corporaciones reinventaron sus procesos de producción. Repensaron todas las actividades industriales para hacerlas más eficientes energéticamente e incorporar el reciclaje total de minerales y el uso directo del calor solar.

Los frutos de la sostenibilidad.

En 2050, la agricultura se transformó por completo del modelo industrial en boga durante el siglo XX y principios del siglo XXI hacia técnicas ecológicas, regenerativas y locales. Los enormes ahorros que generó esta política a lo largo de la cadena de producción de alimentos se invirtieron en la investigación de técnicas ecológicas innovadoras que terminaron siendo mucho más eficientes que los métodos de antaño basados en productos químicos. Además, la agricultura sin labranza y el pastoreo holístico planeado ayudaron a revertir la desertificación y la erosión del suelo en muchas regiones del planeta.

La preocupación por el impacto ético, sanitario y ambiental de la cría industrial de ganado ha llevado a un cambio a gran escala hacia el vegetarianismo, el veganismo o las dietas en las que la carne era un placer, no un alimento básico. El cambio de la demanda de carne en cantidad al despliegue de técnicas de cría de ganado sostenibles y holísticas. Además, la caída concomitante en la demanda de harina de soja para alimentación animal y tierras de pastoreo condujo a la restauración de vastas extensiones de selva tropical y aumentó la cantidad de alimentos disponibles en los países empobrecidos.

La agricultura ya no es solo un asunto rural. Como ocurrió en muchos países pobres en el pasado, la agricultura urbana y periurbana logró satisfacer una gran parte de las necesidades alimentarias de las ciudades y crear numerosos empleos. Esto compensó la pérdida de empleos causada por la quiebra de grupos empresariales vinculados a la industria y el automóvil

La regeneración del suelo y la relocalización de la producción de alimentos han ayudado a vencer la desnutrición y la pobreza extrema en los países más pobres.

Motores de cambio urbano.

Después de una creciente conciencia de que la era del automóvil privado había hecho más daño que beneficio, las ciudades de todo el mundo han prohibido los automóviles privados en sus calles, reemplazándolos con transporte público de alta calidad y una amplia gama de vehículos ligeros, tanto mecánicos como eléctricos. Los atascos no solo son cosa del pasado, sino que la calidad del aire ha mejorado infinitamente.

Se ha alentado a la migración a ciudades y pueblos medianos como una forma de reducir el tiempo de transporte y el consumo de energía.

El estado subsidió la conversión de todo el estoc de viviendas para maximizar la eficiencia energética de todos los edificios. Los techos y fachadas de las casas están cubiertos de placas solares para calefacción, agua caliente, cocina y electricidad.

El tratamiento de residuos se ha vuelto completamente orgánico. Los jardines urbanos reciclan el desperdicio de alimentos, mientras que las aguas residuales se tratan con filtros verdes. Los desechos plásticos se han eliminado con fuertes impuestos sobre el uso de contenedores no reutilizables y la aplicación de políticas duras de separación de desechos.

Ciencia sostenible

La investigación y el desarrollo se centran en crear tecnologías sostenibles, alargando la vida útil de los dispositivos electrónicos y maximizando el reciclaje de los minerales utilizados en su fabricación. Cada gramo de mineral se controla para garantizar su reciclaje y se utiliza para las generaciones futuras.

Se han establecido proyectos de investigación globales para investigar soluciones a los mayores desafíos a que se enfrenta la humanidad: la ecologización del planeta, la adaptación al cambio climático, la protección de la biodiversidad, el reciclaje de minerales clave, el reemplazo de compuestos tóxicos, la recuperación de la pesca, la conservación del agua, etc. La población humana ya ha alcanzado su punto máximo y está comenzando a establecerse a un nivel más sostenible, mientras que la agricultura orgánica y el cambio hacia una dieta más basada en vegetales ha aumentado la cantidad de animales, plantas y vida silvestre en todo el planeta. La biodiversidad se está recuperando gradualmente de la amenaza existencial planteada por la Sexta Gran Extinción.

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*Margarita Mediavilla es doctora en Ciencias Físicas por la Universidad de Valladolid (España) y es profesora asociada de ingeniería y automatización de sistemas en la Escuela de Ingeniería Industrial. También es muy activa en la sensibilización sobre los límites del crecimiento económico, participando en todo tipo de publicaciones y conferencias en el mundo de habla hispana. Su blog personal es Habas Contadas

https://meta.eeb.org/2020/02/20/2050-how-to-make-humanity-and-nature-thrive/

Traducción: Isabel Palomera

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